Cada 30 de agosto, el mundo conmemora el Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, una fecha que recuerda a quienes perdieron su libertad y cuyos responsables ocultaron durante años su destino.
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En Chile, esta jornada tiene un significado especialmente profundo. Durante la dictadura cívico-militar, agentes del Estado detuvieron y desaparecieron a cientos de personas, dejando a familias enteras enfrentadas a la incertidumbre y a una búsqueda que, para muchos, todavía continúa. Una pregunta permanece vigente: ¿dónde están?
En 2006, durante el gobierno de Michelle Bachelet, el 30 de agosto fue establecido oficialmente en Chile como el Día Nacional del Detenido Desaparecido.
CIFRAS OFICIALES
La jornada tiene además un carácter internacional. La Organización de Naciones Unidas estableció el 30 de agosto como el Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, con el objetivo de visibilizar este crimen y reforzar la búsqueda de verdad y justicia.
En Chile, la fecha adquiere un significado especialmente profundo. Según cifras reconocidas por el Estado, 1.469 personas fueron víctimas de desaparición forzada durante la dictadura cívico-militar, entre 1973 y 1990. De ellas, 1.092 corresponden a detenidos desaparecidos.
DETRÁS DE CADA CIFRA HABÍA UNA VIDA
Cuando se habla de detenidos desaparecidos, es fácil que los números terminen ocultando aquello que realmente ocurrió: detrás de cada registro existía una persona.
Estaba Juan José Montiglio Murúa, joven estudiante y miembro del Grupo de Amigos Personales de Salvador Allende.
Estaba Renato Sepúlveda Guajardo, estudiante de Medicina, cuya vida quedó truncada cuando tenía apenas 21 años.
Estaba Luis Julio Guajardo Zamorano, estudiante universitario y dirigente poblacional.
Y también estaban ellas.
Mujeres jóvenes que tenían familias, estudios, trabajos, amistades y proyectos de vida.
Entre sus nombres está el de Cecilia Gabriela Castro Salvadores, estudiante de Derecho, detenida en noviembre de 1974. También el de Sara de Lourdes Donoso Palacios, estudiante de Enfermería, detenida en julio de 1975.
Está Michelle Marguerite Peña Herreros, cuyo nombre forma parte de la larga lista de mujeres que fueron detenidas y desaparecidas durante esos años.
También Nilda Patricia Peña Solari, Carmen Angélica Delard Cabezas y Gloria Ximena Delard Cabezas.
Nombres diferentes, historias diferentes, pero unidos por una misma tragedia: sus familias dejaron de saber dónde estaban.
MUJERES QUE TAMBIÉN FUERON ARRANCADAS DE SUS VIDAS
Hablar de las víctimas de desaparición forzada también significa recordar a las mujeres.
Mujeres que eran hijas, madres, hermanas, esposas y compañeras. Mujeres que estudiaban, trabajaban, militaban, cuidaban a sus familias o simplemente intentaban construir sus propias vidas.
Cecilia, Sara, Michelle, Nilda, Carmen y Gloria no son solamente nombres escritos en documentos históricos.
Fueron personas.
Tenían voces, sueños, personas que las esperaban.
Y esas personas continuaron buscándolas incluso cuando pasaron los años.
El INDH ha destacado que la desaparición forzada constituye una vulneración que no solamente afecta a quien desaparece, sino también a sus familiares, quienes quedan sometidos a una incertidumbre permanente.
LOS NOMBRES QUE SOBREVIVEN AL SILENCIO
A más de cinco décadas del golpe de Estado, la memoria de los detenidos desaparecidos continúa presente en Chile.
Sus fotografías siguen presentes en los actos de memoria. Sus familias mantienen vivos sus nombres y continúan contando sus historias. Además, las investigaciones judiciales y los avances científicos han permitido, en algunos casos, entregar respuestas que durante décadas parecieron imposibles.
Pero todavía hay familias que esperan.
Esperan saber dónde estuvieron sus seres queridos.
Quieren saber qué ocurrió.
Esperan poder despedirse.
Por eso, recordar no significa solamente mirar hacia el pasado. También significa reconocer el dolor de quienes sobrevivieron a esas ausencias y comprender que la verdad y la memoria son parte fundamental de una sociedad democrática.
NO SON SOLO NOMBRES
Juan José. Renato. Luis. Cecilia. Sara. Michelle. Nilda. Carmen. Gloria.
Podrían ser solamente nombres en una lista.
Pero no lo son.
Cada uno representa una vida que existió y una familia que todavía recuerda.
Porque una persona puede ser arrancada de su hogar, de su trabajo, de sus estudios y de su vida cotidiana, pero no puede ser borrada de la memoria de quienes la amaron.
Este 30 de agosto, Chile vuelve a pronunciar sus nombres.
No para quedarse en el pasado.
Sino para recordar que hubo personas que desaparecieron, familias que nunca dejaron de buscar y preguntas que todavía necesitan respuestas.
Porque mientras alguien recuerde su nombre, nadie desaparece completamente.
LA BÚSQUEDA CONTINÚA
Más de cinco décadas después del golpe de Estado, la búsqueda de los detenidos desaparecidos continúa.
En 2023, el Gobierno de Chile presentó el Plan Nacional de Búsqueda de Verdad y Justicia, una política pública permanente destinada a esclarecer las circunstancias de la desaparición de las víctimas, determinar su paradero y entregar respuestas a sus familias.
El plan representa un cambio importante: el Estado asume la búsqueda como una responsabilidad permanente y deja de recaer exclusivamente en las familias.
Porque para quienes esperan, el tiempo no necesariamente significa cerrar una historia.







