Un equipo de investigadores de la Universidad de Chile detectó, por primera vez en la historia, señales de “tremores tectónicos” en la zona donde convergen las placas Antártica y Sudamericana, en el extremo sur de la Patagonia chilena.
Cabe señalar que el hallazgo entrega las primeras pistas directas sobre cómo se libera la energía en uno de los bordes de placas menos estudiados del planeta.
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TREMORES SÍSMICOS EN LA PATAGONIA
Los tremores tectónicos son señales sísmicas muy débiles y de larga duración, distintas a los terremotos que sentimos habitualmente. En vez de liberar energía de golpe con una sacudida brusca, corresponden a un tipo de “deslizamiento lento” entre las placas, algo así como un roce silencioso y prolongado en lugar de un choque repentino.
Estudiarlos es clave porque ayudan a entender cómo se acumula y libera la tensión entre placas, incluso en zonas donde nunca se ha registrado un gran terremoto.
El estudio fue liderado por la investigadora Kellen Azúa, junto a Sergio Ruiz, ambos del Departamento de Geofísica de la Universidad de Chile, y Satoshi Ide, de la Universidad de Tokio, y fue publicado este 2026 en la revista científica Geophysical Research Letters.
ZONA PRÁCTICAMENTE INEXPLORADA
El estudio explica que el límite entre las placas Antártica y Sudamericana, ubicado en el extremo sur de Chile, es uno de los bordes convergentes menos estudiados del mundo. Su aislamiento, la escasa población y la falta de caminos han dificultado instalar y mantener redes de instrumentos sísmicos en la zona.
Hasta ahora, no existía evidencia de grandes terremotos de interplaca en este sector, y la actividad registrada correspondía solo a sismos pequeños y superficiales.
Por lo anterior, se usaron datos de una red sísmica temporal instalada durante casi dos años, que identificó 1.540 episodios de tremor tectónico profundo, ocurridos entre los 30 y 40 kilómetros de profundidad, agrupados en tres grandes períodos de actividad separados por varios meses.
“Es la primera vez que se observan esas señales en esa zona y nos comienza a dar luces de lo que está pasando y cómo se está liberando la energía entre estas dos placas“, destacó la investigadora Kellen Azúa a la Universidad de Chile.
“CONVERSACIÓN” ENTRE LAS PLACAS
Uno de los hallazgos más relevantes es que estas señales se desplazan lentamente por el subsuelo, a velocidades de entre 5 y 20 kilómetros por día, un patrón de migración muy similar al observado en otras zonas de subducción del mundo, como Japón y Cascadia, en la costa oeste de Estados Unidos y Canadá.
“Lo que nos dice es que, efectivamente, estas placas están en contacto en profundidad, hay deformación y se está liberando energía, en este caso, de forma más lenta o más continua, en vez de la sismicidad típica que nosotros sentimos“, añade Azúa.
Los investigadores también notaron que la actividad de estos tremores aumenta y disminuye siguiendo el ritmo de las mareas oceánicas, un fenómeno conocido como modulación tidal. Esto confirma que las señales no vienen de la corteza más superficial, sino del contacto profundo entre placas.
LA IMPORTANCIA DE ENTENDER
“Este estudio es importante: nos permite conocer mejor la zona y avanzar en la caracterización del peligro sísmico que ocurre ahí”, concluye Sergio Ruiz.
Un dato aparte es que los primeros tremores tectónicos del mundo se descubrieron en Japón en el 2002, y desde entonces solo se han podido detectar en lugares con redes de sensores sísmicos muy densas.
Por eso, instalar esos equipos en la Patagonia chilena, una de las regiones más aisladas y con menos caminos del planeta, fue en sí mismo un desafío logístico mayor para los científicos.
En ese sentido, los investigadores plantean que se necesitarán redes sísmicas permanentes y de largo plazo para seguir monitoreando esta zona remota y comprender mejor cómo evoluciona esta actividad en el tiempo.







