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Meta enfrenta una crisis laboral pese a sus millonarias ganancias

Editado de agencias y medios internacionales por Cristian Navarro H.

Periodista

Meta
Foto: Publicado en X por @Meta
La matriz de Facebook, Instagram y WhatsApp vive un clima interno marcado por despidos, vigilancia laboral y fuga de talentos, mientras acelera su apuesta por la inteligencia artificial.

La ofensiva de Meta por acelerar su desarrollo en inteligencia artificial está generando un fuerte impacto dentro de la compañía. Pese a sus buenos resultados financieros, la matriz de Facebook, Instagram y WhatsApp enfrenta un clima interno marcado por despidos, presión laboral, vigilancia de empleados y salida de talentos clave.

Durante el último año, la empresa fundada por Mark Zuckerberg ha reorganizado buena parte de sus equipos para enfocarse en IA. El proceso, sin embargo, ha venido acompañado de recortes masivos y reasignaciones que han instalado inquietud entre los trabajadores.

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El contraste es evidente. Meta cerró el primer trimestre con ganancias cercanas a los 23.000 millones de dólares, impulsada principalmente por su negocio publicitario. Pero al mismo tiempo elevó de forma significativa sus gastos en infraestructura tecnológica, en medio de una competencia cada vez más agresiva con Google, OpenAI y Anthropic.

La compañía eliminó este año cerca de 8.000 puestos de trabajo, equivalentes a alrededor del 10% de su plantilla. Entre despidos, traslados forzados y supresiones de cargos, casi una quinta parte de los empleados se habría visto afectada en el último año.

Medios estadounidenses han recogido testimonios de trabajadores que describen una “cultura del miedo”, donde la incertidumbre por nuevas rondas de despidos y los rumores internos dificultan el trabajo diario.

VIGILANCIA Y MALESTAR POR EL ENTRENAMIENTO DE IA

Uno de los puntos más sensibles fue la llamada “Iniciativa para mejorar las capacidades del modelo”, lanzada en abril y suspendida el 22 de junio. El programa registraba clics, pulsaciones de teclado y navegación de empleados en Estados Unidos, con el objetivo de entrenar agentes de inteligencia artificial.

La medida provocó una fuerte reacción interna. Más de 1.600 trabajadores firmaron una petición para detener el programa, mientras algunos compararon el funcionamiento de la compañía con una “fábrica de extracción de datos”.

La polémica escaló luego de que una falla del sistema expusiera conversaciones privadas y métricas de desempeño al personal. Tras el incidente, Meta decidió suspender temporalmente la iniciativa mientras realiza una investigación interna.

Mark Zuckerberg defendió el enfoque en una reunión con empleados, al plantear que los modelos de IA aprenden observando cómo trabajan personas con alto nivel de conocimiento. Sin embargo, esa explicación no logró contener el malestar.

El director de tecnología de Meta, Andrew Bosworth, reconoció indirectamente la tensión interna y sostuvo en una publicación que esperaba recuperar lo mejor de la cultura corporativa de la empresa.

LA CARRERA POR NO QUEDAR ATRÁS

Meta busca recuperar terreno en la competencia por los modelos de inteligencia artificial más avanzados. Sus propios desarrollos han sufrido retrasos y no han logrado generar el entusiasmo esperado dentro de la compañía.

Para acelerar esa estrategia, Zuckerberg apostó con fuerza por Scale AI, startup de San Francisco en la que invirtió más de 14.000 millones de dólares. Además, incorporó a su director ejecutivo, Alexandr Wang, de 29 años, para liderar un laboratorio enfocado en “superinteligencia”.

La decisión, sin embargo, también abrió dudas. La salida de figuras relevantes golpeó el área de investigación de Meta. Entre ellas destaca Yann LeCun, considerado uno de los padres de la IA moderna, quien dirigía la investigación del grupo desde 2013 y dejó la compañía a fines de 2025 para fundar su propia empresa en París.

LeCun cuestionó en una entrevista con Financial Times la falta de experiencia investigativa de Wang y criticó la idea de alcanzar la superinteligencia mediante grandes modelos de lenguaje, camino que calificó como un “callejón sin salida”.

NUEVAS APUESTAS Y PRESIÓN JUDICIAL

Mientras intenta reposicionarse en IA, Meta también busca ampliar su presencia más allá de las redes sociales. La empresa mantiene su apuesta por dispositivos de consumo, como gafas inteligentes, y evalúa incursionar en nuevas áreas, incluida una eventual aplicación de apuestas en línea llamada Arena, según informó The New York Times.

A ese escenario se suman los frentes judiciales. En marzo, un jurado de Los Ángeles determinó por primera vez la responsabilidad de Meta en efectos asociados a la adicción a redes sociales. Un día antes, la compañía también había recibido una condena en Nuevo México por falta de protección a menores.

Meta apeló esas decisiones, pero enfrenta nuevos juicios durante este año.

En medio de despidos, vigilancia interna, cambios estratégicos y presión legal, la empresa vive una de sus etapas más tensas. La inteligencia artificial aparece como el centro de su futuro, pero también como el factor que profundiza el desgaste dentro de una organización que intenta sostener su liderazgo tecnológico sin fracturar su cultura interna.

 

 

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