La eliminación de Egipto ante Argentina dejó algo más que una remontada dramática. También instaló una nueva polémica arbitral en un Mundial que, partido a partido, acumula reclamos, sospechas y decisiones discutidas.
Argentina venció 3-2 en octavos de final, luego de estar 0-2 abajo hasta los 79 minutos. Cristian Romero, Lionel Messi y Enzo Fernández dieron vuelta un partido que parecía sentenciado y mantuvieron con vida al campeón vigente.
Pero Egipto terminó mirando más al árbitro francés François Letexier que al marcador. El técnico Hossam Hassan acusó una “injusticia” y cuestionó varias decisiones, entre ellas un gol anulado y jugadas revisadas o no sancionadas por el VAR.
El reclamo egipcio
El delantero Mostafa Zico también elevó el tono. Para Egipto, no se trató solo de errores propios en los minutos finales, sino de un arbitraje que condicionó el desarrollo del encuentro.
Es cierto que quedar eliminado en los últimos minutos calienta a cualquier jugador, técnico o hincha. Más todavía cuando un gol anulado pudo cambiar la historia. En el fragor de una derrota mundialista, la protesta suele ser parte del paisaje.
Sin embargo, el problema para la FIFA no está solo en este partido. Está en la acumulación.
Cuando el río suena
Un reclamo aislado puede explicarse por la tensión de la competencia. Varios reclamos, en distintas fases y con distintos protagonistas, empiezan a construir otra historia.
Este Mundial ya venía arrastrando cuestionamientos por decisiones disciplinarias, intervenciones políticas, criterios arbitrales y el uso del VAR. Ninguno de esos episodios prueba por sí solo una falta de transparencia. Pero todos juntos alimentan una percepción incómoda. El caso más palmario es la llamada al presidente de la FIFA de Donald Trump y de la que se jactó en público. ¿Cambió una decisión arbitral? No. Pero si alteró la regla de la suspensión automática del jugador expulsado y eso, aunque no infirió en el resultado del encuentro, dejó una percepción de mancha que, a estas alturas no se repetía desde 1962.
Y en el fútbol, la percepción también juega.
La FIFA incorporó la tecnología para reducir el margen de error. Pero el VAR no eliminó las polémicas. Solo trasladó parte de la discusión desde el árbitro en cancha hacia los criterios de revisión, las imágenes elegidas y la interpretación final.
Una sombra sobre el torneo
Argentina sigue en carrera y lo hizo con una reacción futbolística notable. Eso no se discute. Estar 0-2 abajo y ganar 3-2 en una instancia mundialista exige carácter, jerarquía y eficacia.
Pero Egipto se va con una sensación amarga. No solo por haber tenido la clasificación en la mano, sino porque cree que el partido pudo tener otro desenlace. Y, que hubo jugadas y decisiones polémicas, sí. Las hubo.
Ahí está el punto central. No hay base objetiva para afirmar que hubo favoritismo. Pero no se discute que este partido suma otra controversia al Mundial. Y que, cuando las dudas se acumulan, la organización queda obligada a cuidar algo tan frágil como esencial: la credibilidad del campeonato.
Porque cuando el río suena, no siempre trae una verdad demostrada. Pero sí obliga a mirar con atención bajo el agua.






