Una modificación de gabinete se evalúa tanto por lo que se decide cambiar como por lo que se resuelve mantener. Por eso, este tercer reemplazo en el equipo ministerial se puede describir diciendo que se mantiene el comité político y que se ajustan carteras sectoriales que se deseaban reorientar o cubrir.
Una alteración de los ministros que residen en La Moneda hubiera sido una auténtica sorpresa y probablemente un retroceso. El actual comité político es un grupo afiatado, que mantiene sus diferencias bajo control y resulta complementario en sus habilidades. Son un aporte y eso se ha reconocido.
Los relevos sectoriales corresponden a avaluaciones de gestión y a misiones específicas que se quieren encomendar para la etapa que viene. Por lo tanto, se trata de un ajuste de precisión.
Se trató de una puesta en escena tranquila, anticipada por la prensa sin aspavientos, sin que los reemplazos produjeran reacciones contrarias o fuertes críticas. Eso habla muy bien del proceso de preparación.
Se puede estar de acuerdo o no, pero lo cierto es que está operando la evaluación interna de las gestiones ministeriales. El caso más emblemático es el de educación. Lo que sostenía a Ávila era la crítica opositora, pero, una vez resuelta a su favor la acusación constitucional, se ha podido realizar un relevo que puede explicarse por una priorización deficiente de tareas en la cartera.
Algo bueno de este modo de proceder es que este tipo de ajustes se podrán hacer en adelante en casos puntuales, sin necesidad de mayor expectación ni demoras, puesto que ya no causarán asombro.
Lo que se puede esperar exclusivamente del cambio de personas está funcionando. Ha sido un paso necesario, preciso y acotado. Por lo mismo que se ha despejado asuntos de gestión en los sectores y de continuidad en el equipo de La Moneda, todos los focos se dirigen a la orientación política.
Los males de hoy son el estancamiento del diálogo, la creciente polarización y la incapacidad colectiva de dar respuesta a demandas ciudadanas muy sentidas.
Eso no son problemas que puedan solucionar los ministros, son señales que deben dar los principales liderazgos a ambos lados de la cancha. Es posible que estemos ante una oportunidad única y actuar a la defensiva sería un error.
Es la primera vez que tenemos en el gobierno y en la oposición liderazgos fuertes que se pueden poner de acuerdo, no simplemente porque sería bueno para el país, algo que ha sido cierto todo el tiempo sin que cambie nada.
Se trata de socios inesperados, pero que hacen de la apertura al diálogo una oportunidad para predominar en ambos lados. Permite avanzar en acuerdos mutuamente convenientes y que trae de regreso la visión de mediano plazo.
No importa mucho que el proceder característico en el Ejecutivo sea consciente o no, lo que interesa saber es que ha estado jugando a aglutinar a una minoría, para seguir manteniendo el papel de contraparte si, en el futuro, pierde el poder.
Si el Presidente sigue apostando a combinar acercamientos con hostigamiento a quienes les pide colaborar, no habrá estado a la altura. Los otros deben percibir que se está jugando por entero para hacer lo propio. Vale la pena intentarlo.






