Entrevistas y Reportajes

Sugar Daddy: romance entre la conveniencia y la eterna juventud

María Fernanda Pavéz

Periodista

Un “sugar daddy” suele ser un hombre mayor dispuesto a entregar dinero, regalos u otros incentivos financieros a una persona más joven, normalmente una mujer, a cambio de compañía u otros servicios.

Sugar Daddy. Un romance entre la conveniencia y la eterna juventud

Este término anglo alude a un vínculo entre dos adultos en el cual existe una diferencia de edad considerable y un poder adquisitivo que se transforma en la principal arma de seducción, en este caso por parte del hombre. En dicha interacción ambos se involucran bajo condiciones específicas.

Vestida de una costosa y elegante marca de ropa femenina, un cabello perfectamente liso y joyas muy vistosas, Camila camina por la vía pública como si fuera una pasarela. Se siente la protagonista de una producción cinematográfica -y lo comenta-, es primera vez que cuenta su experiencia, una historia de aventura que carece de amor, pero abunda en ganancias.

No tiene problemas en que la llamemos con su nombre real, pero tiene reparos en develar la identidad del hombre mayor que le cambió la vida. “Sé que no tengo que dar su apellido, pero prefiero solo mencionarlo por su apodo. Soy humilde, no tonta. Tengo que cuidar mi gallina de los huevos de oro así que no les contaré ni siquiera su primer nombre real”.

“Hace dos años con lo que gasto hoy en peluquería habría comprado mercadería para doce meses en mi casa. Siempre viví con mi mamá y mi hermana y nunca pudimos salir de vacaciones porque simplemente no alcanzaba la plata para eso. Gracias a Dios teníamos techo y nos alcanzaba para la olla, pero nada más, no había ropa nueva ni más de un par de zapatos por cabeza. No tengo duda que quienes lean esto van a tratarme de todo y me da exactamente lo mismo. El que me critica o me juzga es porque jamás ha conocido la miseria. Todo lo que tengo me lo merezco. Yo decidí entregar mi juventud por ‘lucas’ y nadie tiene derecho a opinar”.

Un “sugar daddy” suele ser un hombre mayor dispuesto a entregar dinero, regalos u otros incentivos financieros a una persona más joven, normalmente una mujer, a cambio de compañía u otros servicios.
Hay que dejar en claro que se trata de una relación voluntaria, toda vez que es un acto en el que se obtendrán utilidades para ambos involucrados.

Selección del indicado

Manuel Maureira, sociólogo de la Universidad ARCIS expone que el término Sugar Daddy nace en el siglo XX en Estados Unidos. “Surge de la relación amorosa entre Alma de Bretteville, joven modelo y Adolph B. Spreckels, director de una fábrica de azúcar, 24 años mayor que ella. A raíz de esa ocupación, la joven utilizaba Sugar Daddy como apelativo cariñoso”.

“Con los años al concepto de ‘Sugar Daddy’, para aludir a los hombres, se sumó el de ‘Sugar Mammy’ en alusión a mujeres con buenos ingresos financieros dispuestas a financiar los deseos de muchachos jóvenes.

Camila conoció a su particular pareja por una popular aplicación para citas. Ella sabía a lo que iba y se lo hacía saber a todos los interesados.

“Mi perfil decía claramente que buscaba hombres mayores con buena situación económica para que fueran mi ‘sugar daddy’. Mi rango de interés por edad era de 70 años para adelante. La foto que él tuviera era lo menos importante. Pensaba que, si cumplía mis requerimientos de ser un tipo mayor con buena plata, el tiempo podía ayudar a encontrarlo bonito”.

“El guatón fue el tercer tatita que conocí de la misma manera. Antes había salido con hombres mayores, pero como dama de compañía, o ‘mujer para mostrar’. Esos viejos patéticos que no le sirve más que la billetera, pero quieren aparentar que se las agarran a todas. Después de un tiempo de dar vueltas con esas especies me decidí a crear una relación y tuve la suerte de conocer a mi macho actual”.

Como con un gesto de orgullo saca de su billetera una foto del hombre que la conquistó por sus posesiones y dice. “Este es mi compañero. Más de 40 años mayor, pero me cuida como nadie lo hizo en la vida. Me lo da todo y me hace sentir como en un cuento”.

“¿Ustedes alguna vez escucharon hablar de Hugh Hefner? el viejito de la mansión playboy que tenía a sus conejitas regias y solo dispuestas para él? Bueno, así mismo me siento, pero acá la única hembra con todos esos derechos soy yo. No cabe ni una más”, aclara en un distendido encuentro con www.estapasando.cl.

Ninguno resulta más favorecido

La psicóloga de la Universidad del Pacífico, María Francisca Villagrán, advierte que este acuerdo o vínculo por conveniencia no es algo en el que la mujer o la persona joven goza de los principales privilegios.

“Los individuos mayores que ofician de ‘sugar’ generalmente, más que por buscar pareja, lo hacen por validación personal, demostrar estatus y, por supuesto, una innegable forma de fortalecer su autoestima”.

“Se genera un espacio de colaboración mucho más profunda de lo que se expresa por definición. Hay dos personas con la necesidad evidenciar la superioridad ante sus pares, más que por una hazaña basada en el apoyo económico”, señala Villagrán.

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Y agrega. “Aquí se produce una conexión en el que ambos ofrecen estabilidad desde distintos focos. En la práctica es una unión que se genera cuando ambas partes obtienen beneficios que superan las desventajas, es decir, ninguno resulta más favorecido que el otro. Los dos son personas adultas consientes, capaces de tener sus objetivos claros y acordados mutuamente”.

“En una primera impresión, por lo general, al hablar de este fenómeno, se piensa de manera inmediata en la joven como la gran ganadora, pero de esta relación por conveniencia subyace un deseo por parte del proveedor que va más allá de lo financiero”, así es como lo esboza la psicóloga María Francisca Villagrán.

“Hay un proveedor que da uso de sus capacidades económicas para lograr, de alguna manera, estar con alguien más joven, una compañía que le permita revelarse contra el inexorable paso del tiempo”.

“No somos prostitutas”

“Admito que he tenido mucha suerte. No todas logran encontrar a alguien con quien tener algo estable.

No somos un matrimonio ni nada parecido, pero somos un gran complemento, además que vivo como siempre soñé. El guatón me paga absolutamente todo, le encanta que me mantenga bonita y bien vestida, y como si fuera poco, se preocupa de mi futuro. Me abrió una cuenta de ahorro donde ya tiene 40 millones guardados para el día en que él no esté”.

En medio de tantas alegrías a compartir también devela el lado más complejo de un estilo de vida aún incomprendido. Momento en el que aprovecha de enfrentar alguno de los juicios y conceptos errados de su estilo de vida.

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“Quiero decir algo que espero quede claro” acentúa nuestra protagonista.

“No somos prostitutas, no cobramos por sexo casual y no estafamos a hombres que carecen de sano juicio, no somos ladronas. Por favor saquen eso de sus cabezas”, enfatiza Camila.

“Voy a ser sincera contigo y compartiré con ustedes algo que no a muchos les cuento y había omitido en esta entrevista. Antes de llegar a conocer a mi hombre actual, viví dos experiencias bastante malas. Sufrí de maltrato físico, de todo tipo de abusos y casi me vi envuelta en trafico de drogas. Buscar un ‘sugar daddy’ no es algo fácil de hacer, hay que ser valiente, tener carácter muy fuerte y ser capaz de defenderte y atacar cuando estás en peligro. Nadie dijo que sería llegar y llevar”, manifiesta.

“Si estoy donde estoy fue porque Dios me vio ya sin fuerzas después de tanto llorar y rogarle vivir de manera digna. Sé que él un día dijo ‘ya, le voy a dar una alegría a esta pobre cabra que nunca pudo tener paz, solo carencias. Ya fue demasiado con las experiencias horribles que pasó para ser alguien que pudiera vivir de manera más digna’. Después de todo eso me premió y me dijo ‘voy a soltarte, ahora te toca disfrutar’”.

Intentando disimular su voz quebrada, toma un poco de agua y retoma su relato.

“Con el guatón no nos amamos, pero nos queremos, nos apoyamos y nos acompañamos. No te miento que, en ocasiones, me gustaría tener un pololo joven con el que pueda salir a carretear y escaparme a la playa, pero en ninguna parte estaré como estoy hoy”, señala sin titubear.

“No sé si él tiene otra mujer y lo dudo porque si lo pillo le haría tremendo show. Ignoro si me va a durar muchos años más porque ya pasó los ochenta y lo veo cada vez más cansado. No me gustaría un mundo sin él, ojalá pueda cuidarlo por mucho tiempo más, no creo que se me acabe la paciencia. Nadie me ha querido ni me ha cuidado como él, como este viejito no hay otro”.

Luego de segundos de silencio absoluto le preguntamos directamente si en algún momento se le ha hecho difícil compartir su vida con una persona cuatro décadas mayor. Apoyando su cabeza en uno de sus brazos, analiza en voz alta y dice, “el problema jamás ha sido la diferencia de edad, realmente para mí no es tema, no es lo que importa”.

¿Y qué es lo que importa?, indagamos. Sin pensarlo levanta su vaso de agua a modo de brindis y responde, “No son 40 años, son 40 millones”.

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