Opinión

Indolencia

Myriam Verdugo Godoy

Periodista - Vicepresidenta de la Democracia Cristiana

Solemos reaccionar con premura y activamente a hechos dolorosos, aberrantes, criminales, pero eso queda rápidamente en el olvido. Se trata de situaciones que pasan a formar parte del paisaje de esta sociedad y que va formando callos en su alma.

Indolencia es la falta de interés, sensibilidad o indiferencia; también la palabra define a la flojera, negligencia o dejadez. La indolencia parece haberse adueñado de las voluntades de millones y millones en Chile y en el mundo.

Los ejemplos abundan, pero parece que quienes la llevamos a la práctica no nos damos cuenta de nuestras acciones que hablan de una creciente falta de humanidad y de empatía.

Solemos reaccionar con premura y activamente a hechos dolorosos, aberrantes, criminales, pero eso queda rápidamente en el olvido. Se trata de situaciones que pasan a formar parte del paisaje de esta sociedad y que va formando callos en su alma.

Algunos ejemplos recientes de ello saltan a la mente de inmediato. Hace poco más de cuatro años el mundo amaneció convulsionado por la invasión rusa a Ucrania, los mejores periodistas del mundo se subieron a aviones que los llevaron a la primera línea de combate. Escenas brutales de bombardeos, de edificios derrumbados, de gente huyendo, de niños y personas mayores desesperados tratando de alcanzar el último bus que les sacaría de esa guerra, alejándolos de la muerte inminente, del dolor, la desgracia, las heridas.

Esa guerra continúa. Cada tanto sabemos de incursiones rusas o ucranianas y de edificios o instalaciones estatales que caen generalmente producto de incursiones de los famosos “drones”. Pero esta guerra ocupa apenas un columna y escasos centímetros en los medios de comunicación escritos y quizás treinta segundos en la televisión. Casi en el olvido, hasta que alguna incursión bélica nos recuerda de esta guerra de desgaste que se desarrolla en Europa del Este… Indolencia

Un año después, despertamos con la brutal acción de Hamas atacando en territorio israelí a un grupo de jóvenes que participaban de una jornada musical. Mil 195 israelíes murieron en ese ataque que dio pie a la declaración de guerra de esa nación. El territorio de la Franja de Gaza se convirtió en objetivo.

Otra vez los principales medios, entre los que no faltaron los chilenos, corrieron a establecer puntos de información con sus principales rostros en primera línea y nuevamente no pasó más de una semana tras la que la noticia fue siendo relegada a escasos segundos en TV y a pocos centímetros columna en los medios escritos, sean de papel o digitales.

Miles de miles de muertos en Gaza, todos daños colaterales. Mujeres, ancianos y muchos niños y niñas siendo masacrados; más de 250 periodistas asesinados; una niña acribillada (más de 300 impactos); flotas solidarias del mundo que intentaban llevar agua y alimentos a las víctimas, detenidas en aguas internacionales por los israelíes y médicos secuestrados lentamente van quedando relegados en los medios de comunicación y en nuestra memoria prontamente capturada por algún nuevo “evento”… Indolencia

En este paisaje de angustia y violencia que nos impacta en un primer momento, pero al que nos acostumbramos con el correr de los días y semanas, el dolor diario de los habitantes de la República Democrática del Congo simplemente no aparece. Es África. Continente históricamente castigado, explotado, abusado, masacrado y de personas negras. No los sentimos cercanos, su historia parece ajena, aunque machaconamente los científicos nos digan que toda la humanidad, en su crisol de razas, viene del continente africano, cuando hombres y mujeres se distribuyeron por el mundo superando diversas pruebas: hambre, clima, depredadores.

Allí, niños, niñas y adolescentes son explotados en nombre del desarrollo. El cobalto, materia prima indispensable para las tecnologías de la comunicación, transporte y energías renovables es extraído por esas pequeñas manos y sus cuerpos frágiles y ágiles… Otra vez: indolencia.

Ni Ucrania, ni Gaza, ni los niños, niñas y adolescentes del Congo mantienen nuestro interés. Son parte del paisaje.

En nuestro país, la indolencia también tiene rostro. Los incendios de Viña, de Penco y de la Sexta Región importaron por un momento, hasta que un nuevo acontecimiento acaparó el interés. Para qué hablar de la infancia maltratada por décadas por el Estado, ni de los pescadores que ven cómo su trabajo y dignidad se transan al mejor postor en el parlamento; ni del pequeño Tomás en la octava región; ni de las mujeres asesinadas por sus parejas; ni de los turbazos realizados en el lugar donde debiéramos sentirnos más seguros: nuestros hogares; ni de un niño arrastrado hasta morir: ni de una concejala -María Ignacia González- desaparecida al igual que María Ercira. Noticias que son tales por unos momentos, por el transcurso de un matinal, por días, quizás semanas, para después indefectiblemente desaparecer de nuestro horizonte, quedando como preocupación y esfuerzo personal de familias y amigos/as.

Indolencia e indiferencia, nuestro actual sello como sociedad.

Myriam Verdugo Godoy
Vicepresidenta PDC

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