Chimbarongo: República del Mimbre se titula un extenso reportaje de nuestro columnista e investigador Tebni Pino Saavedra. Este extraordinario trabajo fue creado y publicado en la prestigiosa Revista Quinchamalí. Detalle no menor es que este trabajo ha sido destacado por el Departamento de Cultura de la Universidad del Bío Bio.
Nos permitimos reproducir los primeros párrafos que dan cuenta de la crónica de Pino Saavedra, de la Revista Quinchamalí N° 28:
«Abrimos el presente número con una visita a la «República del Mimbre» de Chimbarongo, que teníamos agendada desde hace bastante tiempo, pero que estaba pendiente porque no habíamos encontrado un cronista a la altura de esa «misión diplomática». Después de haber publicado en Quinchamalí 27 la crónica sobre Doñihue y sus famosos chamantos, nos dijimos: «aquí está el cronista que Chimbarongo merece: Tebni Pino».
Nos alegra ofrecerle este regalo periodístico de un cronista talentoso y experimentado que supo ver
con ojo grande tanta maestría aplicada a estas nobles varillas de nuestros campos. Parece mentira todo lo que puede hacerse acumulando experiencias a través de sucesivas generaciones. Nuestra revista solo muestra unas cuantas postales de esta «República del Mimbre» y tiene la certeza de que quienes no la conocen no se resistirán al ver estas páginas y viajarán a Chimbarongo para admirar y llevarse unas cuantas joyas que salen de las manos de artesanos que despiertan tremenda admiración».
Sin más preámbulo, Vamos con la crónica:
Chimbarongo: República del Mimbre
Localizado a poco más de 150 km. al sur de Santiago y en pleno corazón de la provincia de Colchagua, en la Región de O´Higgins, Chimbarongo se ha caracterizado desde el siglo 17 como la ciudad más importante del país en la confección de muebles y ornamentos de mimbre. Con poco más de 38 mil habitantes, hoy apenas cerca de 300 se dedican al rubro luego de una época de oro cuando más de 4 mil chimbaronguinos trabajaban la fibra que le da fama y prestigio nacional e internacional.
El origen del mimbre, entre tanto, tiene varias versiones. Unos lo acreditan a los países escandinavos. Alegan como argumento principal que su nombre en sueco, “vika”, significa “doblar”. Otros sin embargo lo acercan al continente americano, específicamente al delta del río Paraná. El nombre Chimbarongo, por su lado, proviene del mapudungún y significa “lugar entre nieblas” (chimpa, “del otro lado” y rongo “niebla”).
Lo cierto, entre tanto, es que la producción plantas de mimbre en Chimbarongo es de tal magnitud, que su producción destina el 90% a países de Europa y América lo que si bien es positivo por los recursos que esto genera, por otro lado motiva las reivindicaciones de los artesanos quienes no disponen, como antiguamente, de la fibra para la confección de sus productos.
Este y otros problemas desconocidos por los turistas que se detienen a orillas de la Ruta 5, se pueden descubrir al conocer sus protagonistas, los mimbreros
ORTEGA, EL CAMPEÓN MUNDIAL
Miguel Ortega es sin duda uno de sus principales productores y primer ganador de un torneo que anualmente se realiza en la ciudad de Nowy Tomysl, Polonia. Fue el año 2015 cuando el galardón recayó en el trabajo presentado por él. Con posterioridad, el año 2019 participó nuevamente y obtuvo un reconocimiento especial por la calidad de su trabajo. Esto es, terminaciones, trabajo más fino, pulcritud de sus productos.
¿A qué se debe este tipo de terminaciones? Miguel explica que el objetivo de su taller, donde trabajan 3 hermanos, es dejar como marca registrada la fineza de sus productos, “que no quede nada al lote”. Y es verdad. Al observar sus lámpara y pantallas, por ejemplo, no hay un solo detalle que pudiera entenderse hecho de manera improvisada, sino que, con la delicadeza de estar produciendo una pieza única, sin defectos, “el sello de nuestro taller”, afirma, con orgullo.
Otra de las fibras que algunos mimbreros utilizan es el ratán pero para este artesano no es bueno, por una razón simple: “el ratán dura mucho menos que el mimbre y para peor es demasiado caro”. Cuenta que en más de una oportunidad sus clientes le han solicitado trabajar con un plástico parecido a esa fibra, “pero me niego rotundamente pues para nosotros el mimbre, además de ser nuestro sello, tiene una durabilidad mucho mayor”.
Tanto es así que ha reparado sillones, por ejemplo, con 35 años de uso. “Todo depende del cuidado que se le da”. Y aquí entrega su experiencia. “lo que mata al mimbre es el exceso de sol y agua. Por eso mismo le decimos a nuestros clientes que este tipo de muebles deben ser muy bien cuidado. Agrega que, “una vez terminada la temporada de verano, el mueble se lava suavemente con un paño húmedo, esperar que se seque y se guarda. A la vuelta del año y antes de sacarlo a una terraza, por ejemplo, lo recomendable es aplicarle una manito de barniz”.
Hijo de campesinos provenientes del sur del país, solo Miguel y otro hermano nacieron en Chimbarongo. Y su entusiasmo nace de la observación del trabajo de unos tíos que vieron la oportunidad de aprender el oficio como medio de subsistencia. Corrían los primeros años de la década del 70 y la producción de las plantas de mimbre no tenía, como hoy, un carácter agroindustrial. “Mi papá iba a buscarlo a orillas de los canales pues en esa época no se vendía”.
Lo interesante, sin embargo, es que Chimbarongo tiene una especie de micro clima diferente de otros poblados cercanos. “Aquí en el verano el calor es insoportable y los fríos en invierno con bajísimas temperaturas, ideal para la producción del mimbre. Además, tenemos neblina, un elemento que es muy necesario para su subsistencia, pues requiere también de mucha humedad”.
Su entusiasmo se completó cuando comienza a observar a un hermano mayor el que, luego del arribo de la familia al pueblo, se involucró en el ramo. ¿Visitaba otros talleres? “No. Mi hermano era un artesano nato que comenzó fabricando utensilios básicos: cestería, bandejas, canastos”. Pero después de algunos años y luego de retornar de Santiago donde trabajó en diversas actividades, Miguel se propuso darle un valor agregado al trabajo con el mimbre.
Nacen así sus pantallas, lámparas y otros artefactos que hoy lo distinguen de entre todos por el acabado y perfección. “Considero -dice- que lo que hago debe tener un 100% de perfección. Y no me toma más tiempo. Simplemente me aplico para que no quede un solo detalle imperfecto, por muy pequeño que sea”. Ello le ha valido ampliar el universo de compradores, entre los que se incluyen, además de hoteles, varios locales de grandes cadenas comerciales, centro de eventos y restaurantes, además de las redes sociales que comenzaron cuando la pandemia les impidió salir a ofrecer sus productos.
Hoy se puede vivir de esto, reconoce Miguel. “Cuando comenzamos, éramos tres los que aportábamos al sustento familiar y alcanzaba apenas para parar la olla”. Ello se debe, según él, a la decadencia del rubro y la cada vez menor cantidad de artesanos. “En la década de los 80s, éramos casi 4 mil las personas que trabajábamos el mimbre. Hoy somos apenas alrededor de 300, pero para la demanda somos pocos”.
Y es precisamente el amor que tiene por su oficio el que le permite compartir sus conocimientos con jóvenes del pueblo. “Una de las cosas que me gusta es ir a los colegios a contar cómo es nuestro trabajo. También enseñarles a los muchachos que se interesan. Sin egoísmo. Buscando traspasar mis conocimientos y experiencia porque esto no puede terminarse”.
Tiene incluso la idea de formar una escuelita para trabajar con la gente joven “porque están desapareciendo muy rápido los artesanos aquí en Chimbarongo y el pueblo sin mimbre va a perder su identidad”.
PRECIOS DEMASIADO CAROS. ¿MITO O REALIDAD?
Ante la constatación que las personas hacen respecto del valor de los productos expuestos en la carretera y tiendas fuera de Chimbarongo, hay una explicación que, sin excepción, todos los artesanos reconocen.
Esto es, la gente que se detiene a cotizar cree que las personas que venden ahí son los artesanos y no es así. Son comerciantes que deben pagar local, impuestos y otros costos pero que a juicio de muchos mimbreros es una exageración.
“Da vergüenza constatar, por ejemplo, que un producto nuestro que se deja en consignación y cuyo valor en el taller cuesta 20 mil pesos, sea revendido por 40 mil. Eso ahuyenta al comprador y al turista que casi nunca se aventura a recorrer las calles y poblaciones donde se concentran los verdaderos artesanos” es el argumento que prácticamente todos los artesanos alegan.
Lo mismo ocurre cuando se adquieren en tiendas fuera del pueblo. Sobre esto, Miguel nos comenta que ha visto en tiendas de retail sus lámparas, que él vende por 25 mil pesos, “a nada menos que 120 mil pesos”. Y esto lo han comprobado luego de observar que sus trabajos, que tenían una etiqueta con fotografía de él y su hermano mostrando el origen de los mismos, las usaban en otros productos que nada tenían que ver con los suyos. Esa experiencia por razones obvias duró solamente una temporada.
TIEMPOS DE PANDEMIA
Pero llegó la pandemia del Covid 19 y pareció que todo se derribaba. Bodegas abarrotadas de productos, casas y talleres en donde no cabía ni siquiera un canastillo más, desánimo de centenas de artesanos buscando otras fuentes de recursos hasta que el retiro del 10% de los fondos previsionales apareció como salvación, aunque pocos creían que solucionaría el problema. Se equivocaron rotundamente.
Comenzaron a llegar camiones desde todas las regiones del país a comprar en cantidades superiores a lo producido y se desocuparon todas las bodegas en menos de dos semanas.
Otros factores que preocupan a los artesanos son las enfermedades y lesiones que pueden ocurrir con ocasión del trabajo. Las más recurrentes son artritis y tendinitis por la repetición constante de los mismos movimientos con manos y brazos. A ello debe agregarse que el tejido debe ser realizado con las varillas de mimbre mojadas. Y no solo al momento de manipularlas.
Estas, las varillas, son divididas de las ramas en cuatro y una vez separadas es necesario dejarlas remojando durante la noche para trabajarlas al día siguiente. Sin embargo, lo que no se considera es la incorporación de los artesanos a los beneficios de la Ley de Accidentes del Trabajo y Enfermedades Profesionales por lo que cualquier problema con las enfermedades o accidentes deben ser asumidas económicamente por ellos mismos.
Algo similar ocurre con los fondos de pensiones. Pocos, o casi ninguno cotiza en las AFP y ello significa que llegada la edad en que las fuerzas no lo acompañan, no tienen más solución que apelar a los beneficios que otorga el Estado con pensiones que difícilmente cubren las necesidades básicas de subsistencia.
EL MIMBRE NO SE PINTA
Si por casualidad algún comprador llegase a pedir que le pinten el mimbre, ténganlo por cierto que va a recibir como un latigazo la respuesta, “el mimbre no se pinta”, lo que puede traducirse en una relación de amor del artesano con el mimbre. Aunque le provoque las enfermedades ya señaladas, el material de trabajo es mucho más que un bien adquirido a empresarios que tienen las plantaciones desde donde ahora se adquiere.
Y es tanto lo que se quiere al mimbre que todos, sin excepción, lo consideran un socio, un aliado especial con el que han podido vivir bien, que les ha posibilitado el acceso a la casa propia, la educación universitaria de sus hijos, la tranquilidad que el pan en la mesa jamás les va a faltar.
¿PELIGRA LA CONTINUIDAD DE LA TRADICIÓN MIMBRERA?
Juan Cornejo no es oriundo de Chimbarongo. Llegó al pueblo a trabajar en la construcción a los 22 años (hoy uno de los más antiguos a sus 78 años) pero se dio cuenta que la gente que trabajaba en mimbre tenía dinero más rápidamente que él. “Me tincó trabajar en este rubro y a partir de los 28 años me inicié aprendiendo a armar las sillas que mis tíos me pasaban. Antes, en un pueblo vecino ya me llamaba la atención pues unos tíos me pagaban 1 peso para ayudarlos y con eso convidaba a mis amiguitos a comer dulces.
“Los precios de nuestros productos que se conocen y se venden a la orilla de la carretera no dependen de nosotros. Depende de quienes nos venden la materia prima, o sea, el mimbre. Si lo aumentan, es obvio que nosotros también tenemos que subirlo”. Peor aún. Además de escaso (recuérdese, el 90% se exporta a Europa), nos cuesta encontrar mimbre corto que es el que se utiliza y para lograr trabajarlo deben comprar otros de mayor tamaño que por supuesto es más caro.
Se da el caso, por ejemplo, de un empresario al que no le conviene vender el mimbre corto porque tiene que pelar 3 atados en verde para que le de uno corto y eso no le entrega el mismo margen de ganancia.
Ese empresario es dueño de todo el proceso. Es el dueño de la tierra donde lo planta, lo pela, lo vende y exporta. “Su excusa, reclama don Juan, es que no le conviene vendernos a nosotros pues él vende por miles de kilos y los artesanos, pequeños productores, dependemos en muchos casos de ese negocio que ni siempre es conveniente”.
Los grandes empresarios, según don Juan, de un pueblo cercano llamado Codegua, “no se compadecen de nosotros pues lo que les importa es ganar dinero, pero con eso nos deja a merced del mercado y es así como cada vez somos menos artesanos en el rubro.
Un secreto a voces pero que pocos se atreven a denunciar tiene que ver con los precios que los comerciantes cobran en la carretera. Algunos artesanos alegan que los márgenes de ganancia superan el 100%. “Yo, por ejemplo, le vendo un producto a 4 mil pesos y ellos lo revenden a 10 mil. Lógico que el turista lo va a encontrar caro, pero no sabe que, entrando hasta donde están nuestros talleres podrían hacerlo por un precio justo”, reconoce don Juan.
En invierno entonces la situación es todavía peor. No es raro que el comerciante de la carretera ofrezca por un producto que sabe no debiera pagar menos que 40 mil, ofrezca 25 mil y la necesidad obliga a quienes trabajaron el mimbre a entregar su trabajo por el valor que le ofrecen. Por lo mismo, en su concepto, lo ideal es recibir la clientela en su propio taller porque, según constata, “aunque muchos compran carritos chinos para ir a la feria, por ejemplo, son más los que prefieren los canastos tradicionales, esos con los que nos mandaban a comprar verduras cuando éramos niños”.
¿Cuál sería, a juicio de los mimbreros, una solución? Simplemente instalar letreros que indicaran los lugares donde se encuentran los talleres. Algo tan simple como un letrero con la frase “Ruta de los artesanos de mimbre” para que aquellos potenciales compradores pudieran optar por la comodidad del comercio de la carretera o buscar los locales donde podrán interactuar con los propios trabajadores del mimbre.
¿Qué hacer entonces?
Simple.
Ingresar al pueblo.
Aunque a primera vista por sus calles Chimbarongo tiene el mismo aspecto de cualquier pueblo provinciano (con mall chino incluido), nada haría pensar al recorrer sus principales calles que allí está la cuna de los artesanos en mimbre más famosos y expertos del país. Basta entonces dirigirse a las poblaciones donde se concentran. Esto es, Gabriela Mistral, Manuel Rodríguez, Villa Cosme, Pablo Neruda. También los sectores de La Rana, doctor Poblete, entre otras localidades.
LOS TOLEDO, PADRE E HIJO
Enrique Toledo, el padre y su hijo Maximiliano suelen trabajar juntos, pero no tanto. Y esto se explica porque el chico es zurdo y ello impide la sintonía necesaria para avanzar en el tejido pues mientras uno lo hace de izquierda a derecha (el padre), Maximiliano lo hace de derecha a izquierda. Sin embargo, esto no ha sido problema para el aprendizaje. De hecho, sus canastos aportan a la economía infantil, cuestión de la que el chico no transa.
Nacido en el vecino pueblo de Morsa, Enrique reconoce que no tuvo mucho interés por la educación. “La verdad es que no tenía idea como era el trabajo del mimbre y como no tenía cabeza para estudiar me dediqué a trabajar, en principio, en lo que fuera. De hecho, soy maestro de todo. Esta casa la construí yo y me desenvuelvo con facilidad también en las estructuras metálicas, lo que me permite hacer mesas con ese material y mimbre, por ejemplo”.
Sus clientes provienen de todo el país. “Me piden de todo. Pisos, canastos leñeros, muebles, etc.” Algunos que visitan su taller le piden mesas, por ejemplo, pues pareciera ser su producto estrella o tal vez porque su hijo (y socio) lo ayuda aunque el inconveniente de tejer al contrario de a poco se ha ido superando hasta lograr hacer un juego de living fino llamado peripón”.
¿Cuánto tiempo le demanda construir ese tipo de mesas? “Entre la estructura metálica y el tejido, no me toma más de 5 horas. Y se debe más que nada a que la cubierta es de vidrio. En caso de tejido completo, el tiempo de confección no pasa de los dos días”, dice, aunque resalta que eso se debe a la experiencia acumulada en sus años de artesano.
La visión de Enrique, en todo caso, difiere de otros artesanos respecto de los canales de comercialización.
Ello se debe al hecho que su trabajo es principalmente realizado a pedido de sus clientes que se distribuyen desde La Serena a Chiloé. Algunos de ellos lo acompañan desde hace 18 años, según Enrique, “porque para mi la palabra empeñada vale más que un documento firmado”. Y es verdad. No han sido pocas las veces que hasta su taller han llegado empresarios queriendo comprar toda su producción, pero ante lo cual se niega pues su compromiso con quien encarga una pieza es intransable.
Dirigente de la agrupación Pasión de Artesanos, Enrique reconoce haberse retirado de la actividad después de 14 años a la cabeza de sus pares. “En ese tiempo los dejé con 3 hectáreas de mimbre plantado pero la gente alega por todo”. En su caso y para evitar la carencia de materia prima, arrienda un terreno en Quinta de Tilcoco donde planta su mimbre y otro donde trabaja las varillas antes de llevarlas a su taller.
¿Le vende a los comerciantes de la carretera?. “Ni por casualidad. Se han hecho de plata a costa de los puros artesanos”. Y si por casualidad lo buscan su respuesta es siempre la misma “Yo no soy inquilino de nadie y si quieren comprar me deben pagar lo que vale mi trabajo”. Y tan poco inquilino se siente que por lo general comienza a trabajar a las 4 o 5 de la mañana.
“El cliente lo estimula a uno porque si me comprometí a entregar en una fecha, mi deber es cumplir”. Sus brazos, sin embargo, dan cuenta del tiempo que le dedica a la actividad. “Los tengo hinchados por la tendinitis y esto me apareció hace más o menos 6 años. Por lo mismo los dolores cuando tejo son cada vez más intensos pero estoy haciendo algunos ejercicios que me han permitido disminuir bastante ”.
Y la historia se repite cuando se trata de la previsión social. Enrique no tiene (porque no cotiza) esperanzas de una pensión ni tampoco seguro de accidentes del trabajo. “No me queda más remedio que pensar en una pensión mínima de esas que otorga el Estado”, reconoce.
EL TATA JUAN
Juan Alcántara es uno de los pocos adultos mayores que aún teje mimbre y también sueños. Dedicado toda la vida al rubro, tiene hoy en su nieto Pancho la proyección futura que sus fuerzas ya no le permiten para hilar hebras de mimbre. Su taller, “El Pingüi”, permanece abierto todos los días aunque reconocen que a partir de la primavera deben trabajar más pues aumentan las ventas mientras que entre otoño e invierno tanto la producción como las ventas, caen.
Algo desanimado por las bajas ventas cuando comparadas con épocas pasadas, su orgullo lo refleja en la confección de sus sillones “tanque”, su especialidad. Recomendado por sus clientes el fuerte de su producción lo constituye su trabajo con varilla cocida que, aunque más cara por el trabajo que demanda, tiene buena aceptación entre los compradores.
A su lado su esposa Juana nos interrumpe para comentar que también ella sufre de los efectos del trabajo con mimbre mojado, sea cocido o crudo. “Desde hace un tiempo tengo artrosis y por lo mismo ya casi no tejo”. Natural de Machalí en la Región de O´Higgins, quiso que el amor por don Juan no significara solamente trasladarse de su apacible ciudad como se convirtiera, primero en su esposa y luego su alumna, tarea a la que dedicó varias décadas de su vida.
“Lo que hago es por gusto… pero también por la plata porque la pega en el campo además de sacrificada es muy mal pagada”. ¿Jubilado? La historia se repite. Recibe, como la mayoría, la PGU (Pensión Garantizada Universal) de cargo del Estado para personas de escasos recursos.
EL OTRO TOLEDO
El menor de 12 hermanos provenientes de Teno, en la Región del Maule, Claudio Toledo, llegó a los 8 años a Chimbarongo y durante su vida ha combinado el trabajo de agricultor asalariado con el de artesano, aunque en los últimos años el mimbre lo tomó de la mano y no lo ha soltado.
“Como la mayoría de la gente de campo, comencé a trabajar siendo casi un niño porque teníamos que aportar con recursos para alimentar a toda la familia” Fue así como descubre la artesanía a la que le ha dedicado los mejores años de su vida fabricando objetos y muebles.
Su primer trabajo en mimbre fue una “mesa tronco” de la cual solo queda una foto ya desteñida por el tiempo que Claudio guarda como un verdadero tesoro. Antes, sin embargo, cuando entró por primera vez como aprendiz a un taller, tuvo como misión partir la varilla y de ahí en adelante, observando y siendo guiado por sus maestros, no le fue difícil conseguir su independencia económica y laboral
Es en su taller donde se pueden encontrar secadores y garrafas, hoy prácticamente artículos de museo. “Estos secadores -dice- nuestras madres los instalaban sobre el brasero en épocas de lluvia y era alrededor de ellos que corrían las noches de invierno”.
¿Y las garrafas? Su rostro se transforma casi con tristeza al reconocer que, aunque sabe tejerlas, “ya casi no existen. Está cada día más difícil encontrar una de vidrio verde como las de antiguamente porque ahora todo es plástico. Inclusive la garrafa”.
Creativo, don Claudio no se dedica solamente a los muebles. En su taller se encuentran casitas nido para pájaros, porta maceteros, contenedores de botellas, paneras, canastos e incluso juguetes pues, como dice, “la gente no solo compra muebles y por lo mismo me gusta diversificar pues al llegar a mi taller, no solo son los caballeros los que aprecian mis trabajos sino que también sus esposas e hijos”.
Finalmente, nos entrega su receta para quienes quieren dedicarse a la artesanía en mimbre: “Paciencia, calma, placer por lo que se hace”.
ENTREVISTA
Marco Contreras Jorquera, alcalde de Chimbarongo
¿Existe algún plan comunicacional para «vender» a Chimbarongo como un punto de interés turístico de su región, más allá de lo que todo Chile conoce?
Estamos trabajando en el plan ya hace varios años. Lo primero es darnos a conocer, que la gente sepa de nuestra historia, cómo llegar a la comuna. Nuestro encargado de turismo participó en el Encuentro Nacional de Hotelería, que se llevó a cabo en Santa Cruz (2024). En esta actividad se entregó el libro La memoria del mimbre, identidad, saberes y paisajes de Chimbarongo, editado por la Universidad de Chile, que entrega información ilustrada del turismo artesanal, gastronómico y paisajista de nuestra comuna. Se entregó a todos los hoteles a nivel nacional. También, lo hicimos en la gala nacional de la prensa. Cabe destacar que Chimbarongo es la única comuna participante en estas actividades.
¿Se ha pensado en apoyar a los pequeños emprendedores sobre los canales de comercialización considerando que la mayoría de ellos no expone sus productos en la caletera de la Ruta 5?
Se está apoyando. La mayoría de los fines de semana se les está entregando el trasporte para participar de otras ferias en la región y fuera de la región. Estamos trabajando, también, en búsqueda de capacitaciones, para que ellos conozcan canales de comercialización nuevos.
Nuestra revista le ofrece la oportunidad para invitar a viajeros venir a Chimbarongo «Invito a disfrutar de nuestro patrimonio artesanal, de nuestra enriquecedora gastronomía, carnes, mariscos, comidas típicas, comidas al paso, entre otras. Nuestro patrimonio en infraestructura: parroquias, hospital antiguo, y lo más bello, el espejo de agua del Embalse Convento Viejo.
Notables son El artesano, gran figura hecha de fierro reciclado por el escultor Américo Becerra en el centro de la plaza de Armas… Y la imponente entrada, el portal de bienvenida que recrea una bella y gigante artesanía, acompañada por espejos de agua reciclada e imita una plantación de mimbre.
El alcalde explica finalmente que están apoyando a los artesanos en traslados a ferias y capacitaciones para desarrollar nuevos canales de comercialización.






