En estos días hemos visto cómo actúan ediles de ambos bandos que están siendo cuestionados. La forma de reaccionar nos dice mucho de la coyuntura política por la que atravesamos y como se prefigura el porvenir.
Por una parte, la alcaldesa de Las Condes, Daniela Peñaloza, anuncia que no irá a la reelección, por otra, Daniel Jadue se defiende denunciando un tráfico de influencias «que vienen de otros sectores, que supuestamente son aliados».
Peñaloza es un caso de liderazgo delegado, su mentor, Joaquín Lavín, la escogió como su sucesora al embarcarse en su última campaña presidencial. Habría necesitado mucho tiempo para consolidarse en su puesto y las denuncias con tratamiento judicial que fue sumando lo hicieron imposible.
Por eso, cuando Peñaloza declaró que iría a la «reelección sí o sí», no se sustentaba en nada sólido. Cuando la directiva de la UDI vio que sostenerla no tenía destino, al aparecer competencia en la misma derecha, entonces preparó una salida que fuera lo menos traumática.
La renuncia a repostular fue preparada entre el presidente gremialista, Javier Macaya, y la misma alcaldesa. Lo que hicieron fue concentrarse en la puesta en escena que oficializaría el paso. Lo cierto es que Peñaloza no se bajó, la bajaron, aunque usando los mejores modales posibles.
Más allá de la comuna, este desenlace permite a Chile Vamos negociar en conjunto el tratamiento que le darán a la candidatura de Marcela Cubillos que, en su calidad de independiente, amenaza romper los acuerdos del sector.
El caso de Jadue es diametralmente opuesto. Su liderazgo es propio, trasciende la comuna al haber sido candidato presidencial y no puede presentarse de nuevo al cargo por el límite legal a la reelección. Es él quien está dejando un liderazgo delegado en Recoleta en una persona de su confianza. Está en su terreno.
¿En qué se parecen ambos casos? En que se trata de un problema de probidad, con efectos legales y que tienen implicaciones políticas amplias. ¿En qué se diferencian? En que uno es una líder débil dependiente de un conglomerado fuerte y el otro es un líder fuerte que enfrenta a un conglomerado oficialista.
El estilo de Jadue consiste en defenderse atacando. Desestima las acusaciones en su contra y considera que las diligencias se han apurado por factores políticos, cuyos autores no son solo de derecha, sino que del Frente Amplio.
El alcalde de Recoleta se comunica con el PC para recibir apoyo, pero no para recibir instrucciones ni para coordinar sus acciones. Lo que hace es arrastrar a su partido a un enfrentamiento con el FA, asegurándose, de paso, como carta presidencial en un ambiente polarizado al que se amolda con comodidad.
Chile Vamos gana al proponer un liderazgo independiente que lo represente, con lo que consolida la disciplina en la derecha. La izquierda no tiene nada que ganar al enfrentarse entre sus referentes principales.
La derecha elimina un problema mediante una solución colectiva; la izquierda agrega un problema al sumar un conflicto entre socios, lo consigue mediante el más individualista de los procedimientos. Peñaloza se inmoló, Jadue quiere quemar a otros en la hoguera. Adivine quién gana con estos episodios.





