Internacional

Netanyahu enfrenta el desgaste de su liderazgo en Israel

Javiera Sanzana

Periodista

Netanyahu
Benjamín Netanyahu, primer ministro israelí (Foto: Shaul Golan/Pool/AFP)
Como en anteriores campañas electorales, Benjamin Netanyahu, de 77 años, ha situado la seguridad en el centro de su discurso político.

Benjamin Netanyahu, conocido durante años como el “Rey Bibi”, atraviesa una etapa compleja en su trayectoria política. Aunque sus seguidores todavía lo llaman “Bibi”, su imagen pública muestra un desgaste significativo, según diversas encuestas internas.

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En este contexto, la mayoría de los israelíes ha respaldado la ofensiva contra el enclave palestino, cuyo territorio quedó devastado por la guerra. Sin embargo, el manejo del conflicto genera profundas divisiones. Si bien Netanyahu conserva una base importante de apoyo, sus críticos cuestionan la falta de una estrategia clara a largo plazo y sus iniciativas contra el Estado de derecho.

LA GUERRA COMO HERRAMIENTA PARA “CAMBIAR ORIENTE MEDIO”

Como en anteriores campañas electorales, Benjamin Netanyahu, de 77 años, ha situado la seguridad en el centro de su discurso político. Esta vez, el primer ministro destaca las operaciones militares que impulsó tras los ataques del 7 de octubre de 2023 y que dieron paso a un conflicto en varios frentes que ya se prolonga durante tres años.

Desde Gaza, donde la guerra ha causado más de 74.000 muertes, hasta el Líbano, Siria e Irán, Netanyahu exhibe los resultados de las ofensivas israelíes como uno de los principales logros de su gestión. Conocido por su postura de “halcón” en materia de seguridad, el mandatario ha promovido una estrategia basada en campañas militares prolongadas y en la expansión de zonas ocupadas y áreas de “seguridad” en territorios vecinos.

En consecuencia, el primer ministro insiste desde hace meses en una misma idea: “Hemos cambiado Oriente Medio”.

No obstante, los avances militares no necesariamente se han traducido en resultados políticos duraderos. Una parte de la ciudadanía cuestiona que Netanyahu no haya conseguido la “victoria total” que prometió contra Hamás y Hezbolá. Asimismo, sus detractores le reprochan que Estados Unidos lo haya dejado al margen de las negociaciones con Irán.

A estas críticas se suma su política de asentamientos en Cisjordania ocupada, donde la violencia de los colonos contra la población palestina ha aumentado. El año pasado, Netanyahu reafirmó su postura con una declaración tajante: “no habrá ningún Estado palestino en la orilla occidental del Jordán”.

Pese a las controversias, su partido, el Likud, ha conservado el poder casi ininterrumpidamente desde 2009. Netanyahu también logró mantener su coalición durante cuatro años, un periodo excepcional en la política israelí. Así, contra numerosos pronósticos, su Gobierno resistió las turbulencias que siguieron a los ataques del 7 de octubre.

Sin embargo, aquella jornada también debilitó su imagen de “señor Seguridad”. Muchos israelíes le atribuyen parte de la responsabilidad por los fallos de las autoridades que permitieron el ataque de Hamás. Entre las familias de las víctimas, además, generó indignación su afirmación: “no me despertaron la mañana del ataque”.

Por ello, familiares de las víctimas y sectores de la oposición exigen una comisión de investigación independiente que esclarezca las fallas de seguridad que facilitaron la incursión desde la Franja de Gaza, en la que murieron alrededor de 1.200 israelíes. La oposición incluso ha convertido esta demanda en una de sus principales prioridades políticas.

Netanyahu, en cambio, rechaza esa iniciativa y enfrenta, al mismo tiempo, sus propios procesos judiciales.

NUMEROSOS PROBLEMAS JUDICIALES

Los problemas legales de Benjamin Netanyahu se remontan a 2020, cuando comenzó su juicio por tres casos en los que la Fiscalía lo acusa de corrupción, fraude y abuso de confianza. Seis años después, el proceso continúa. El mandatario niega las acusaciones y sostiene que enfrenta una persecución política, a la que describe como una caza de brujas.

En un intento por cerrar este capítulo, el primer ministro saliente solicitó un indulto al presidente Isaac Herzog. Donald Trump respaldó la iniciativa, pero la petición no prosperó.

A la controversia judicial se suma el llamado Qatargate, un caso que involucra a colaboradores de Netanyahu por sus presuntos vínculos financieros con Catar. La polémica resulta especialmente delicada porque Doha alberga la oficina política de Hamás y, durante años, ha destinado importantes sumas de dinero a Gaza para financiar el suministro eléctrico, los salarios de funcionarios y la administración del territorio bajo el movimiento islamista.

En el plano internacional, la situación de Netanyahu también se ha complicado. La Corte Penal Internacional emitió una orden de detención contra él por presuntos crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad. Además, diversas organizaciones no gubernamentales y dirigentes internacionales han acusado a Israel de cometer genocidio y limpieza étnica durante la ofensiva en Gaza, en medio de una devastación que ha generado una fuerte condena internacional.

¿ES BENJAMIN NETANYAHU UNA FIGURA IMPRESCINDIBLE?

Para una generación de jóvenes israelíes, Netanyahu ha sido una presencia constante al frente del Gobierno. Ocupó el cargo entre 1996 y 1999, regresó en 2009 y permaneció hasta 2021. Posteriormente, en 2022, inició un nuevo mandato.

Nacido en Tel Aviv en 1949, Netanyahu creció en una familia vinculada a las corrientes ideológicas de la derecha. Su padre trabajó como asistente de Zeev Jabotinsky, una figura histórica del nacionalismo de derechas y uno de los principales referentes del concepto de “Gran Israel”.

En agosto de 2025, durante una entrevista con el canal i24News, Netanyahu manifestó que adhería “por completo” a esa idea. Además, describió su papel político en términos de una misión histórica y espiritual. Sus partidarios comparten esa visión y algunos consideran que el mandatario cumple “una misión divina”.

Estas convicciones adquieren especial relevancia ante las próximas elecciones, en las que la sociedad israelí deberá decidir qué rumbo político quiere seguir: profundizar el giro hacia la derecha y una mayor influencia religiosa o buscar una alternativa.

Netanyahu defiende, ante todo, su concepción de Israel como “Estado judío” y mantiene desde hace décadas una firme oposición al proceso de paz con los palestinos. A esa visión también se suma una historia familiar marcada por la muerte de su hermano Yoni, quien falleció en 1976 durante una operación militar para liberar rehenes israelíes en Entebbe, Uganda.

Sin embargo, las encuestas indican que una mayoría de los israelíes quiere que Netanyahu abandone el poder. Pese al creciente desgaste, el dirigente conserva un respaldo considerable entre los sectores más fieles del Likud. Su larga experiencia electoral también le permite confiar en su capacidad para revertir escenarios adversos, incluso cuando los pronósticos no lo favorecen.

En esta ocasión, uno de sus principales rivales es Gadi Eisenkot, antiguo jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel.

Netanyahu acumula cerca de 19 años al frente del Gobierno y asumió el liderazgo del Likud en 1993. Desde entonces, el partido ha defendido una línea nacionalista y liberal en materia económica. El dirigente llegó por primera vez a la jefatura del Ejecutivo a los 46 años y, con el paso del tiempo, consolidó su influencia sobre la colectividad.

Las últimas primarias del Likud, celebradas el verano pasado, volvieron a demostrar el control que ejerce sobre la organización. No obstante, ese dominio también ha coincidido con el crecimiento de la extrema derecha nacionalista y religiosa. De hecho, Netanyahu encabeza actualmente el Gobierno más derechista de la historia de Israel.

Aun así, dentro de su propio sector han surgido voces críticas. Algunos cuestionan que haya debilitado al Likud al conceder demasiado poder a los partidos religiosos para mantener su coalición. Entre sus aliados figuran sectores ultraortodoxos que buscan quedar exentos del servicio militar, una cuestión que provoca fuertes divisiones sociales después de tres años de conflicto.

La trayectoria militar de Netanyahu también ha generado comparaciones. Durante su juventud, a finales de la década de 1960, integró una unidad de élite. Sus dos hijos, en cambio, no han cumplido funciones como reservistas, mientras que el mayor recibió críticas por mantener un estilo de vida lujoso en Miami durante la guerra.

NETANYAHU, AISLADO EN LA ESCENA INTERNACIONAL

La formación y experiencia internacional de Benjamin Netanyahu han marcado su manera de ejercer el poder. Durante parte de su infancia y juventud vivió en Estados Unidos y estudió en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Su dominio del inglés, además, le ha permitido desenvolverse con facilidad en los medios estadounidenses y en los principales foros diplomáticos.

Durante años, Netanyahu destacó como uno de los portavoces más eficaces de Israel en el extranjero. Sin embargo, su posición internacional se ha debilitado considerablemente. En la Asamblea General de Naciones Unidas, sus intervenciones generan fuertes controversias y, en ocasiones, algunos delegados abandonan la sala cuando comienza a hablar.

Actualmente, el primer ministro cuenta con el respaldo de ciertos dirigentes de extrema derecha, pero enfrenta un creciente aislamiento diplomático. Además, mantiene una confrontación constante con organismos internacionales, a los que acusa de adoptar posiciones hostiles contra Israel, especialmente después de que varios países reconocieran al Estado palestino en 2025.

Ante este escenario, Netanyahu ha reforzado su apuesta por Estados Unidos, su principal aliado internacional. A lo largo de su carrera, ha mantenido una relación estrecha con Washington y, en particular, con Donald Trump. El mandatario israelí ha intervenido cuatro veces ante el Congreso estadounidense, mientras que el Gobierno estadounidense ha evitado criticar públicamente a Israel en numerosas ocasiones.

Sin embargo, la relación entre ambos dirigentes también ha atravesado momentos de tensión durante los últimos meses. Trump llegó a calificar a Netanyahu como “maldito chiflado”, aunque posteriormente le prometió una victoria contundente en las elecciones y le expresó su “apoyo pleno y total”.

LAS ELECCIONES Y EL FUTURO DE LAS INSTITUCIONES ISRAELÍES

Las elecciones previstas para el próximo 27 de octubre podrían marcar un punto de inflexión para Israel. Para algunos sectores de la sociedad, el resultado determinará no solo quién gobierna, sino también el futuro de las instituciones democráticas del país.

Antes de 2023, Netanyahu impulsó una reforma judicial que provocó multitudinarias protestas. Miles de ciudadanos salieron a las calles para defender la independencia de los tribunales y el Estado de derecho, al considerar que los cambios propuestos concentrarían demasiado poder en el Ejecutivo.

En paralelo, los partidarios de Bibi intensificaron sus críticas contra el llamado “Estado profundo” y dirigieron sus ataques hacia las élites políticas, los funcionarios y otros sectores que cuestionan al Gobierno. En ese ambiente también ganó fuerza la denominada “máquina de veneno”, una expresión utilizada para describir las campañas de desprestigio contra los adversarios políticos.

Netanyahu sostiene reiteradamente que la prensa, las organizaciones no gubernamentales, los altos funcionarios y otras instituciones de control forman parte de un sistema que conspira contra él. Sus cuestionamientos también alcanzan a la Corte Suprema, mientras sus seguidores denuncian lo que consideran un exceso de poder por parte de los jueces.

Esta retórica forma parte de una estrategia política que enfrenta a Netanyahu con distintos contrapoderes del Estado y profundiza la polarización social.

En definitiva, el futuro del “Rey Bibi” dependerá de su capacidad para conservar el respaldo de sus aliados, responder a las críticas por la gestión de la guerra y afrontar los procesos judiciales que amenazan su legado. Su trayectoria demuestra que sabe resistir las crisis políticas, pero el desgaste de su liderazgo plantea interrogantes sobre cuánto tiempo podrá mantenerse al frente de Israel.

Su postura frente a la prensa también refleja esa confrontación permanente con sus críticos. Como ha señalado el propio Netanyahu, prefiere “un mal editorial a un bonito elogio fúnebre”.

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