Política

Una elección de doble frontera Por Víctor Maldonado R.

Víctor Maldonado R. Sociólogo

Licenciado en Sociología y Magíster en Ciencias Políticas, ambas de la Universidad de Chile.

Kast entrevistas
Foto: Agencia UNO
En el debate entre la centroizquierda y la centroderecha debe tener cabida un país que se construye entre ambos, bajo el liderazgo que las elecciones democráticas escogen, pero que no excluirá al otro de los acuerdos.

La forma en que enfocará la campaña presidencial el Partido Republicano va a requerir una respuesta del conjunto de los actores, incluida la centroderecha.

La estrategia explícitamente reconocida de este partido consiste en hacer del tema de la seguridad el eje sobre el cual gire todo lo demás. Es un esfuerzo por simplificar al máximo la discusión política, pero no es una manera burda, sino apropiada de dejar solo dos opciones polarizadas, al costo que sea.

No se puede simplificar al máximo el debate sin hacer un esfuerzo muy grande por evitar los matices tan propios del diálogo democrático. Esta directriz será aplicada con la mayor disciplina por una organización política. Si funciona, los demás parecerán hablar vaguedades poco interesantes.

Sorprendentemente, republicanos exigirá de los demás que reconozcan que sus planteamientos son profundos, aplicables y sólidos.

Los mundos binarios son mundos autoritarios, la centroizquierda no puede seguir a republicanos en una simplificación de otro corte porque, entonces, igual le hará el juego adoptando su lógica. La orientación ha de consistir en escoger un conjunto reducido de temas en los cuales mostrar la diferencia de enfoques.

No se puede permitir dos errores que faciliten la polarización del debate nacional: no se ha de dar seguimiento a una diversificación extrema de temáticas tomadas al azar y, sobre todo, no se puede tener una falta constante de disciplina en las propias filas. Las que se deben confrontar son estrategias de equipo.

El debate no es hacia adentro, sino con la derecha dura, pero no en sus términos porque quien pone los términos del debate lo gana, aún antes de que se inicie.

Lo que los partidos que ya están en diálogo en la centroizquierda deben debatir es una hoja de ruta prioritaria que les permita mantener el foco en lo que les interesa, no en lo que le pongan por delante como señuelo.

Este tipo de agenda es siempre pensando en el mediano y largo plazo, no solo en aquello que acaba de pasar. La agenda se debe llenar de contenido no de tópicos porque si esto ocurre, se habla mucho y se dice poco.

Es una agenda que debe concordarse también con la derecha moderada porque el ambiente de diálogo se hace en colaboración con otros dialogantes. Será esto lo que permitirá que la democracia respire en medio de un ataque que le llega desde los bordes, desde aquellos que usan las reglas y desconocen su espíritu.

Republicanos podrá ganar o podrá perder la elección presidencial, lo que no perderá es el propósito de imponerse a los demás por considerar que ellos están en lo correcto y los demás tienen la característica de que logran equivocarse.

En el debate entre la centroizquierda y la centroderecha debe tener cabida un país que se construye entre ambos, bajo el liderazgo que las elecciones democráticas escogen, pero que no excluirá al otro de los acuerdos.

Vamos a una elección de doble frontera. No todos se enfrentarán siempre del mismo modo en el mismo bando y con los mismos propósitos. El entendimiento básico de los demócratas para sostener la convivencia democrática también es necesario y eso agrupa en una frontera distinta. Las alianzas de los demócratas deben ser cruzadas para que tengan sentido que las diferencias se debatan.

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