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Amanda Moutel, una joven y talentosa artista que busca recuperar las raíces del ayer y sueña con un nuevo estilo de danza-teatro

Santiago, Chile.

Mario López M.

Amanda, ya empinada en los 22, está casi a tiempo completo en la compañía de danza y siente que el sacrificio físico, vale la pena

Cuesta encontrar muchos jóvenes que se motiven, como opción de vida por el arte, cuaquiera sea su expresión. Más, por querer crear y entregar un aporte cultural a la sociedad.

Amanda Moutel Muller, es una de esas personas especiales, distintas, con identidad. De joven manifestó su interés por el desarrollo del arte, primero su motivación en el colegio, iba más por el lado de la educación física más que por las ciencias o las letras.

Prefería entrenar más que un esperado carrete de sábado por la noche. Danzar y compartir, más que fumar o beber, como lo suelen hacer muchos jóvenes a esa edad. Lo suyo siempre fue más trascendente y más rebelde que solo creer en figuras de expresión religiosa, fue conectarse con la energía, el entorno, la naturaleza, la comunidad, lo holístico y trascendente.

Así llegó, buscando desarrollo artístico y expresión física a estudiar teatro y luego a la danza, donde ha encontrado no solo una manera de expresarse, sino que, además, una manera de enfrentar su futuro.

Está encantada con la danza Barroco-Africano, que practica en una prestiogosa compañía de danza de Santiago. Sus presentaciones han sido un éxito. La última, a teatro lleno y con un público emocionado. Sabe que es una más del equipo, no tiene aires de diva, pero sí un tremendo amor propio por ser cada día mejor.

Qué te motivó a participar en esta apuesta Barroco Africano, cuando a tu edad (22), podrías estar en algo más típico en la onda musical entre otros jóvenes, como El pop, el reggaetón y el trap, por ejemplo.
– No entré a la Academia donde participo, buscando esta propuesta, específicamente, ahí la directora hizo esta propuesta de este tipo de baile, no es haya buscado el estilo Barroco Africano, aunque reconozco que esta compañía efectuaba proposiciones de arte exóticas.
Pero me llama mucho la atención la originalidad que plantea la propuesta, algo que va más allá de el reggaetón u otras expresiones que no tienen mucho sentido cultural o no son, como lo señala la misma directora, de contenido o “sanos”, por decirlo así, lo que habla mucho de la “enfermedad” del sistema, que llevan a otros caminos que son la desconexión del ser.
Entonces, todos estos montajes que hace la directora son una especie de recuerdos ancestrales o temas de actualidad, me llaman mucho la atención, porque creo que es algo no muy común en la danza. También me llevan a una observación de mi entorno y de mi ser personal.

Si ya estando en la Academia te motivó esta propuesta que no estaba en tus objetivos buscarla, entonces, ¿cuál era tu objetivo al entrar a la Academia de Danza?
– La verdad, solo ingresé con la intención de mejorar mi técnica de danza y de bailar en una compañía con la posibilidad de trabajar cierto tipo de obras, poder presentarlas y también ir conociendo ese lenguaje técnico, moderno contemporáneo y poder plantearse en un escenario en el cual incursionar para ver si era lo que realmente me gustaba como trabajo o no.

¿Y, tu conclusión, es realmente lo que te gusta?
– Sí, he descubierto que si. Antes de entrar aquí, no lo tenía tan claro, no estaba tan segura si dedicarme a la danza o no.

Cuando llega el fin de semana, estás con tu pareja y van a bailar, dónde van, qué tipo de música elijen, ¿o no van, derechamente?
– No vamos a bailar (ríe), he bailado toda la semana… él sí me acompaña cuando me presento en obras o me va a buscar a la Academia, pero nada más allá que eso.

Volvamos al estilo Barroco Africano, señalabas que no solo busca raíces históricas ancestrales, sino que también de actualidad. ¿Busca desafiar socialmente?
– Sí, ciertamente es innovadora, lleva a incomodar a las personas o a plantearles ciertos cuestionamientos o de repente llevarlos a recuperar, valorar lo importante de cosas que se han olvidado, como, por ejemplo, uno de los actos es el ritual en el ancestral Africano, que busca una rogativa para que lloviera, hoy nadie va a estar pensando en conectarse con la comunidad como para pedirle a la naturaleza la lluvia.
Esas cosas que expone la propuesta de nuestra directora, son verdaderos desafíos para interpretarlos y no solo expresión por expresión, por artística que sea.

¿Qué le dice tu música, este estilo de danza, esta expresión artística provocativa a la sociedad chilena hoy?
– El mensaje, es volver a la esencia, volver a uno mismo a conectarse y a volver a reconectar con la propia naturaleza, comunicarse con lo que realmente está pasando y que tiene relevancia, realmente, como la sequía, por ejemplo, o la depredación de la naturaleza y no con problemas secundarios.
Busca incomodar y llevar a las personas a cuestionarse todas estas propuestas que llevan a volver a relacionarse con uno mismo, la comunidad y el colectivo.

¿Crees que la gente capta eso?
– Eso es algo que me he cuestionado harto, porque siempre creo que las obras de danza no se comprenden tanto, como el teatro. Estudié teatro y era muy distinto. En la danza, de pronto me gustaría preguntarles a las personas que asisten si lo entendieron, eso, a pesar que previo a cada acto se explica qué se quiere representar.

¿Cuál es tu objetivo de participar en la danza, solo una expresión física o cultural o va más allá, pensando en el tiempo?
– Tengo distintos objetivos. Por lo pronto, entender el trabajo de bailarina, desde la disciplina, el rigor, mejorar los rasgos del cuerpo, son jornadas de muchas horas, es importante la parte física, la emocional, lo necesario para ir entendiendo las distintas destrezas, para decirlo de algún modo, coreografías, fases, musicalidades.
Por otro lado, saber cómo funciona una compañía en el escenario, pero también detrás de él, en los ensayos, cómo se crean propuestas, observar el papel de la directora, cómo se maneja y cómo se arma todo este espectáculo, que su estilo es muy similar a como funcionan las compañías europeas. Ese es mi enfoque actual.

¿Aspiras el día de mañana, a crear tu propia compañía?
– (Silencio)… Sí, me lo he planteado algunas veces, aunque ahora, en este momento no lo tenía tan “fresco”, pero creo que me interesaría mucho, porque para mí, me encantaría tener algo que me interesa, crear, hacer algo nuevo, aunque esto lo sea, siento que hay expresiones, cosas que nadie ha hecho y me gustaría hacerlo en mi compañía y eso lo entiendo como un desafío.
Me gusta mucho la combinación danza-teatro, me gustaría incursionar en eso y también como se expresa en el cuerpo la experiencia traumática, me gustaría sumarlo a esta danza-teatro, a esta forma de expresar, me interesan los movimientos de conciencia, que permita que las personas descubran ciertas cosas, algo que nunca he podido realmente exhibir en un espectáculo, un show, una obra.
Me interesa ser un aporte que perdure, que no esté vigente solo un par de años y nada más.

Volvamos a ti. ¿Cómo ha sido tu relación con tu entorno, estudios, amistades, jóvenes cuyos intereses son algo distintos, incluso en el tipo de música o profundidades? ¿Cómo te llevas con la gente de tu edad?
– (Silencio)… Aunque me relaciono con todos fácil, siento que, en general, no tengo los mismos intereses que la gente de mi edad. Me acostumbré a una disciplina distinta, más que un sábado para carretear, es para prepararme para entrenar, tratar de descansar para estar en forma. Nunca he fumado o tomado, no me motiva ese lado no tan carretero y, eso, no significa que no viva mi juventud, son solo maneras distintas de vivirla.
Aunque he ido a carretes y fiestas o algo así, me parecen súper fomes, en verdad.

Cuando se es minoría en la sociedad, no se hace los que todos los demás hacen “normalmente”, se suele mirar por los otros, la mayoría, lo que tú haces como algo extraño. Entonces requiere mucha fortaleza mantener la identidad y no sumarse a los demás para no ser mirado como “bicho raro”. ¿En qué basas esa fortaleza?
– Aunque no soy religiosa, tengo un camino espiritual muy importante, me hace mucho sentido la conexión con el universo, lo mío es una conexión de un Dios más energético que con una figura, un hombre, como lo vincula la iglesia.

Vamos a algo de actualidad. ¿Cuál es tu visión del feminismo?
– (Nuevamente silencio) Me interesa muchísimo la igualdad de género, siento que ha habido una gran “pasada a llevar” a la parte femenina, pero hace un poco de ruido de repente la extrema violencia para expresarlo y, aunque parezca un poquito muy “hippie”, ir hacia adentro y después superar esa realidad.
El que fueran las madres las que, de alguna manera enseñaran a sus hijas a limitarse y comportarse de una determinada manera restrictiva, fue parte de un arrastre, de la poca
conciencia, en que la propia mujer nunca se dio cuenta de su sometimiento e iba enseñando lo mismo, como medida transgeneracional.

Eres muy joven y, aparte de talentosa, aspiras a algo más que solo pasar en la vida, ¿cómo te ves en una decena de años más?
– No me veo en Chile para aquello en lo que me quiero formar. Hay cursos que me interesan además en otras cosas, como el estudio del trauma, terapias alternativas, la neurociencia y siento que acá, en Chile, todo está como muy “fome”, como muy dormido, como que no hay mucho de destacar de conciencia, otro tipo de energías, por eso no me llama tanto la atención.
Reconozco que estoy en una disyuntiva, para la danza, me interesa más Europa, pero para mi camino personal, que es también muy importante para mí, me llama mucho la atención un país como Costa Rica, la energía, me vincula a Costa Rica.
Si bien en la danza puedo no encontrar los que busco, en la parte de terapias holísticas, de vivir una vida distinta, sí, ese es el lugar.
Estoy viendo, estudiando, pensando qué es lo que me llama más, me importa más.

Le sugiero recordar el nombre, ya volverá a escuchar, ver o leer de ella, es una joven esperanza, que promete.

 

 

 

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