Cuarenta y tres autoridades han dejado el Gobierno del presidente José Antonio Kast durante sus primeros cinco meses. La cifra convirtió la rotación de cargos en un problema político e institucional que trasciende las circunstancias particulares de cada renuncia o remoción.
El balance considera ministros, subsecretarios, seremis y delegados presidenciales provinciales. Entre los antecedentes que rodearon algunas salidas aparecen denuncias de corrupción, acusaciones bajo la Ley Karin, resultados positivos en pruebas de drogas y cuestionamientos por el uso de recursos públicos.
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La oposición sostiene que esta sucesión de cambios afecta la continuidad de los servicios y revela deficiencias en el proceso utilizado por La Moneda para escoger a sus representantes. En el oficialismo, en tanto, surgieron llamados a evaluar la experiencia política y el conocimiento del Estado de quienes asumen cargos de responsabilidad.
El caso más reciente corresponde a la renuncia de Natalia Duco al Ministerio del Deporte, después de los cuestionamientos por el uso de un vehículo fiscal. El Ejecutivo nombró en su reemplazo al abogado Francisco Riveros, quien trabajaba como asesor en el Segundo Piso de La Moneda.
PARTIDOS OFICIALISTAS PIDEN REVISAR EL DISEÑO
Los cuestionamientos al sistema de nombramientos también alcanzaron a los partidos que respaldan al Ejecutivo. El diputado de la UDI Mario Olavarría reconoció que existieron errores de diseño con costos para la administración y planteó revisar el funcionamiento de sus distintas áreas.
La presidenta de Renovación Nacional, Andrea Balladares, destacó que los independientes pueden aportar conocimientos técnicos, pero recordó que los partidos cumplen una responsabilidad política insustituible para representar sensibilidades, respaldar a las autoridades y construir mayorías.
El presidente de Evópoli, Luciano Cruz-Coke, también admitió que las colectividades aspiran a contar con mayor presencia en el gabinete. Sin embargo, sostuvo que la salida de Duco respondió a una acumulación de situaciones específicas y no necesariamente a la falta de militancia de la exministra.
Duco, Trinidad Steinert y Mara Sedini compartían la condición de independientes. Las tres llegaron al gabinete por sus trayectorias profesionales, pero abandonaron sus cargos durante los primeros meses de la administración.
El debate dejó enfrentadas dos necesidades del Ejecutivo: incorporar perfiles técnicos y asegurar que las autoridades cuenten con experiencia política, redes de apoyo y capacidad para desenvolverse dentro del aparato estatal.
OPOSICIÓN ADVIERTE EFECTOS EN LOS SERVICIOS
La presidenta del Frente Amplio, Constanza Martínez, afirmó que las 43 salidas “afectan gravemente la continuidad del Estado”. El presidente del PPD, Raúl Soto, acusó al Gobierno de incumplir su promesa de aportar orden y experiencia.
El diputado socialista César Valenzuela pidió al Ejecutivo revisar sus nominaciones para garantizar continuidad en los servicios públicos. Su par del PPD José Montalva cuestionó directamente el mecanismo de selección.
“Si la excelencia se mide reemplazando gente cada cuatro días, algo en el filtro de entrada está fallando”, señaló Montalva.
A la rotación se sumaron episodios de descoordinación dentro del gabinete. El más reciente involucró a Claudio Alvarado y Jorge Quiroz, luego de que este último reconociera que desconocía un requerimiento presentado por el Ejecutivo ante el Tribunal Constitucional. Anteriormente, Interior y Hacienda exhibieron diferencias por la megarreforma, los combustibles y el proceso de reconstrucción.
REEMPLAZOS MASCULINOS ABREN OTRO FLANCO
La composición del gabinete agregó una segunda dimensión a la controversia. Las tres ministras que dejaron sus cargos fueron reemplazadas por hombres: Steinert por Martín Arrau en Seguridad, Sedini por Claudio Alvarado en la Segegob y Duco por Francisco Riveros en Deportes.
Después del último cambio, el gabinete quedó integrado por 14 hombres y ocho mujeres, equivalentes al 63,6% y al 36,4%, respectivamente.
Las diputadas del Partido de la Gente Pamela Jiles y Paula Olmos acusaron un “sesgo de género”. Olmos emplazó al Ejecutivo a explicar por qué, ante la salida de una mujer de un cargo de poder, la primera alternativa vuelve a ser un hombre.
La discusión coloca a La Moneda ante un desafío que supera el reemplazo de las vacantes. El Gobierno deberá demostrar que puede mejorar sus filtros de selección, recuperar estabilidad en los equipos y equilibrar experiencia técnica, respaldo político, probidad y representación femenina.







