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Consumo cotidiano de aspartamo despierta nuevas alertas

Cristian Navarro H.

Periodista

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No se trata de daños catastróficos, pero sí de señales suficientes como para cuestionar la idea de que el consumo habitual de aspartamo es completamente neutro para la salud.

Durante años ha sido el aliado predilecto de quienes buscan reducir el azúcar sin renunciar al dulzor. Está en bebidas, chicles, postres y productos etiquetados como “light”. Sin embargo, un nuevo estudio científico vuelve a poner en entredicho esa imagen de seguridad que rodea al aspartamo.

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La investigación, publicada en la revista Biomedicine & Pharmacotherapy y liderada por el Centro de Investigación Cooperativa en Biomateriales de España, analizó durante un año los efectos del consumo prolongado de este edulcorante en ratones. Y aunque no se trata de un estudio en humanos, sus conclusiones abren preguntas incómodas sobre un ingrediente presente en miles de productos de consumo diario.

CUANDO LA BAJA DOSIS NO GARANTIZA INOCUIDAD

Uno de los aspectos más llamativos del estudio es que la cantidad de aspartamo administrada a los animales fue baja: equivalente a apenas una sexta parte de la ingesta diaria admisible para humanos definida por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Además, no se les dio todos los días, sino solo durante algunos días cada dos semanas.

Aun así, los investigadores observaron alteraciones en órganos clave como el corazón y el cerebro.

Paradójicamente, los ratones que consumieron aspartamo mostraron una reducción de grasa corporal de entre 10% y 20%, un dato que podría parecer positivo en primera instancia. Pero ese beneficio vino acompañado de señales fisiológicas preocupantes.

SEÑALES DE ESTRÉS EN EL CORAZÓN

En el plano cardiovascular, los animales expuestos al edulcorante presentaron una menor eficiencia en la función de bombeo del corazón y cambios estructurales leves, pero persistentes.

Según el equipo científico, estos resultados sugieren que incluso una exposición considerada “moderada” puede generar un aumento del estrés cardíaco y un deterioro progresivo en el funcionamiento del órgano.

No se trata de daños catastróficos, pero sí de señales suficientes como para cuestionar la idea de que el consumo habitual de aspartamo es completamente neutro para la salud.

ALTERACIONES EN EL CEREBRO Y EL COMPORTAMIENTO

Los efectos no se limitaron al sistema cardiovascular. El cerebro también mostró cambios medibles.

Durante el experimento, la absorción de glucosa —combustible esencial para la actividad cerebral— se modificó con el tiempo: primero aumentó y luego cayó de forma significativa al final del período de exposición. Este deterioro metabólico se reflejó también en pruebas conductuales.

Los ratones expuestos al aspartamo presentaron más dificultades en tareas de memoria y aprendizaje, se desplazaban con mayor lentitud y tardaban más en resolver laberintos diseñados para medir sus capacidades cognitivas.

NO ES PÁNICO, PERO SÍ PRUDENCIA

Los propios autores son cautos en sus conclusiones. Reconocen que los cambios cognitivos observados fueron más leves que en otros estudios donde el consumo de aspartamo fue más intenso o continuo. Factores como la edad de los animales, los periodos sin exposición o una posible adaptación podrían explicar estas diferencias.

Aun así, el mensaje central del estudio es claro: incluso dosis consideradas seguras podrían no ser tan inocuas como se pensaba.

“Es preocupante que un régimen tan suave, muy por debajo del máximo permitido para humanos, pueda alterar la función del corazón y del cerebro”, señalan los investigadores.

LA ADVERTENCIA MÁS FUERTE: NIÑOS Y ADOLESCENTES

Donde el llamado a la precaución es más explícito es respecto a las personas más jóvenes. El equipo sugiere que, hasta que se comprenda mejor el impacto neurológico del aspartamo, niños y adolescentes deberían evitar su consumo en la medida de lo posible.

No porque exista evidencia de un daño inmediato en humanos, sino porque el principio de precaución cobra especial relevancia cuando se trata de organismos en desarrollo y de un ingrediente presente de forma masiva en productos cotidianos.

 

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