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Romanticismo y K-pop: la noche que hizo historia en Viña

Javiera Sanzana

Periodista

Viña
Foto: Festival de Viña
En la Quinta Vergara, el público pasó del suspiro romántico al grito adolescente en cuestión de horas. Y sí, funcionó perfecto.

La tercera jornada del Festival de Viña del Mar 2026 no fue solo una buena noche. Fue de esas que uno comenta al día siguiente en la micro, en la pega, en el grupo de WhatsApp y hasta con la señora del almacén. Porque tuvo emoción, carcajadas… y un momento histórico.

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En la Quinta Vergara, el público pasó del suspiro romántico al grito adolescente en cuestión de horas. Y sí, funcionó perfecto.

JESSE & JOY: EL MANUAL DEL AMOR BIEN CANTADO

Los encargados de abrir la noche fueron Jesse & Joy, que ya conocen el escenario viñamarino y saben exactamente cómo conquistarlo. Desde los primeros acordes de ¡Corre! quedó claro que el “monstruo” venía sensible.

Joy apareció entre el público antes de subir al escenario — porque si vas a cantar al amor, hazlo dramático y cinematográfico — y la Quinta simplemente se rindió. Sonaron Dueles, La de la mala suerte, Chocolate y cada canción fue coreada como si el público estuviera viviendo su propia teleserie.

Hubo emoción, abrazos, celulares en alto y ese momento colectivo donde todos cantan y nadie desafina (o al menos nadie lo admite). Resultado: Gaviotas aseguradas y un inicio de noche que dejó la vara altísima.

EL HUMOR MANTUVO LA ENERGÍA

Tras la intensidad romántica, el humor permitió que el público bajara un cambio… pero sin perder el ritmo.

Risas necesarias, chistes que conectaron y ese siempre delicado equilibrio de enfrentar al monstruo sin salir devorado. Misión cumplida.

NMIXX: EL K-POP CONQUISTÓ VIÑA

Y entonces pasó.

Por primera vez en la historia del festival, un grupo de k-pop se presentó en la Quinta Vergara. Y no fue un experimento tímido ni una apuesta discreta. Fue un cierre potente, ruidoso y absolutamente generacional con NMIXX.

Coreografías milimétricas, visuales impecables y un fandom que llegó preparado: lightsticks iluminando la noche, gritos ensayados y una energía que convirtió el anfiteatro en un mini Seúl por un par de horas.

El repertorio incluyó DICE, TANK y Love Me Like This, y lo que parecía una apuesta arriesgada terminó siendo uno de los momentos más comentados del festival. El público — incluso el más clásico — respondió. Y cuando llegaron las Gaviotas de Plata y Oro, ya no quedaban dudas: el k-pop no vino como invitado, vino a instalarse.

UN ANTES Y UN DESPUÉS

Lo que hizo especial esta tercera jornada no fue solo la calidad de los shows. Fue la mezcla.

El romanticismo latino, el humor como respiro y el desembarco de un fenómeno global que por años parecía lejano al escenario viñamarino. Viña demostró que puede dialogar con nuevas generaciones sin perder su esencia.

Y si alguien dudaba de que esta edición podía sorprender… bueno, la tercera noche respondió con un: “siéntate, que todavía queda festival”.

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