Entrevistas y Reportajes

Niños en riesgo online

María Fernanda Pavéz Báez, Periodista

Imagen creada digitalmente

Niños en riesgo online: Vacaciones, pantallas y amenazas invisibles

Durante las vacaciones, las casas se llenan de pantallas encendidas. Mientras los adultos intentan equilibrar trabajo, descanso y rutinas familiares más flexibles, miles de niños y niñas pasan horas frente a celulares, tablets y consolas, explorando videojuegos, aplicaciones y redes sociales que prometen diversión inmediata. Para muchos padres, ese tiempo frente a dispositivos se vive como un respiro, sienten que los hijos están en casa, entretenidos, aparentemente seguros. Pero hoy, y como ya es sabido, estar bajo techo ya no es sinónimo de estar protegidos, en lo absoluto.

Según datos de la Subsecretaría de Telecomunicaciones, más del 90% de los infantes entre 5 y 16 años en

Chile accede regularmente a internet, ese tiempo de conexión en esta fecha aumenta de manera significativa. Desde Carabineros de Chile confirman que ese acrecentamiento en el uso de pantallas también eleva la exposición a riesgos digitales. “En vacaciones aumenta el tiempo frente a pantallas, y con eso sube la exposición a riesgos en juegos online y aplicaciones. El foco no es demonizar la tecnología, es entender que hoy los niños interactúan con desconocidos en entornos que parecen seguros, pero donde pueden ocurrir delitos”, señaló el Capitán Juan Pablo Lastra Barde, Jefe de Sección Ciberdelitos de Carabineros de Chile. “El llamado es a acompañar, prevenir y, si hay sospecha, denunciar del hecho”.

La escena es cotidiana. Un niño juega desde su pieza, con audífonos puestos, concentrado en una pantalla que lo conecta con personas que no conoce. No hay gritos, no hay peligro visible. Pero ese espacio virtual puede transformarse, de una escena silente a un territorio de manipulación, acoso o abuso. “La infancia digital no es peligrosa por sí misma, pero sí lo es cuando se vive sin acompañamiento adulto”, explica la psicóloga infantil Paula Arancibia. “En vacaciones, cuando desaparecen rutinas escolares y supervisiones externas, los niños quedan más tiempo solos en plataformas diseñadas para retener su atención, no para protegerlos”.

Cuando el juego deja de ser divertido

Los videojuegos de múltiples participantes se han convertido en uno de los principales espacios sociales de la infancia. Allí se forman equipos, se crean identidades virtuales y se establecen vínculos que, para muchos niños, son tan reales como los que tienen fuera de la pantalla. Sin embargo, estos mismos entornos concentran hoy los riesgos más frecuentes.

“Al aumentar de manera importante el tiempo de conexión, los riesgos más frecuentes que vemos en Chile se concentran principalmente en la interacción dentro de juegos online y aplicaciones con chat”, explica el Capitán Lastra. “Lo más recurrente es el contacto de desconocidos que se acercan por mensajería o voz, intentando ganar confianza para llevar la conversación a espacios más privados o a otras plataformas como WhatsApp”.

El impacto emocional de estas experiencias no siempre es inmediato ni visible. “En consulta vemos ansiedad, irritabilidad, retraimiento social o problemas de sueño que muchas veces tienen origen en vivencias digitales que los niños no logran explicar o temen contar”, comenta la psiquiatra infantil Daniela Moyano. “La violencia psicológica en línea no deja moretones, pero deja huellas emocionales profundas”.

“El problema no es que los niños jueguen, sino que lo hagan solos”, sostiene Moyano. “Hoy el dormitorio puede convertirse en una plaza pública digital donde entran desconocidos sin que los adultos lo noten”.

Qué hacer cuando hay sospecha y cómo prevenir sin prohibir

No siempre existen señales evidentes de que algo va mal. A veces, los cambios son sutiles: un niño que se encierra más en su pieza, que borra mensajes cuando alguien se acerca, que se muestra irritable después de conectarse o que evita hablar de sus juegos. En otros casos, la alerta proviene de familiares, amigos o incluso otros padres.

Especialistas advierten que, si un adulto ve o sospecha que su hijo está siendo víctima, lo primero es mantener la calma. Lo primero es contener, sin retar ni presionar, para que el niño hable y no se cierre.

Inmediatamente después cortar el contacto con la cuenta involucrada: bloquear y reportar dentro del juego o aplicación. Es de suma importancia señalar que es clave no borrar conversaciones ya que eso podría ser la evidencia necesaria para dar con los responsables y entregarlos a la justicia.

Lo recomendable es guardar capturas de pantalla, usuario o ID, enlaces, fechas, audios y cualquier antecedente relevante, junto con asegurar las cuentas del menor mediante cambio de contraseñas, activación de doble verificación y restricción de quién puede contactarlo. En cuanto a los canales formales se puede denunciar llamando al 133 o concurriendo a la unidad policial más cercana al domicilio.

Dentro de las cosas que jamás hay que hacer es: Funar en redes, negociar con el agresor ni pagar chantajes. La recomendación es actuar de forma formal y resguardada, priorizando siempre el resguardo del niño y de la evidencia digital.

En paralelo, Carabineros de Chile entrega recomendaciones concretas para prevenir. Pantallas en espacios comunes, no en aislamiento permanente, sugieren. También recomiendan establecer reglas claras de datos personales: No compartir dirección, rutinas, fotos privadas ni ubicación, además de restringir chat y voz si el juego lo permite, usar cuentas seguras, contraseñas únicas y doble factor de autenticación cuando exista.

Pero quizás la herramienta más poderosa sigue siendo la conversación cotidiana. Preguntar de forma diaria: ¿con quién jugaste?, ¿alguien te pidió secretos?, ¿te incomodó algo?”. Como complemento, siempre es vital establecer un acuerdo de confianza: Si algo pasa, el niño puede contar sin temor a un castigo. No se trata de prohibir, sino de acompañar.

El verdadero peligro no está afuera

Hoy, un niño puede estar solo en su pieza, con la puerta cerrada, y al mismo tiempo conectado con decenas de desconocidos en distintas partes del mundo. Puede estar jugando, riendo, aparentemente tranquilo, mientras al otro lado de la pantalla alguien lo observa, lo escucha, lo manipula o lo vulnera sin que nadie más lo note. Ese es el verdadero riesgo de esta era: no la tecnología, sino la ilusión de seguridad que genera.

Las vacaciones amplifican ese escenario. Menos rutinas, menos supervisión, más horas conectados. Y aunque ninguna familia quiere creer que su hijo podría estar en peligro, la evidencia muestra que basta una conversación, un enlace, una promesa de amistad para cruzar una frontera invisible. No hay gritos, no hay golpes, no hay portazos. Solo silencio.

“Hoy, cuidar a un niño no es solo saber dónde está físicamente, sino también dónde está emocional y digitalmente”, advierte la psicóloga Angélica Cabezas. Porque el daño no siempre deja marcas visibles, pero sí huellas profundas: miedo, vergüenza, culpa, desconfianza.

En un país donde más del 80% de los niños juega en línea y miles interactúan diariamente con desconocidos, la pregunta ya no es si la tecnología es peligrosa, sino qué tan dispuestos estamos los adultos a habitar ese mismo territorio para protegerlos. Porque mientras los niños juegan, hablan y crecen en pantallas, la infancia no ocurre detrás de un vidrio, ocurre ahí mismo, donde nadie los ve. Y si no entramos con ellos, alguien más lo hará.

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