A días del cambio de mando, la senadora Yasna Provoste realizó una evaluación crítica del gobierno del presidente Gabriel Boric, pero al mismo tiempo delineó el rol que, a su juicio, deberá asumir la oposición en el próximo periodo encabezado por José Antonio Kast.
En entrevista con El Mercurio, la parlamentaria sostuvo que la actual administración arrastró un “problema de origen” que nunca logró revertir: la derrota en el plebiscito constitucional de 2022. Según afirmó, ese resultado condicionó el diseño inicial del Ejecutivo y obligó a una reconfiguración política que, a su juicio, no consiguió consolidar un proyecto país con respaldo mayoritario.
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Provoste planteó que los tres años posteriores fueron un intento por administrar ese revés, con ajustes en el gabinete y en la conducción política, pero sin lograr, según dijo, articular una alianza con fuerza suficiente para liderar un programa sólido y una gestión eficaz.
Si bien reconoció avances en materias como la reforma previsional y la ley de 40 horas, su balance general fue severo. La senadora describió la administración como “improvisadora, poco efectiva y poco transparente”, apuntando a una serie de episodios que, según su mirada, debilitaron la credibilidad del gobierno.
Entre ellos mencionó la fallida visita de la entonces ministra Izkia Siches a Temucuicui, la polémica por los balones de gas rosados, la frustrada compra de la casa del expresidente Salvador Allende, el denominado “caso Fundaciones” y las controversias en torno al cable con China.
DESCENTRALIZACIÓN Y EDUCACIÓN, LOS PENDIENTES
Más allá de las polémicas, Provoste enfatizó que los mayores déficits del periodo estuvieron en la agenda de descentralización y en educación. A su juicio, el impulso regional quedó relegado y no logró consolidarse como una política estructural, mientras que el sistema educativo deja “sabores amargos” al cierre del mandato.
EL ROL FRENTE A KAST
Con la mirada puesta en el próximo gobierno, la senadora sostuvo que Chile necesita acuerdos amplios que permitan impulsar una estrategia de desarrollo que trascienda los ciclos presidenciales, comparable, según indicó, a lo que fue la política de apertura comercial como política de Estado.
En esa línea, manifestó disposición a contribuir desde el Congreso, pero subrayó que la oposición deberá ser “más seria y más flexible”, combinando apertura al diálogo con cautela en la defensa de los derechos sociales y los principios democráticos.
De esta forma, el cierre del ciclo de Boric no solo deja un balance crítico desde la Democracia Cristiana, sino que también instala una definición estratégica sobre cómo se posicionará ese sector ante la administración entrante.







