Política

Víctor Maldonado R.: El difícil tránsito de fantasma a persona real

Víctor Maldonado R. Sociólogo

Licenciado en Sociología y Magíster en Ciencias Políticas, ambas de la Universidad de Chile.

El punto decisivo sigue siendo este: para obtener consensos es indispensable que la mayoría esté dispuesta a detenerse en el punto donde se conserva la posibilidad de un acuerdo. Esto es difícil porque quien puede resolver a su favor votando está en condiciones de imponerse en cada ocasión.

Como no se trata de ceder siempre, ni de ganar siempre, lo que escoge un buen político es hacer que prevalezca su opinión en una minoría de temas que hagan una diferencia significativa, pero allanándose a los consensos la mayor parte del tiempo. Así, todos han podido ganar en parte y la posibilidad de rechazar el conjunto se ve muy disminuida.

La pregunta fina es si la derecha, bajo dirección republicana, ha sabido distinguir entre prioridades y vencer sin someter. La respuesta parece ser negativa.

Para tener mejores resultados hay que escoger el camino correcto. Importa saber si esta segunda tentativa para dotarnos de una mejor Constitución ha dado motivos para superar el enojo colectivo con la política.

Si nada de esto ha ocurrido, lo que tendremos en el plebiscito es una nueva manifestación de descontento ciudadano. Sobre las expresiones de rabia es difícil construir algo que perdure.

Como resultado de la forma en que se ha dado el debate, lo que tenemos es cada vez menos una discusión constitucional. Lo que se estará evaluando, de preferencia, es la política contingente y las campañas electorales a las que estaremos abocados inmediatamente después que votemos en diciembre.

Las figuras presidenciales de la oposición están ocupando un espacio desmedido y anticipado, por eso lo que se calcula es cómo afectará el resultado en vista de la próxima presidencial.

Son las prioridades las que han cambiado antes que decidiéramos sobre la modificación de nuestras normas fundamentales de convivencia. En este sentido específico, este segundo intento ha desembocado en un fracaso establecido previo a que se cuenten los votos.

En vez de abrirse, tenemos un horizonte de posibilidades que se cierra. Si el optimismo no ocupa el lugar de la frustración, ni la calma reemplaza la irritación, lo que cabe despejar como incógnita es en qué dirección se va a expresar el descontento, si contra todos o casi todos.

La ocasión anterior, quien capitalizó en solitario el descontento fue Republicanos. Nuevamente, la confianza de muchos ciudadanos se canalizó a través de desconocidos, pero que supieron mimetizarse con el enojo que muchos sienten con la política y por quienes ejercen el poder.

Los republicanos ya no son solo identificados con aquello a lo que se oponen, sino por aquello que quieren imponer. Los anónimos representantes del malestar colectivo ahora tienen rostro y voces reconocibles. De holograma pasaron a personas de carne y hueso, de fantasmas a seres encarnados. ¿Han resultado ser lo que muchos esperaban de ellos? Pronto lo sabremos y es, probablemente, lo que más importa porque lo referente al cambio constitucional ha pasado a un segundo plano, en el mejor de los casos.

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