Opinión

Eugenio Ortega Frei: La verdadera razón de los atentados de 1976 contra Orlando Letelier y Eduardo Frei Montalva

Santiago, Chile.

Eugenio Ortega Frei

PhD en Ciencia Política, University of Notre Dame. Director Ejecutivo del Centro Democracia y Comunidad.

Entre agosto y septiembre de 1976 se sucedieron dos intentos de asesinato por parte de la dictadura militar de Chile. El 13 de agosto de 1976, Eduardo Frei Montalva sufrió un intento de asesinato con una bomba en su auto. Eso sucedió cuando se encontraba cenando en la casa de Óscar Pinochet de la Barra y un vecino avisó sobre la presencia de desconocidos que revisaban los autos ubicados en las afueras. Como indica el parte de Carabineros al respecto, el GOPE constató que al costado de la puerta de la casa había una caja de zapatos envuelta en papel, que poseía un mecanismo de relojería en su interior, y que, en el parabrisas del auto del expresidente “había otro paquete de unos 20 x 10 x 4 cm, envuelto en el mismo papel y amarrado con cables eléctricos de 2 mm, los cuales entraban por el espacio que queda entre la carrocería y la puerta derecha del vehículo”. Carabineros detonó los objetos sospechosos y en el primero encontraron, además de los mecanismos, una pasta que parecía explosivo plástico.

El rol de los servicios de inteligencia en el intento de asesinato del expresidente queda claro en la declaración que Eduardo Frei Montalva entregó a la Policía de Investigaciones, en la cual indicó que “después de los incidentes (…) se retiró a su casa, en su automóvil, y con su esposa, escoltado por Carabineros. Y que al día siguiente, sin que se hubiese publicitado estos acontecimientos, recibió, en uno de los teléfonos de su domicilio, una llamada anónima, hecha por un hombre, quien le señaló ‘¡De esta te escapaste… de la próxima no!’”.

Un mes después, el 21 de septiembre de 1976, un atentado perpetrado bajo la misma modalidad (con explosivos) asesinó a Orlando Letelier y a Ronni Moffitt en Washington.

Durante años se ha especulado respecto de por qué la dictadura militar se atrevió a realizar un atentado en la capital de Estados Unidos, algo que obviamente no pasaría inadvertido. Incluso parecía ser un acto irracional, a pesar de que ya se había atentado contra Carlos Prats y su esposa en Argentina y en contra de Bernardo Leighton y su esposa en Italia.

Sin embargo, hay un antecedente que permite entender ello y para eso es necesario recordar que el 4 de junio de 1976 se realizó la asamblea general de la OEA en Santiago, con la participación de 23 cancilleres de América Latina, y a la que asistió Henry Kissinger (además de Cuba, que se había marginado de la organización, tampoco asistió México, en protesta contra la dictadura chilena). Una relectura al memorándum hoy desclasificado de la conversación entre Augusto Pinochet y Henry Kissinger realizada el 8 de junio, que ha pasado bastante desapercibido, entrega un verdadero entendimiento de por qué la dictadura realizó estas acciones.

La conversación entre Pinochet y Kissinger se concentró en dos temas: los Derechos Humanos y la prohibición a la venta de armas por parte de Estados Unidos a Chile, algo crucial para Pinochet en ese momento, dada la compleja relación que había con Perú. Kissinger partió su conversación señalando su simpatía por el gobierno chileno y explicando a Pinochet lo que plantearía en su discurso ante el plenario de la Asamblea de la OEA en materia de derechos humanos. Además, comentó el debate que se estaba produciendo en el Congreso de los Estados Unidos sobre la ayuda militar a Chile. Específicamente, Kissinger señaló que esperaban derrotar la enmienda que se discutía en el Congreso y que, tras ello, podrían entregar los aviones de combate F-5 prometidos a Chile.

Por su parte, Pinochet respondió que “estaban retornando a la institucionalización paso a paso, pero somos constantemente atacados por los democratacristianos. Ellos tienen una voz fuerte en Washington. No en la gente del Pentágono, pero tienen acceso al Congreso. Gabriel Valdés tiene acceso. También Letelier”. A lo que Kissinger contestó que “yo no he visto a un democratacristiano en años”, lo que fue reiterado más adelante en la conversación, puntualizando que “no he visto a uno desde 1969”.

Tras esto, la conversación se concentró en el tema de las enmiendas presentadas en el Congreso americano y los efectos que esto tendría para Chile, la posibilidad de una guerra con Perú. Como señala J.R. Bawden en Cutting Off the Dictator: The United States Arms Embargo of the Pinochet Regime, 1974-1988, la mayor parte de la conversación se trató sobre Perú y aunque Kissinger agradeció a Pinochet por haber depuesto a Salvador Allende, le explicó que el tema de los derechos humanos había afectado la situación de las relaciones y sinceró que, en realidad, no podían hacer mucho por evitar que el Congreso estadounidense restringiera las ventas de armas. Un mes después de la conversación Kissinger-Pinochet, el embajador chileno ante Estados Unidos, Manuel Trucco, y el miembro de la Junta Militar, almirante José Toribio Merino, se reunieron con el asesor de seguridad nacional Brent Scowcroft, en la Casa Blanca, para hablar del mismo tema, pero tuvieron la misma respuesta: que la administración Ford no podía hacer mucho.

¿Cuál era la situación en la administración Nixon-Ford y en el Congreso norteamericano con respecto a la asistencia militar a Chile? En 1974 la administración Nixon solicitó (para el año presupuestario 1975), US$ 85 millones en ayuda bilateral para Chile, lo que incluía US$ 20 millones de créditos para ventas militares. El senador norteamericano Ted Kennedy presentó una enmienda para terminar la asistencia militar, que fue aprobada por 47 a 41. Pese a que en el año 1975 la administración Ford no solicitó financiamiento al Congreso para ayuda militar a Chile, aprobó diversas ventas de armas por aproximadamente US$ 15 millones. De la misma forma, se entregaron más de US$ 91 millones en ayuda en comida, fertilizantes y equipos agrícolas (el doble de lo que se entregó al siguiente país latinoamericano que obtuvo más recursos).

En febrero de 1976, el senador Ted Kennedy insistió, solicitando la prohibición completa no solo de ayuda militar, sino también de toda venta de armas a Chile. A pesar de la vehemente oposición de senadores del partido Republicano (Barry Goldwater, Jesse Helms, James Buckley, Strom Thurmond y John Tower), la legislación se aprobó por 48 a 39. Por su parte, Jesse Helms presentó un proyecto para entregarle autoridad al presidente de terminar con el embargo de armas si mejoraba la situación de derechos humanos.

Finalmente, en marzo de 1976 se comenzó a ver el proyecto en la House of Representatives (Cámara de Diputados) y el 22 de junio de 1976, pocos días después de la conversación de Kissinger y Pinochet, se aprobó por 258 a 146 votos el proyecto de ley que cortó las ventas militares comerciales a Chile, como también la asistencia general que se había aprobado por el Banco de Exportaciones e Importaciones. Ocho días después entró en vigor la ley, haciendo inelegible a Chile para comprar armas en Estados Unidos hasta que el Congreso estadounidense certificara que el patrón de violaciones a los derechos humanos hubiera terminado en nuestro país. De esta forma, el embargo de armas se mantendría hasta el final de la administración Ford y, de ganar Jimmy Carter la elección presidencial, su levantamiento se veía como incluso más improbable.

Como sostuvo Raúl Sohr en su artículo “La herencia militar de Pinochet”, la enmienda Kennedy significó, entre muchas otras cosas, que el F-5 Tiger II de la empresa norteamericana Northrop se quedara sin repuestos en el mercado formal. “La prohibición se mantuvo a lo largo de la dictadura y solo fue levantada con el restablecimiento de la democracia y la condena de Manuel Contreras por su responsabilidad en los hechos. Así, Chile fue obligado a conseguir buena parte de sus insumos militares en el mercado negro. Ello significó pagar precios mucho más altos. Algunas estimaciones sitúan en más de mil millones de dólares lo que el erario público debió desembolsar a causa de los sobreprecios. Además, los elementos adquiridos en el mercado informal carecen de garantías, de manera que hay mayor incertidumbre a la hora de utilizar los equipos”.

La reacción de los militares chilenos fue furibunda, tanto con Estados Unidos como contra los opositores a la dictadura y fue en ese contexto que se produjeron, primero, el intento de asesinato de Eduardo Frei Montalva, el 13 de agosto de 1976, y, un mes después, el 21 de septiembre de 1976, el asesinato de Orlando Letelier y Ronni Moffitt en Washington. Con la investigación del FBI que llegó a la conclusión que la DINA había planeado y ejecutado el atentado a Orlando Letelier en Washington DC, la relación de Estados Unidos y Chile se enfrió aún más durante la administración del presidente Jimmy Carter. Sin embargo, todo cambiaría con la llegada de Ronald Reagan a la presidencia de Estados Unidos en 1980.

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