Política

La normalidad en la medida de lo posible Por Víctor Maldonado R.

Víctor Maldonado R. Sociólogo

Licenciado en Sociología y Magíster en Ciencias Políticas, ambas de la Universidad de Chile.

José Antonio Kast
En política se puede enfrentar a un adversario por sus propuestas y sus acciones estableciendo un contrapunto con nuestras preferencias. Lo que no está permitido, si queremos un juego limpio, es atribuirle a otros ideas que no tienen y acciones que no han emprendido.

En política se puede enfrentar a un adversario por sus propuestas y sus acciones estableciendo un contrapunto con nuestras preferencias.

Lo que no está permitido, si queremos un juego limpio, es atribuirle a otros ideas que no tienen y acciones que no han emprendido.

Es lo que se llama “fabricar un hombre de paja”, una elaboración ficticia, hecha para destruirlo sin esfuerzo.

Por alguna razón, José Antonio Kast ha tenido la necesidad de decir, en una conferencia internacional de la derecha dura, que Boric “prometió que Chile sería el paraíso progresista y lo terminó convirtiendo en una pesadilla”.

Se trata de una acusación inmerecida. Boric nunca ha prometido perfección ni ha afirmado que gobernar le fuera a ser fácil. Tampoco se trata de que tengamos un gobierno que festeja cualquier minucia como éxito.

Basta con ver las intervenciones de Boric y Marcel en Enade para confirmar que no se festeja un crecimiento del 0,2% como la gran cosa ni se estaría “arrasando y destruyendo nuestras sociedades”, como dice Kast.

No se muestra una gran confianza en los argumentos propios cuando se necesita reemplazar al adversario por una caricatura fácil de denostar. El principal inconveniente de este proceder es que funde la crítica con el ataque a las personas. Así se agrega otro problema a los que ya tenemos.

Kast atribuye a Boric todos los defectos juntos, aun si ello no resulta compatible. A veces, se le pinta como un personaje obsesionado por llevar a Chile por un mal camino y, otras, como un flojo redomado que “sale a trabajar tarde, se va para la casa temprano e incluso hay días en que ni siquiera va a trabajar”.

Ahora, que nos enfrentamos a una verdadera emergencia, producida por el cruel asesinato de tres carabineros en la ruta a Cañete, nos damos cuenta de lo artificial de los recursos retóricos que mencionamos.

Estos despiadados crímenes, sin el acostumbrado reconocimiento de autoría, muestra que lo que se busca provocar es una respuesta igual de letal dirigida a una población inespecífica, escalando el conflicto en un tiempo muy breve. Por eso mismo, no es la opción que debemos tomar.

El mayor homenaje que podemos hacer a quienes sacrificaron sus vidas en defensa de la comunidad y el respeto a la ley es apartar a la comunidad de la exposición a la violencia y actuar dentro del respeto a la ley.

Es ahora cuando se decide qué tipo de política es la que mejor le sirve a Chile: avanzar hacia la normalidad o internarnos en el cultivo de las agresiones. Kast apuesta al conflicto porque es lo que le sirve, pero el punto está en saber qué es lo que le sirve más a Chile. El mayor peligro no está en lo que puedan hacer en adelante los más radicales, sino en que nosotros nos radicalicemos.

Mucho me equivoco o el nuestro es un país que se está cansando de centrarse en los desacuerdos y que está valorando mucho los avances políticos y económicos posibles, que, aunque sean limitados, resultan ser una mejora y un alivio.

El lema de “la normalidad en la medida de lo posible” se está demostrando como una meta muy exigente. Siempre lo fue, pero ahora lo estamos aprendiendo a valorar. La búsqueda de mayor sensatez ha llegado a ser movilizadora.

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