El alcalde de Ñuñoa, Sebastián Sichel, sostuvo que el actual Presidente enfrenta una definición similar a la que marcó al gobierno anterior, por lo que advierte a Kast: “No repita el error de Boric”. A su juicio, la derecha debe optar entre una línea dialogante -ex Chile Vamos- o una estrategia de confrontación representada por Johannes Kaiser y su propio partido Republicano.
La comparación no apuntó a las diferencias ideológicas entre ambos gobiernos. Sichel centró su análisis en la forma de construir mayorías y ejercer el liderazgo político dentro de una coalición diversa.
Según planteó, Boric nunca resolvió si gobernaría escuchando prioritariamente al Partido Comunista o al Socialismo Democrático. Esa indefinición -según Sichel- terminó generando tensiones internas, señales contradictorias y dificultades para avanzar en reformas estructurales.
La comparación con Kaiser
Sichel trasladó esa misma lógica al escenario actual. A su juicio, Kast enfrenta una definición similar entre dos sectores de derecha que representan dos almas y dos visiones distintas sobre cómo ejercer el poder.
Por un lado ubicó a quienes privilegian la negociación, la construcción de acuerdos y la búsqueda de mayorías parlamentarias. En ese grupo se encuentran figuras provenientes de Chile Vamos, independientes de centroderecha y sectores que han respaldado reformas mediante entendimientos políticos.
En el otro extremo situó a Johannes Kaiser y a quienes -incluso en el partido del presidente Republicano- promueven una estrategia más confrontacional, menos dispuesta a ceder espacios y más crítica de los acuerdos con sectores ajenos al oficialismo.
La advertencia de Sichel apunta a que ambas estrategias son difíciles de compatibilizar cuando se gobierna y se requiere reunir votos para aprobar reformas complejas.
La megarreforma como telón de fondo
Las declaraciones se producen en momentos en que la principal apuesta legislativa del Ejecutivo atraviesa uno de sus períodos más complejos.
La megarreforma enfrenta cuestionamientos de alcaldes por el eventual impacto en los ingresos municipales derivados de cambios al sistema de contribuciones. También ha recibido observaciones técnicas sobre su financiamiento y advertencias respecto de sus efectos fiscales de largo plazo.
A ello se suman dificultades políticas crecientes. El senador Alejandro Kusanovic puso en duda su respaldo al proyecto tras acusar al Gobierno de marginar a dirigentes de su sector y negociar con actores políticos rivales en Magallanes.
El episodio dejó al descubierto la fragilidad de una estrategia legislativa que depende de apoyos externos y de una coalición donde comienzan a emerger diferencias sobre la forma de construir mayorías.
El espejo de Boric
En ese contexto, Sichel utilizó el caso Boric como ejemplo de una advertencia más amplia. A su juicio, un gobierno puede perder capacidad de conducción cuando intenta satisfacer simultáneamente a sectores que empujan en direcciones distintas.
«Lo mismo le pasó a Boric, creo que nunca lo resolvió. O escucha más al Partido Comunista, o escucha más al Socialismo Democrático. Decidió escuchar a los dos y al final terminó siendo un Gobierno pusilánime», lanzó el independiente.
«Entiendo lo que hizo Gabriel Boric, se atrincheró, esa fue su decisión. Yo espero que el presidente Kast no lo haga. Tiene sectores democráticos de centro que quieren construir gobernabilidad con él, y creo que es mucho mejor escuchar a esto, gritamos menos, decimos menos ofensas, tuiteamos menos ofensas contra otros, pero al final le podemos dar más estabilidad al sistema», añadió Sichel.
«Lo que está provocando, insisto, es ganar una elección y después al otro día estar derrotado porque te quedas en un tercio», concluyó.
Una definición con efectos legislativos
La discusión adquiere especial relevancia porque la megarreforma requiere votos que el oficialismo no posee por sí solo. Su aprobación depende de acuerdos con sectores que no necesariamente comparten las posiciones más duras del mundo republicano o libertario. Incluso, si Kusanovic cumple su palabra de no apoyar la megarreforma, esta entra en peligro de no ser aprobada.
Por esa razón, la advertencia de Sichel trasciende una disputa interna de la derecha. La pregunta de fondo es si el Gobierno optará por ampliar su base de apoyo mediante acuerdos o si privilegiará una estrategia más identitaria y confrontacional.
La respuesta podría tener consecuencias directas sobre el futuro de la principal reforma impulsada por La Moneda. Y también sobre la capacidad del Ejecutivo para evitar una situación que Sichel considera conocida: la de un gobierno atrapado entre dos almas políticas incapaces de convivir bajo una misma conducción.







