Internacional

Comienza el diálogo de las armas en Pakistán

Mario López M.

Ilustración digital generada mediante Inteligencia Artificial (IA) para fines editoriales de EstáPasando. Cumbre de Islamabad, abril de 2026.
El dilema de Islamabad, mientras EE. UU. e Irán negocian el fin de las hostilidades, sobre la mesa del Serena Hotel flotan otros temas: El estrecho de Ormuz y sus consecuencias históricas, el levantamiento de restricciones económicas y restituciones de fondos congelados y el fin de los combates de el Líbano e Israel.

Cumbre en Islamabad: Comienza el diálogo de las armas en Pakistán entre Irán y Estados Unidos, mientras en el entorno, siguen los misiles sobre el Líbano e Israel. Fondos retenidos a Teherán por cerca de 120 mil millones de dólares, la apertura del estrecho de Ormuz  y el alto al fuego en el Líbano, sobre la mesa.

En un movimiento diplomático sin precedentes, el Serena Hotel de Islamabad se ha convertido hoy en el epicentro de la geopolítica mundial. El vicepresidente de EE. UU., J.D. Vance, y el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, se han mirado a la cara. Ello tras un formato de «proximidad» en que cada delegación funciona en una sala distinta.

Este cara a cara busca detener la escalada bélica en tres frentes críticos: Líbano, el Estrecho de Ormuz y la asfixia financiera de Irán. Ello rodeado de una gran desconfianza mutua.

El Líbano-Israel

El punto más urgente en la agenda es la pacificación del frente norte de Israel. Las conversaciones en Islamabad buscan consolidar una hoja de ruta que obligue a Hezbolá a replegarse al norte del río Litani, cumpliendo finalmente con la Resolución 1701 de la ONU.

A cambio, Irán exige garantías de que Israel cesará sus operaciones terrestres y ataques aéreos en Beirut. Fuentes cercanas a la delegación pakistaní (que actúa como mediadora junto a Qatar) indican que el borrador del acuerdo contempla el despliegue de una fuerza de interposición reforzada.

El éxito aquí no solo salvaría vidas en el Líbano, sino que permitiría el regreso de miles de desplazados a ambos lados de la frontera, eliminando uno de los principales motores de la inestabilidad regional.

El Estrecho de Ormuz

La economía global observa con nerviosismo este frente. En las últimas semanas, la tensión en el Estrecho de Ormuz ha rozado el punto de no retorno con incidentes navales y amenazas de cierre.

La administración estadounidense ha puesto sobre la mesa una exigencia no negociable: la libertad total de navegación. Irán, por su parte, condiciona esta seguridad a la retirada de activos militares hostiles y al fin de los sabotajes a sus buques cisterna.

Un acuerdo en este punto estabilizaría los precios internacionales del crudo, que han mostrado una volatilidad extrema desde el inicio del conflicto. Se habla de la creación de una «zona de distensión marítima» supervisada por potencias neutrales.

Los Fondos: ¿Humanitarios o Soberanos?

Este es el nudo gordiano de la reunión. Mientras Irán ha filtrado a través de sus agencias estatales que EE. UU. ya aceptó liberar sus activos congelados en el extranjero (estimados en 120 mil millones), la Casa Blanca mantiene una narrativa de cautela.

Veamos las aristas de este delicado tema: EE. UU. representado por Vance ha sido enfático en que cualquier desbloqueo de capital debe ser estrictamente humanitario. Esto significa que los fondos solo podrán utilizarse para la compra de alimentos, medicinas y equipos médicos, bajo una auditoría internacional rigurosa para evitar que se desvíen a grupos proiraníes o al programa de misiles.

Por su parte Irán, en voz de Ghalibaf busca acceso a fondos soberanos sin restricciones, argumentando que el país necesita reconstruir su infraestructura económica tras años de sanciones que califican de «terrorismo económico». Y, de paso, desliza que exigirá retribuciones por los daños de la guerra.

Ormuz: el Riesgo del «Feudalismo Marítimo»

Respecto a Ormuz la discusión no es baladí. En el Serena Hotel no es solo el cese al fuego, sino el futuro del Derecho del Mar. Si la administración estadounidense, en su afán por una victoria diplomática rápida, concede a Irán la «supremacía total» sobre el Estrecho de Ormuz, estaríamos presenciando el colapso de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CONVEMAR).

Aceptar que Irán ejerza soberanía discrecional sobre un paso internacional transformaría el concepto de «paso inocente» en un «peaje estatal». Esto sentaría un precedente jurídico devastador: si Ormuz deja de ser una vía de libre tránsito para convertirse en propiedad privada de Teherán, se abre la puerta para que otras naciones reclamen derechos similares sobre cuellos de botella estratégicos.

Este cambio transformaría los estrechos internacionales —bienes comunes de la humanidad— en activos de propiedad estatal. Bajo este nuevo paradigma, el paso por puntos estratégicos como el Estrecho de Malaca o incluso el Estrecho de Magallanes podría dejar de ser un derecho de «paso inocente» para convertirse en un privilegio sujeto a peajes políticos o económicos.

Efecto Dominó

El comercio global, que depende de la previsibilidad de estas rutas, quedaría vulnerable a la extorsión de cualquier Estado ribereño con suficiente poder militar para reclamar su «llave». En Islamabad se negocia la paz de hoy, pero también se pone a prueba la estructura misma del orden internacional del mañana.

El riesgo de un «efecto dominó» es real. Desde el Estrecho de Malaca hasta el Estrecho de Magallanes, la libre navegación pasaría de ser un derecho universal a ser un privilegio negociable. En este escenario, el comercio global quedaría sujeto a la extorsión política y económica, donde cada Estado ribereño podría imponer condiciones arbitrarias, cuotas o bloqueos según sus intereses del momento.

En Islamabad, lo que está en juego es si el mundo mantiene un orden basado en reglas o si regresamos a un feudalismo marítimo, donde el poder militar de facto otorga la propiedad de las rutas comerciales más vitales del planeta.

Una paz precaria

El éxito de la cumbre de Islamabad depende de la capacidad de ambas delegaciones para ceder en aspectos simbólicos a cambio de beneficios tangibles. Y evitar la crisis energética mundial.

Para la administración Trump/Vance, un acuerdo significaría una victoria diplomática histórica que pacificaría la región sin necesidad de una intervención militar directa a gran escala. Para Teherán, representa un tanque de oxígeno vital para su estabilidad interna.

La reunión continúa bajo un hermetismo absoluto, con el hotel blindado por fuerzas especiales. Las próximas horas serán determinantes para saber si Islamabad será recordada como el lugar donde se evitó una guerra regional total o simplemente como un paréntesis antes de la tormenta.

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