Entrevistas y Reportajes

Esquizofrenia. Una pesadilla que persigue

María Fernanda Pavez

Periodista

“Para nadie es un secreto que ser esquizofrénica es una batalla constante que nunca vamos a ganar del todo».

Esquizofrenia. Una pesadilla que persigue Por María Fernanda Pavez

La Organización Mundial de la Salud indica que, 1 de cada 300 personas en el mundo padece de este trastorno de tipo neuropsiquiátrico. Un problema de salud mental que puede ser un tormento constante para quienes la conocen en primera persona y todo su entorno más cercano.

Se caracteriza por alteraciones del pensamiento y del comportamiento. Pérdida del contacto con la realidad, sufrir alucinaciones, delirios, tener pensamientos anormales y problemas en el ámbito social y laboral.

“¿Tengo que presentarme?”, pregunta Roxy, nuestra entrevistada para este reportaje. Sin dejar de pasar más de unos segundos responde a sí misma con una innegable molestia.

“Da lo mismo la verdad, lo que a todos les interesa es lo que pasa en mi cabeza, siempre ha sido así”.
Continúa, “existen dos tipos de personas, las que inicialmente quieren saber de mí, pero al darse cuenta que tengo un problema mental se alejan como si fuera una delincuente peligrosa.

Y otras, para las que soy el objeto atractivo de un circo compuesto por locos, un animal que escapó del psiquiátrico”.

Ante esa afirmación le hacemos ver que lo que nos importa es ella. Saber de su lucha, su valentía y sus metas que la motivan a salir adelante.

“Para nadie es un secreto que ser esquizofrénica es una batalla constante que nunca vamos a ganar del todo. No sé qué tan valiente puedo ser si no soy capaz de ignorar con total firmeza las voces que me persiguen.

¿Y metas?

No sé puede pensar en metas cuando, hagas lo que hagas, lo que hay en tu cabeza te atrapa sin permitirte avanzar. ¿Qué tantas metas se pueden tener para el futuro con ese presente?

Complejo e invasivo

El psiquiatra de la Universidad Católica, Fernando Alvarado, asegura a Está Pasando que, por lo general, los primeros síntomas de la esquizofrenia pueden aparecer en la adolescencia o durante la juventud.

“Su origen apunta a una combinación de factores genéticos, neurológicos y aspectos ambientales que inciden en su desarrollo”, aseguró el especialista.

Alvarado menciona que “la aparición de sus síntomas puede manifestarse en diferentes momentos a lo largo de los años, no es necesario que aparezcan todo de una vez o de un momento a otro”.

La sintomatología de las personas que padecen esquizofrenia suele ser: escuchar o ver cosas que no existen, tener alucinaciones, delirios, aislamiento y dificultad para poner y mantener atención.

Sus fuertes cambios de animo les generan problemas para conservar amistades, relaciones y estabilidad laboral.

Por otro lado, existe un alto porcentaje de probabilidades de tener problemas de ansiedad, depresión y comportamientos suicidas.

Considerando todo lo anterior, el psiquiatra, asegura que la intensidad de la enfermedad es diferente para todos.

María José Briceño es psicóloga clínica y se especializa en la atención a pacientes esquizofrénicos de todas las edades. Ella comenta a Está Pasando que ha sido testigo de la importancia de los psicofármacos, la atención psicológica y la contención familiar como herramientas vitales para desarrollar una vida muy cercana a lo que, “erróneamente”, es catalogada como común.

“Concuerdo cuando dicen que es una de las enfermedades más temidas de las personas.

Para nadie es fácil pasar momentos en los que son víctimas de una realidad paralela que los atrapa, los pone en peligro y además lo hacen más propensos a adicciones y otros riesgos”, aseguró.

“Nunca desaparece”

Ya mucho menos a la defensiva y maquillada como para una sesión de fotos, Roxy regresa para continuar la conversación. Luego de un par de bromas se sienta y comienza un relato sin necesidad de pregunta alguna.

“Cuando estaba a punto de salir de cuarto medio, en las noches escuchaba voces y murmullos. Siempre creí que venían de afuera, hasta que comenzaron a decir mi nombre”.

“Tiempo después ya no sólo era eso. Estaban conmigo dos mujeres que me acompañaban casi a todos lados. Ellas me protegían de las que decían eran falsas amigas y me daban las fuerzas para enfrentar a la gente que quería hacerme daño y se burlaban de mí”.

El par de compañeras que describe Roxy sólo ella podía verlas.

Desde ese momento comenzó a cambiar con su entorno y su familia. Se transformó en una persona solitaria que aseguraba que todos actuaban en contra de ella, incluso, en alguna oportunidad, golpeó a su madre por “querer envenenar su comida”.

“Una noche desperté con una angustia inmensa porque una sombra estaba en mi puerta. Con una voz horrible y muy fuerte empezó a ofenderme y darme órdenes que me dieron mucho miedo. Era como un cuerpo sin rasgos definidos pero extremadamente invasivo. Te juro que era horrible. Me seguía y me dejaba muy mal con lo que pedía y la manera en la que me trataba”.

“Yo gritaba, lloraba, le decía que se fuera y no lo hacía».

«Lo que eso quería era que me matara e insistía que tenía que morirme. Una madrugada corté mis brazos por obedecerlo. Muchas veces me golpee en la pared hasta quedar tirada. Eran muchas las órdenes que me daba, pero no las voy a contar todas porque no quiero recordarlo. Mi mayor dolor fue el haber atacado y arriesgado a las personas que más amo”.

Briceño explica que una de las características de la esquizofrenia es el escuchar voces que los perturban, ver cosas que no existen, sentir que las personas quieren hacerle daño o que se organizan en complot en contra de ellos. “Lo que sienten, piensan y ven los alteran y esa desesperación los puede incitar al suicidio”.

“Oye, corten, corte. Mejor no quiero seguir contando los detalles de mis episodios. Partamos de nuevo”, dice Roxy luego de haber detenido abruptamente su narración.

“Voy a ser mucho más escueta para que entiendan”, enfatiza nuestra entrevistada.

“Cuando yo tenía 15 años una compañera, intencionalmente, me empujó y quebré un vidrio con mi cara. Ese accidente me dejó una cicatriz tremenda de la boca a la frente que nunca se borró. A esa mujer yo la detesto, incluso podría decirte que realmente la odio. Le deseo de todo, pero jamás podría desear que tuviera esquizofrenia.

¿Se entiende?

Esto es lo peor que le puede pasar a cualquier persona en la vida”.

“Deben entender que es un desorden mental crónico donde se pierde la conexión con la realidad. Algo que nunca desaparece, puede controlarse de alguna manera, pero quien lo padece jamás será una persona normal”, expresó Roxy.

“Puede destruir todo”

Los episodios de este trastorno pueden ser muy intensos y peligrosos si quienes la padecen no reciben tratamientos y fármacos adecuados. Eso permite que las personas con esta enfermedad puedan tener una vida más cercana a lo calificado como tradicional, llegando incluso a otorgarles la posibilidad de insertarse en el mundo laboral.

Para eso se requiere rigurosidad en lo que se refiere a la medicina y, sobre todo, el apoyo, cuidado y supervisión de la familia, pues de no contar con ese soporte el paciente puede necesitar hospitalización o, incluso, llegar a la muerte.

Eugenia, es la mamá de Roxy y se presenta solicitando la oportunidad de contar su experiencia a otras mamás, simplemente porque explica que se está hablando de un problema de salud mental que no sufre solo el que la padece, sino que también a sus papás y seres queridos.

“En el caso de la esquizofrenia no se trata de confiar en que todo está controlado al comenzar un tratamiento. En nuestro escenario si no estamos a diario pendientes todo se puede destruir con fuerza, puede ser peor y puede terminar de la forma más dolorosa.

Por otra parte, somos los padres quienes vemos lo que ellos hacen y lo que dicen con sus alucinaciones y episodios psicóticos. Te destroza el alma enfrentar a tu hijo cuando te ataca y trata de dañarte, o cuando se droga y sale arrancando de algo que tu no entiendes, eso es devastador. La esquizofrenia no se puede prevenir, pero podemos luchar para que no los destruya”.

Y añade con voz baja y quebrada. “Es un mal que potencialmente te puede destruir en todo sentido”.

Eugenia tiene la fe que con amor y rigurosidad podrán ganar la batalla. Está orgullosa de los avances vistos en su hija y, a raíz de eso, les entrega otro mensaje importante a sus pares.

“Me da mucha tristeza por todo lo que hemos vivido y sufrido, pero quiero que todas las mamás que estén atravesando por lo mismo recuerden y se repitan a diario que nuestros hijos no son unos enfermos peligrosos, son solo personas en el fondo indefensas que necesitan más de nuestra atención y amor. No tienen la culpa de nada”.

Agradecidos por toda la información y vivencias otorgadas, nos despedimos de nuestra entrevistada quien ocupa ese momento para solicitarnos no censurar su experiencia con las voces y las personas de sus alucinaciones.

Con un tono de voz que apela a la confidencialidad confiesa. “Los remedios nos ayudan harto, pero muchas veces no logran que todas las personas que nos siguen se vayan de nuestra mente”.

Ante tal declaración le preguntamos de inmediato, “¿todavía los ves?

Sonríe con ironía y responde, “las sombras que me hicieron daño ya no se aparecen, pero las personas que se han presentado ante mí, algunas veces me visitan. ¡Que sea un secreto, se pueden enojar! Bye bye”.

Sin saber si se trata de una ironía o una revelación real, la vemos alejarse y quedamos sumergidos en la duda de no saber “qué es lo real y qué no lo es”.

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