El cambio de hora vuelve a instalarse como tema de conversación en Chile, justo cuando el país entra en el horario de invierno atrasando sus relojes una hora.
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Aunque la medida busca aprovechar mejor la luz natural, en los últimos años ha crecido el cuestionamiento desde la ciencia y la medicina por sus efectos en el organismo, especialmente en el sueño.
RELOJ BIOLÓGICO
Especialistas coinciden en que, pese a tratarse de un ajuste de solo 60 minutos, el impacto en el cuerpo no es menor. Desde la Universidad de Chile advierten que este cambio altera el llamado “reloj biológico”, provocando dificultades para dormir, irritabilidad y cansancio durante varios días. La psiquiatra del Hospital Clínico de la casa de estudios, Dra. Rosemarie Fritsch, explica que el sistema circadiano “no se reajusta de inmediato”, generando una sensación de descanso incompleto y fatiga.
Este fenómeno es conocido como “jet lag social”, ya que el organismo reacciona como si hubiera un cambio de zona horaria, aunque la persona no haya viajado. Según académicos de la misma universidad, esta desincronización también puede afectar el apetito, el metabolismo y el estado de ánimo, debido a que el sueño actúa como eje regulador de múltiples funciones del cuerpo.
Desde la evidencia científica, las críticas son aún más amplias. Investigadores y expertos en cronobiología han advertido que los cambios de hora pueden generar efectos negativos en la salud, como menor rendimiento, irritabilidad e incluso un aumento en riesgos cardiovasculares y accidentes en los días posteriores al ajuste.
PROCESOS INTERNOS
El académico de la Pontificia Universidad Católica y director del Instituto Milenio de Biología Integrativa, Luis Larrondo, sostiene que “el reloj biológico no se ajusta simplemente porque movamos las manecillas”, enfatizando que la luz natural —especialmente la de la mañana— es clave para sincronizar los procesos internos del cuerpo.
En esa línea, diversos estudios internacionales apuntan a que mantener un horario fijo durante todo el año, particularmente el de invierno, podría ser más beneficioso para la salud. Esto se debe a que permite una mejor alineación con los ciclos naturales de luz y oscuridad, favoreciendo el descanso, la concentración y el equilibrio hormonal.
Sin embargo, no todo es negativo. Algunos especialistas destacan que el horario de invierno —al tener más luz en la mañana— puede facilitar el despertar y mejorar la regulación del organismo, lo que se traduce en un mejor rendimiento diario.
Pese a estos posibles beneficios, el consenso científico actual apunta a que el problema no es el horario en sí, sino el cambio abrupto entre uno y otro. Por eso, el debate sigue abierto: mientras autoridades mantienen la medida por razones prácticas como el uso de la luz y el ahorro energético, desde la academia crece la presión por avanzar hacia un sistema sin modificaciones estacionales.
En medio de esta discusión, lo cierto es que cada cambio de hora vuelve a recordarnos que el cuerpo humano no funciona con relojes, sino con luz.






