Internacional

Ultraderecha crece en Alemania pero no gobierna

Mario López M.

El canciller de Alemania, Friedrich Merz Boceto creado con herramientas digitales
AfD volvió a crecer con fuerza en las elecciones regionales alemanas y confirmó su dominio en buena parte del antiguo territorio oriental. Sus resultados golpean a los partidos tradicionales, aunque el aislamiento político que mantienen las demás fuerzas continúa cerrándole el acceso al poder.

La ultraderecha crece y gana en Mecklemburgo-Pomerania Occidental con cerca del 37% y confirmó su dominio electoral en buena parte de la antigua Alemania Oriental. Berlín entregó la contracara con el triunfo de Die Linke, mientras los partidos tradicionales sufrieron un nuevo castigo y el canciller Friedrich Merz calificó de “desastre” el resultado de su CDU.

Alternativa para Alemania (AfD) obtuvo cerca del 37% de los votos en Mecklemburgo-Pomerania Occidental y se convirtió en la primera fuerza de un estado que perteneció a la comunista República Democrática Alemana hasta la reunificación de 1990.

El SPD, que gobierna allí desde hace casi tres décadas, resistió con alrededor del 35,5%. Mucho más atrás quedó la CDU del canciller Friedrich Merz: apenas 5,5%, el peor resultado de los democristianos en una elección regional de la Alemania de posguerra. El propio Merz utilizó una palabra para describirlo: “desastre”. De paso, descartó «retirarse»

Un fantasma recorre Alemania Oriental

Mecklemburgo-Pomerania Occidental no constituye una excepción. Dos semanas antes, AfD había conseguido un histórico 43,7% en Sajonia-Anhalt. Turingia, Sajonia y Brandeburgo también han mostrado durante los últimos años una fortaleza electoral de la derecha radical considerablemente superior a la registrada en buena parte de la antigua Alemania Federal.

Es una paradoja histórica notable. Los territorios sometidos durante cuatro décadas a un régimen comunista constituyen hoy el principal bastión de una fuerza ubicada en el extremo opuesto del espectro político. Pero concluir que los antiguos comunistas simplemente se volvieron ultraderechistas sería tan atractivo como equivocado. Entre ambas fotografías hay casi cuatro décadas de historia.

El Muro cayó pero quedaron cicatrices

La reunificación transformó radicalmente a la antigua RDA. Llegaron inversiones gigantescas, se modernizó infraestructura y con los años disminuyeron importantes diferencias de empleo e ingresos entre este y oeste.

Otras brechas sobrevivieron. En 2023, el patrimonio neto promedio de los hogares del este —incluido Berlín— alcanzaba unos 125.500 euros, frente a 257.100 en el oeste: menos de la mitad. Las empresas orientales continúan invirtiendo alrededor de 25% menos por trabajador y la región arrastra décadas de emigración de población en edad laboral, baja natalidad y envejecimiento.

A ello se suma un componente difícil de medir únicamente con estadísticas: la percepción de una parte de los alemanes orientales de que la reunificación se pareció también a una absorción por parte del oeste. AfD ha conseguido convertir buena parte de ese descontento en capital político, agregándole migración, costo de vida, rechazo a determinadas políticas federales y críticas al apoyo alemán a Ucrania.

El voto protesta cambió de dueño

Sin embargo, el rechazo al establishment desde la antigua RDA tampoco nació con AfD. Durante años fue Die Linke —y anteriormente el PDS, surgido de las ruinas del partido gobernante de Alemania Oriental— quien recogió una parte importante del voto crítico hacia el sistema político construido después de la reunificación.

La diferencia es que AfD consiguió disputar y luego conquistar amplios sectores de ese territorio electoral. Y la elección simultánea de Berlín mostró este domingo la complejidad del fenómeno. Allí fue precisamente Die Linke quien se convirtió en primera fuerza, con alrededor de 25%, mientras la CDU rondó el 20%. AfD también creció con fuerza y alcanzó aproximadamente 16%, mientras el SPD cayó hasta cerca del 12%.

Más que un simple giro de Alemania hacia la derecha, las urnas muestran por tanto otra cosa: los partidos que dominaron durante décadas el centro político alemán están perdiendo electores hacia direcciones completamente diferentes.

El castigo tampoco quedó limitado a los dos partidos históricos. Los Verdes retrocedieron en Berlín hasta alrededor del 16%, mientras en Mecklemburgo-Pomerania Occidental quedaron peligrosamente cerca del 5% necesario para conservar representación parlamentaria. El voto de protesta parece estar drenando apoyos desde buena parte del centro político hacia ambos extremos.

AfD gana pero no gobierna

El avance de AfD enfrenta todavía un obstáculo fundamental. Los demás partidos mantienen el denominado Brandmauer, el “cortafuegos” mediante el cual rechazan acuerdos de gobierno con la formación de ultraderecha. Eso significa que ganar una elección no garantiza necesariamente encabezar el gobierno regional.

En Mecklemburgo-Pomerania Occidental, pese a convertirse en primera fuerza, AfD continúa sin disponer de aliados suficientes para formar una mayoría. El problema para el resto del sistema político alemán es que mantener ese muro resulta cada vez más complejo a medida que crece quien permanece al otro lado.

Excluir de una coalición a una fuerza minoritaria es una cosa. Construir gobiernos permanentemente contra partidos capaces de obtener cerca del 40% de los votos plantea una dificultad política bastante mayor.

Un problema que supera al este

La jornada deja además a Friedrich Merz profundamente golpeado. Su CDU sufrió un resultado histórico en Mecklemburgo-Pomerania y perdió frente a Die Linke en Berlín, mientras el propio canciller enfrenta bajos niveles de popularidad y cuestionamientos sobre la marcha de sus reformas.

Y Alemania no es cualquier escenario europeo. Es la mayor economía de la Unión Europea y uno de sus principales centros de poder político. Su estabilidad resulta especialmente relevante mientras el continente enfrenta la guerra de Ucrania, las tensiones con Rusia, el debate sobre el rearme, dificultades económicas y una creciente discusión sobre migración.

De acuerdo a los resultados en Berlín, ni La Izquierda ni la CDU están en condiciones de gobernar por sí solas. La formación de una mayoría obligará a construir alianzas con otras fuerzas, lo que abrirá rápidas negociaciones y probablemente obligará a revisar posiciones y programas.

Por eso lo ocurrido este domingo supera largamente dos elecciones regionales. AfD volvió a ganar en el este. Die Linke conquistó Berlín. CDU, SPD y los verdes retrocedieron y el sistema tradicional recibió otra advertencia. El Muro desapareció en noviembre de 1989 y Alemania volvió a ser un solo país al año siguiente. La frontera dejó de existir. Pero, elección tras elección, sus cicatrices continúan apareciendo en las urnas.

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