Más que una dilación administrativa, la no inscripción de Michelle Bachelet ante la Secretaría General de la Organización de las Naciones Unidas responde hoy a una decisión política cuidadosamente calibrada en La Moneda. En el Ejecutivo asumen que formalizar la candidatura sin certezas internas ni externas podría debilitar, y no fortalecer, las opciones de la exmandataria en una carrera altamente sensible al clima geopolítico.
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Aunque el Presidente Gabriel Boric anunció su respaldo en Naciones Unidas y la Cancillería ya activó recursos y gestiones preliminares, el gobierno ha optado por ganar tiempo. La apuesta es leer con mayor precisión tres variables clave antes de dar el paso definitivo.
EL FACTOR KAST
El primer elemento es la definición del Presidente electo José Antonio Kast. En Palacio consideran que una candidatura de Estado, como la de la exjefa de ONU Mujeres y del Alto Comisionado de DD.HH., gana peso si cuenta con apoyo transversal. Kast, sin embargo, ha decidido postergar su pronunciamiento hasta después del 11 de marzo, cuando asuma el poder. Ese compás de espera condiciona el calendario: inscribir ahora podría forzar un gesto que el próximo gobierno aún no está dispuesto a hacer.
UN TABLERO INTERNACIONAL EN MOVIMIENTO
El segundo factor es el escenario global. La ofensiva regional de Donald Trump y la reconfiguración de alianzas han vuelto más impredecible la elección del próximo secretario general, hoy liderada formalmente por el argentino Rafael Grossi, cercano al gobierno de Javier Milei. En este contexto, el Ejecutivo evalúa si conviene entrar antes al ruedo o esperar una ventana más favorable que permita capitalizar mejor el prestigio internacional de Bachelet frente a un entorno más polarizado.
LA DECISIÓN PERSONAL DE BACHELET
El tercer elemento es la propia reflexión de la exmandataria. En su entorno transmiten que Bachelet sigue en “modo campaña”, reactivará viajes a fines de enero y no ha considerado retirar su nombre. Pero también pondera desde dónde puede incidir con mayor eficacia en la contención del auge de la nueva derecha global: si desde la cúspide del multilateralismo o desde otros espacios de influencia internacional.
SEÑALES MIXTAS, LECTURAS CRUZADAS
Mientras en La Moneda apuestan a que Kast termine respaldando la nominación, idealmente con un canciller de perfil moderado, en el entorno de Bachelet sostienen que la definición corresponde exclusivamente al gobierno saliente. Esa diferencia de miradas explica la cautela: nadie quiere que una candidatura de alto perfil nazca marcada por la incertidumbre interna.
En paralelo, el despliegue internacional continúa. Desde la apertura del proceso de inscripciones en noviembre, Bachelet ha sostenido reuniones con países clave, incluido el Consejo de Seguridad en Nueva York, acompañada por la embajadora Paula Narváez, cuya salida anticipada para asumir un cargo en el UNFPA fue leída con aprensión por algunos sectores, pero defendida por el Ejecutivo como una práctica habitual en los cambios de mando.
UNA CANDIDATURA LISTA, PERO NO LANZADA
Si el Ejecutivo decide formalizar la inscripción en las próximas semanas, deberá presentar ante la ONU el vision statement trabajado en Cancillería, donde se delinean el perfil y las prioridades de Bachelet para liderar el organismo que hoy encabeza António Guterres.
Por ahora, la candidatura existe, se mueve y se proyecta, pero permanece deliberadamente en suspenso. No por falta de convicción, sino porque en el gobierno estiman que, en política exterior, el momento puede ser tan decisivo como el nombre.
🇺🇳 | «El mundo está preparado» señaló la presidenta @mbachelet respecto de la posibilidad de que una mujer lidere el máximo organismo multilateral del mundo: las Naciones Unidas.
Ante ello, destacó que «las mujeres pueden traer otras características, otro tipo de liderazgos que… pic.twitter.com/YkW0J7gv1t
— Legado Michelle Bachelet 🇨🇱 (@LegadoBachelet) December 24, 2025







