El gran sismo político Por Abraham Santibáñez
Se supone que el curso de la historia es lento y solemne. Suele ser así. Pero hay momentos vertiginosos, en que todo se precipita como un torbellino o un huracán… o un tornado. Es lo que acaban de vivir los estadounidenses en unos breves y dramáticos días.
La campaña presidencial estaba desarrollándose plena de tensiones, pero también desbordante de incertidumbre.
En el ring político más abierto del mundo, dos hombres que ya fueron electos para ocupar la Casa Blanca, estaban enfrentados en un escenario mundial en que hay dos guerras declaradas (Ucrania y Gaza) y donde se teme que la democracia se ha debilitado como nunca antes.
Los dos políticos de muy distinto signo cargaban enormes desafíos.
El expresidente Donald Trump se aproximaba a la Convención Republicana arremetiendo con su característico estilo agresivo, consciente de que el Poder Judicial lo tiene en la mira por su desenfadada manera de hacer negocios como en el caso de Stormy Daniels, actriz porno en retiro.
El presidente Joe Biden, que tuvo un buen comienzo, tropezó consigo mismo y se debilitó profundamente.
Pero ninguno parecía dispuesto a abandonar la lucha… hasta que un solitario tirador trató de matar a Trump.
Ya se sabe lo que pasó a continuación. Con un llamativo parche de gasa blanca sobre la oreja derecha, Trump arrasó más allá de todas sus expectativas en la convención y se convirtió oficialmente en candidato. El domingo siguiente, aislado por contagio de Covid, Biden se rindió a las presiones y anunció su retiro.
Todo ocurrió en breve lapso. Y todavía no está claro lo que viene. Como nunca, todo indica que la voz definitiva la dirán los electores el 5 de noviembre.
Ya hay algunos indicios decidores. Trump había sacado ventaje de la edad de Biden (apenas tres años más que él) y sus eventuales faltas de concentración en público.
Pero ahora, él es el candidato más anciano.
Según apuntó The New York Times, mientras “la vicepresidenta Kamala Harris avanza hacia la nominación demócrata, su partido ve nuevas oportunidades para volver a centrar la atención del público en las vulnerabilidades del expresidente Donald J. Trump en cuestiones clave para los votantes, incluido el derecho al aborto, principios democráticos fundamentales y cuestiones de justicia económica”.
Todo ha pasado muy velozmente.
Y van a pasar muchas más cosas sorprendentes. Aunque Kamala no está asegurada, es obvio que con ella o sin ella, después de la Convención Demócrata, la batalla electoral será muy distinta.
Y, ciertamente, más difícil para Trump.





