La polémica por el almuerzo del presidente José Antonio Kast con excompañeros en el Palacio de La Moneda continúa escalando, luego de que la ministra Sedini evitara confirmar si la actividad se financió con recursos públicos y optara por una respuesta institucional que no despeja las dudas de fondo.
“Vamos a responder en tiempo y forma, dando todos los antecedentes necesarios”, afirmó la autoridad, quien insistió en que entregará la información a través de los canales formales.
Sin embargo, su negativa a aclarar directamente el financiamiento del encuentro dejó abierta la principal interrogante: si se utilizaron o no recursos del Estado en una actividad de carácter privado.
FALTA DE CLARIDAD Y CUESTIONAMIENTOS POLÍTICOS
La diputada Francisca Bello cuestionó duramente la situación, apuntando a una “desconexión” con la ciudadanía en medio de un contexto marcado por demandas sociales urgentes.
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A su juicio, el problema no se limita al gesto simbólico de realizar un almuerzo en dependencias presidenciales, sino a la sospecha de que su organización implicó costos asociados al funcionamiento del aparato estatal: personal, servicios y uso de infraestructura pública.
REQUERIMIENTO ANTE CONTRALORÍA
En paralelo, los diputados socialistas han elevado el tono. El parlamentario Daniel Manouchehri confirmó la presentación de un requerimiento ante la Contraloría General de la República de Chile para investigar el eventual uso indebido de recursos públicos.
“El presidente tiene derecho a reunirse con sus compañeros, pero no a utilizar recursos del Estado para eventos privados”, afirmó, subrayando que lo ocurrido podría constituir una irregularidad si se comprueba financiamiento público.
En la misma línea, el diputado Nelson Venegas advirtió una contradicción política relevante: mientras el gobierno promueve austeridad en áreas sensibles como salud, educación y seguridad, se realizan actividades que podrían involucrar gastos estatales sin justificación pública.
MÁS ALLÁ DEL ALMUERZO: UNA SEÑAL POLÍTICA
El debate trasciende el hecho puntual y apunta al estándar de probidad en el uso de espacios y recursos fiscales. La crítica central radica en que la ausencia de respuestas claras erosiona la confianza pública, especialmente cuando se trata de actividades sin carácter oficial.
La decisión del gobierno de postergar la entrega de antecedentes, en lugar de transparentarlos de inmediato, ha intensificado las dudas sobre el evento. En un escenario donde la ciudadanía exige mayor rendición de cuentas, el manejo comunicacional del caso podría tener costos políticos mayores que la propia actividad.
¿Para eso quería vivir en Palacio de La Moneda? Para recibir amigos con tartar, vino y plateada como si fuera su casa privada, mientras el país enfrenta problemas urgentes.
Lo más grave no es solo la señal de desconexión: es la sospecha evidente de uso de recursos públicos.…
— Francisca Bello C (@mfranbello) April 13, 2026






