La negociación para definir la próxima mesa del Senado entró en una fase de tensión política, luego de que los partidos del oficialismo rechazaran la propuesta de la derecha que buscaba asegurar tres de los cuatro años de presidencia de la corporación. El desacuerdo amenaza con complicar la opción de la senadora Paulina Núñez (RN), quien aparece como la principal carta del bloque opositor para encabezar la Cámara Alta a partir del 11 de marzo.
El debate se produce en un contexto de equilibrio de fuerzas en el Senado, donde ninguna coalición cuenta con una mayoría clara. Sin embargo, los partidos que respaldaron la elección presidencial de José Antonio Kast intentaron construir una mayoría ajustada junto a independientes para negociar desde una posición de ventaja.
PROPUESTA DE CONTROL MAYORITARIO
En ese escenario, la derecha propuso un esquema de rotación que le permitiría controlar la presidencia del Senado durante tres de los próximos cuatro años, fórmula bautizada como 3×1.
Bajo ese diseño, el oficialismo, integrado por el PS, PPD, DC, Frente Amplio, PC y la Federación Regionalista Verde Social, accedería solo a un año en la conducción de la corporación.
El plan buscaba garantizar que la derecha encabezara la mesa durante el primer año del futuro gobierno de Kast, considerado clave para ordenar la agenda legislativa y facilitar la instalación del nuevo Ejecutivo.
NÚÑEZ TOMA VENTAJA EN LA CARRERA
Dentro de la oposición, la senadora Paulina Núñez (RN) se posicionó como la figura con mayores posibilidades de asumir la presidencia del Senado. Su nombre fue respaldado por su bancada y, además, recibió un impulso luego de que el senador Manuel José Ossandón (RN) desistiera de competir por el cargo.
Según el esquema que impulsa la derecha, el segundo año de presidencia, entre 2027 y 2028, recaería en el senador Javier Macaya (UDI). Posteriormente, el tercer período sería cedido al Socialismo Democrático, donde el PS tendría la primera opción por ser la segunda bancada más numerosa de la Cámara Alta.
El cuarto año volvería a manos de la derecha, con posibles nombres como Luciano Cruz-Coke (Evópoli), el propio Ossandón o un representante del Partido Republicano.
RECHAZO DEL OFICIALISMO
Sin embargo, el oficialismo cuestionó duramente la propuesta, al considerar que el esquema no refleja el equilibrio político que dejaron las elecciones parlamentarias.
El senador y presidente del PPD, Jaime Quintana, sostuvo que la fórmula 3×1 distorsiona la correlación real de fuerzas. A su juicio, el resultado electoral dejó un Senado empatado, por lo que un reparto de tres presidencias para la derecha sería desproporcionado.
En la misma línea, el senador Gastón Saavedra (PS) afirmó que su sector busca un acuerdo “equilibrado” que permita al Senado cumplir un rol institucional durante el próximo gobierno, y calificó la propuesta como un intento de concentrar poder en la mesa de la corporación.
MAYORÍA AÚN INCIERTA
El rechazo del oficialismo dejó la negociación en punto muerto, obligando a la derecha a evaluar una nueva oferta o a intentar asegurar votos entre los independientes.
Ese escenario tampoco está garantizado. Aunque inicialmente se proyectaba que la oposición podría reunir 27 de los 50 votos del Senado, ese cálculo se debilitó luego de que el senador Alejandro Kusanovic advirtiera que no respaldará la candidatura del bloque. Además, aún no se conoce la posición definitiva de Matías Walker, Miguel Ángel Calisto y Vanessa Kaiser.
Con este panorama, la elección de la mesa del Senado, que se resolverá el 11 de marzo, antes del cambio de mando presidencial, se perfila como una de las primeras pruebas de fuerza política del nuevo ciclo legislativo.







