La Democracia Cristiana (DC) endurece críticas al gobierno por ley miscelánea que se estima ingresará este miércoles al congreso.
Las críticas, no significan que la colectividad cierre la puerta a conversar. Su presidente electo Álvaro Ortiz dejó claro que no respaldarán medidas que afecten derechos sociales ni favorezcan una rebaja tributaria sin compensación.
La Democracia Cristiana comenzó a endurecer su postura frente al gobierno y especialmente frente al denominado Plan de Reconstrucción Nacional impulsado por el Presidente José Antonio Kast. La nueva directiva encabezada por el diputado Álvaro Ortiz y el presidente subrogante Oscar Ramírez lanzó críticas directas a la forma en que La Moneda ha instalado la discusión y advirtió que no aceptarán una tramitación apresurada ni una ley miscelánea que mezcle reconstrucción con rebajas tributarias.
Desde la colectividad reiteraron que no se niegan a dialogar con el Ejecutivo, pero sí cuestionan el contenido y el método. “Tenemos que conversar con el gobierno, pero también vamos a defender los derechos sociales que se han adquirido”, afirmó Ortiz. La autoridad partidaria marcó distancia con la rebaja del impuesto corporativo y con los cambios en gratuidad y contribuciones que forman parte del paquete legislativo.
La señal política no es menor. La DC aparece hoy como uno de los votos más disputados por La Moneda para sacar adelante su principal apuesta legislativa, especialmente en un Congreso donde cada apoyo vale doble.
LEY MISCELÁNEA
El eje más conflictivo sigue siendo la decisión del gobierno de reunir más de 40 medidas en un solo proyecto bajo el rótulo de reconstrucción. El plan incluye rebaja del impuesto corporativo del 27% al 23%, incentivos tributarios, eliminación parcial y temporal del IVA a viviendas nuevas, cambios en gratuidad universitaria y beneficios previsionales, además de medidas ligadas a reconstrucción post incendios y crecimiento económico.
Para la DC, el problema no es solo político, sino institucional. La crítica apunta a que se estaría usando una ley de reconstrucción como vehículo para empujar una reforma tributaria estructural que debiera discutirse por separado.
Ortiz ya había planteado públicamente que hubiese preferido proyectos separados y no “un paquete”, precisamente para permitir un debate serio sobre cada materia. Esa tesis se conecta con el argumento que también levantan otros sectores de oposición: la eventual vulneración de las ideas matrices del proyecto, una discusión que incluso podría terminar en el Tribunal Constitucional.
AYLWIN COMO CONTRASTE
El endurecimiento de la DC coincidió con el homenaje por los diez años de la muerte de Patricio Aylwin, donde la colectividad reivindicó su política de acuerdos y su forma de construir gobernabilidad.
Ortiz recordó que el legado del exmandatario pasa precisamente por “construir acuerdos, dialogar, respetar a los otros en nuestras legítimas diferencias”, y sostuvo que eso es justamente lo que hoy falta en la política chilena. También pidió que Chile “salga de las trincheras y los extremos”.
La comparación es inevitable. Mientras Aylwin aparece como símbolo de acuerdos institucionales, la DC acusa que el actual gobierno intenta imponer una reforma estructural sin el diálogo previo que exige una iniciativa de esta magnitud.
No es solo una crítica al contenido; también es una crítica al estilo de conducción política.
UNA BATALLA LEGISLATIVA CLAVE
Para Kast, esta ley no es una reforma más. Es probablemente la principal apuesta de su primer año y la prueba más importante de su capacidad para ordenar al oficialismo y conseguir votos fuera de su sector.
El propio gobierno ha reconocido que el proyecto es central para cumplir promesas de campaña como la rebaja del impuesto de primera categoría y la eliminación de contribuciones para adultos mayores. También lo considera clave para recuperar crecimiento y empleo en medio de la caída en encuestas y el desgaste por el alza de combustibles.
Por eso la postura de la DC pesa más de lo habitual. No es simplemente una crítica opositora: puede ser el voto bisagra que defina si la llamada “madre de todas las batallas” legislativas avanza o se empantana.
NO AL CHEQUE EN BLANCO
Desde la falange el mensaje fue claro: no habrá apoyo automático ni rechazo automático, pero tampoco un cheque en blanco.
La DC mantiene abierta la puerta del diálogo, aunque con una advertencia política fuerte: no respaldará una reforma que, bajo el discurso de reconstrucción, termine favoreciendo principalmente a los sectores de mayores ingresos.
Y ahí aparece el verdadero problema para La Moneda. Porque cuando incluso un partido históricamente asociado a los acuerdos empieza a endurecer el tono, el conflicto deja de ser solo ideológico.
Pasa a ser una señal de que el gobierno puede estar perdiendo justamente lo que más necesita para gobernar: confianza política.





