Estados Unidos insiste en que su operación militar en el estrecho de Ormuz tiene carácter defensiva y no busca un enfrentamiento directo con Irán, en medio de una rápida escalada de tensiones en la región del Golfo Pérsico.
Desde el Pentágono, autoridades estadounidenses enfatizaron que el operativo —conocido como “Proyecto Libertad”— tiene como objetivo garantizar la seguridad de las rutas marítimas internacionales, tras denuncias de hostigamiento iraní a buques comerciales y militares.
Escalada en las últimas horas
El pronunciamiento de Washington se produce tras una serie de incidentes ocurridos entre el 3 y 5 de mayo que han elevado significativamente la tensión.
Durante el fin de semana, se reportaron ataques de lanchas rápidas contra embarcaciones en el estrecho de Ormuz, uno de los principales puntos de tránsito energético del mundo.
Posteriormente, fuerzas iraníes lanzaron misiles y drones contra buques estadounidenses y objetivos en países aliados de Estados Unidos en la región, incluyendo instalaciones petroleras en Emiratos Árabes Unidos, en lo que ha sido interpretado como una respuesta directa al despliegue militar estadounidense.
A su vez, Estados Unidos respondió con operaciones defensivas, incluyendo la neutralización de amenazas marítimas y el hundimiento de embarcaciones iraníes que realizaban maniobras consideradas hostiles.
EE.UU.: “no buscamos una guerra”
Pese a este escenario, autoridades estadounidenses insistieron en que la misión no tiene un carácter ofensivo. Ello, porque no quiere quemar puentes -el tiempo se agota para Trump- y porque debería contar con la venia del Congreso, si es «continuidad de conflicto».
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, señaló que la operación busca proteger el tránsito marítimo y asegurar el comercio global, subrayando que Estados Unidos no pretende escalar el conflicto con Irán.
En esa línea, Washington ha sostenido que las acciones iraníes se mantienen “por debajo del umbral” que justificaría una respuesta militar de mayor escala, lo que ha permitido, por ahora, mantener una frágil tregua en la región.
Una zona bajo presión
El estrecho de Ormuz se ha convertido en el principal foco de tensión entre ambos países. Se trata de una vía estratégica por donde circula cerca de un tercio del petróleo mundial, lo que convierte cualquier alteración en su funcionamiento en un factor de impacto global.
Desde marzo, el conflicto entre Estados Unidos e Irán ha derivado en un bloqueo parcial del paso marítimo, acompañado de operaciones militares, amenazas cruzadas y ataques a infraestructura energética en países vecinos.
Escenario abierto
Pese a los intentos de ambas partes por evitar una escalada mayor, los recientes ataques y contraataques han dejado en evidencia la fragilidad del equilibrio actual.
Mientras Estados Unidos insiste en el carácter defensivo de su operación, Irán ha advertido que continuará respondiendo a cualquier presencia militar extranjera en la zona.
El resultado es un escenario de alta tensión, donde el riesgo de una escalada mayor sigue latente en una de las regiones más sensibles para la economía global.







