Entrevistas y Reportajes

Mauricio Hernández: el Marciano de Nona Fernández

Gabriel Canihuante, Periodista

Imagen referencial creada con herramienta digital IA
“La historia tiene su propia brújula que a veces coincide con la nuestra, pero la mayor parte del tiempo se dispara hacia donde quiere y nos noquea pasándonos por encima”.

El libro Mauricio Hernández: el Marciano de Nona Fernández, no te dejará indiferente.

La novela “Marciano”, escrita por Nona Fernández, es uno de esos libros raros que cuesta comentar, pero que uno se siente obligado a hacerlo y, es más, piensa que hay que recomendar su lectura e incluso comprar otro ejemplar de regalo para ese amigo o amiga tan querido.

Lo primero fue ir a ver y a oír a Nona en la Feria del libro de La Serena, en octubre pasado. Darse el gusto de ver ese escenario lleno de gente atenta, expectante. Es bueno sentirse entre pares, uno mira al público y sabe que ahí hay gente que lee, que disfruta la lectura y que anda buscando algo nuevo. En medio de esa presentación hizo su entrada un pequeño grupo de personas que extendieron un lienzo pidiendo la libertad del “Comandante Ramiro”. Tímidos aplausos y muchas fotos.

Marciano

“Marciano” (Ramdom House, 2025) es un libro de poco más de 500 páginas, se lee rápido, pero no se sale inmune de allí. Se trata -de cierta forma- de la biografía de Mauricio Hernández Norambuena, uno de los principales líderes del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR), grupo que realizó acciones armadas contra la dictadura de Pinochet.

Hernández, conocido también como “Comandante Ramiro” y apodado Marciano, ha estado preso en el primer cuarto de este siglo, desde 2002, primero en Brasil durante 17 años y desde 2019 en Chile. Entre otros delitos se le acusa de ser autor intelectual de la muerte de Jaime Guzmán, ideólogo de la dictadura, y de secuestros de distintas personas.

Entonces, no es un personaje que resulte simpático o querible para buena parte de la población chilena, pero tiene sus admiradores e incluso, sus seguidores. Y también, más allá de sus visiones políticas (que han cambiado), hay quienes sin apoyar sus causas sostienen que debería ser liberado pues ya ha pagado por sus delitos.

Un libro «raro»

Pero, Nona Fernández escribe una novela a partir de diversos episodios en la vida de Hernández, desde su nacimiento en Valparaíso, sus primeras acciones armadas en ese puerto, el atentado contra Pinochet en 1986, el secuestro de Cristian Edwards en 1991 y otras acciones realizadas en Brasil. Y buena parte del relato se da sobre la permanencia de Marciano en las cárceles brasileñas y chilenas.

Decía que es un libro raro, no solo por esta mezcla de biografía y novela, sino también porque se construyó a partir de una serie larga de conversaciones entre Nona y Mauricio, encuentros sostenidos en una sala de visitas de una cárcel chilena. Y el diálogo se desarrolla -al principio- con aportes de N y M, quienes van preguntando y respondiendo. Hay preguntas sin argumento, de apenas una línea, y respuestas tanto o más escuetas, pero también otras ocupan varias páginas.

«Cahuinero» de la historia

Portada de Marciano, de Nona Fernández

Esta estructura da al texto un dinamismo muy atractivo, como lectores nos quedamos como espías de una conversa ajena, en esa condición de lector cahuinero: a ver qué le dijo el otro. Y en ese dinamismo hay estilo, hay calidad de texto, y hay una realidad apabullante, un cosmos al que un lector común no llegaría de otro modo, si no es de la mano de un marciano, de este Marciano.

Nona Fernández nos muestra a un personaje de película, uno que podría ser un héroe o un villano. Un líder, un mártir, una víctima, un fracasado. Y Hernández se define como un hombre común, rechaza el calificativo de héroe, dice que se siente una persona común y, sin embargo, no lo es, lejos está de serlo.

La narrativa expone una relación densa, tensa, intensa, incierta, pero al final muy fructífera. No solo por el libro creado, sino porque en el desarrollo de los diálogos, me atrevo a pensar que ambos “crecieron”, y uno como lector también salió ganando, no por lo “entretenido” en la lectura, sino porque induce a pensar, lleva a recordar, obliga a reflexionar sobre pasos y decisiones de cada uno.

«Fictoria»

La autora describe al personaje mediante sus respuestas, es él quien cuenta la historia. Ella ficciona, por cierto, es una novela, no hay que olvidar eso, pero hay mucho de historia. Es un género nuevo quizás, pienso en algo así como “fictoria”, obvio, una mezcla de ficción e historia. Porque no lo leo como historia novelada, es diferente. En fin, podemos difariar. Teorizar, dirán algunos.

Marciano es un libro único, especial, una obra que provoca extrañeza, sorpresa, rechazo, admiración, pena, rabia, dolor. De todo un poco y, probablemente, otras reacciones en cada lector. Y ya con eso es suficiente para recomendar su lectura. A todo el mundo, no solamente para la gente de izquierda o progresista, sino para cualquier persona mayor de 18 años que sepa leer y tenga buena comprensión lectora.

Cautiva de la historia

Nona confiesa que su trabajo no fue fácil. Describe en un momento algunas sensaciones: “Un escalofrío me recorre la espalda, padezco algo que no bien qué es, una especie de fiebre de encierro…

Probablemente somatizo porque yo misma llevo aquí mucho tiempo, cautiva en esta historia, visitándote desde hace años en esta cárcel de alta seguridad”.

No puedo terminar este comentario sin transcribir algunas frases de M que me llamaron la atención.
“Si el infierno suena de alguna forma, debe ser al ritmo de un reguetón”. Dicho por M en relación al ruido ambiente en una cárcel chilena.

Ya no cambiaría el mundo, pero…

“La historia tiene su propia brújula que a veces coincide con la nuestra, pero la mayor parte del tiempo se dispara hacia donde quiere y nos noquea pasándonos por encima”.

“En Brasil tomaba un libro y las paredes de mi celda desaparecían. Las baratas, la soledad, el calor, la rabia, todo quedaba fuera mientras era hospedado en las páginas de una novela”.

“El mundo había hecho un giro, pero yo no podía girar con él. Ya no cambiaría su dirección, pero sí podía resistir en los pocos espacios que quedaban para hacerlo. Por eso llegué a la guerrilla (en Colombia, años 2000).

Puedes leer: Cada uno sabe dónde le partea la nostalgia

Comparte en:

Facebook
Twitter
LinkedIn
WhatsApp
Email