Nacional y economía

11 de septiembre: a 53 años del Golpe de Estado, Chile vuelve a mirar su historia

Javiera Sanzana

Periodista

Durante esos 17 años se registraron ejecuciones políticas, desapariciones forzadas, detenciones, torturas, prisión política y exilio.

Este viernes se cumplen 53 años del golpe de Estado de 1973, jornada que puso fin al gobierno de Salvador Allende y dio inicio a 17 años de dictadura.

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A más de cinco décadas del golpe , las cifras oficiales dan cuenta de miles de víctimas de violaciones a los derechos humanos, mientras sus historias continúan formando parte de la memoria del país.

EL 11 DE SEPTIEMBRE DE 1973

La mañana del martes 11 de septiembre de 1973, el Presidente Salvador Allende llegó cerca de las 07:30 horas al Palacio de La Moneda, luego de conocer la sublevación de la Armada en Valparaíso.

Cerca de las 09:00 horas se emitió el primer bando militar, que exigía la renuncia del Mandatario y la entrega del gobierno a una Junta Militar. La integraron Augusto Pinochet, por el Ejército; Gustavo Leigh, por la Fuerza Aérea; José Toribio Merino, por la Armada; y César Mendoza, por Carabineros. 

Allende rechazó abandonar el cargo y realizó sus últimas intervenciones públicas a través de las radios Magallanes y Corporación.

Durante la mañana, las Fuerzas Armadas tomaron el control de distintos puntos del país. Cerca del mediodía, aviones Hawker Hunter de la Fuerza Aérea bombardearon el Palacio de La Moneda.

Poco después de las 14:00 horas se confirmó la muerte del Presidente.

Ese día terminó el gobierno de la Unidad Popular y comenzó un régimen militar que se extendió hasta marzo de 1990.

17 AÑOS DE DICTADURA

Tras el golpe de Estado, la Junta Militar concentró el poder y comenzó un período marcado por la suspensión de las libertades civiles, la persecución política y graves violaciones a los derechos humanos.

Durante esos 17 años se registraron ejecuciones políticas, desapariciones forzadas, detenciones, torturas, prisión política y exilio.

La represión se extendió por distintas regiones del país y se utilizaron numerosos centros de detención. Entre ellos estuvieron el Estadio Nacional, Villa Grimaldi, Londres 38 y la Isla Dawson.

La dictadura terminó institucionalmente el 11 de marzo de 1990, cuando asumió la Presidencia Patricio Aylwin, luego del triunfo de la opción “No” en el plebiscito de 1988 y de las elecciones presidenciales de 1989.

LAS CIFRAS OFICIALES DE LAS VÍCTIMAS

Tras el retorno a la democracia, el Estado creó distintas comisiones para investigar y reconocer a las víctimas de las violaciones a los derechos humanos.

La Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación, conocida como Comisión Rettig, investigó los casos de personas ejecutadas y desaparecidas por razones políticas. Posteriormente, otros procesos de calificación incorporaron a víctimas de prisión política y tortura.

En el registro oficial, 3.227 personas fueron reconocidas como víctimas de ejecución política o desaparición forzada durante el período. Dentro de ese universo se encuentran los casos de detenidos desaparecidos y ejecutados políticos.

El registro es distinto cuando se consideran todas las categorías de violaciones a los derechos humanos reconocidas por el Estado. De acuerdo con información del Programa de Derechos Humanos recogida por el Archivo Nacional, 40.175 personas han sido calificadas oficialmente como víctimas, considerando ejecutados políticos, detenidos desaparecidos y víctimas de prisión política y tortura. 

Además, el Estado mantiene actualmente el Plan Nacional de Búsqueda de Verdad y Justicia, una política pública permanente cuyo objetivo es esclarecer las circunstancias de desaparición y/o muerte de las víctimas de desaparición forzada. 

En el marco de este trabajo, la revisión oficial realizada por el Plan Nacional de Búsqueda estableció un universo de 1.469 personas detenidas desaparecidas y ejecutadas políticas sin entrega de cuerpos, de las cuales 1.092 corresponden a detenidos desaparecidos y 377 a ejecutados sin entrega de cuerpos. 

DETRÁS DE CADA CIFRA, UNA HISTORIA

Pero los números, aunque necesarios para dimensionar la magnitud de lo ocurrido, no alcanzan para contar completamente esta historia.

Detrás de cada registro hay una persona.

Alguien que tenía una familia, amigos, un trabajo, proyectos y una vida que continuaba hasta que la violencia política irrumpió en ella.

Hay madres que esperaron durante años. Hijos que crecieron sin volver a ver a sus padres. Hermanos que buscaron respuestas. Familias que conservaron fotografías, cartas y documentos como parte de una historia que no querían dejar desaparecer.

Por eso, para muchas familias el 11 de septiembre no es solamente una fecha histórica.

Es también un recuerdo personal.

UNA MEMORIA QUE SIGUE PRESENTE

A 53 años del golpe de Estado, la fecha continúa generando distintas interpretaciones políticas y sociales. Cada septiembre vuelven las discusiones sobre las causas que llevaron al quiebre democrático, el gobierno de la Unidad Popular, el papel de las Fuerzas Armadas y las consecuencias de la dictadura.

Pero existe otra dimensión que trasciende la discusión política: la memoria de las víctimas y el derecho de sus familias a conocer la verdad sobre lo ocurrido.

El propio Plan Nacional de Búsqueda reconoce que esclarecer las circunstancias de desaparición y muerte constituye una obligación del Estado y un derecho de los familiares y de la sociedad chilena. 

Y esa búsqueda continúa.

Porque para una familia, saber qué ocurrió con un ser querido después de 53 años no pertenece solamente al pasado.

53 AÑOS DESPUÉS

El 11 de septiembre de 1973 marcó uno de los quiebres más profundos de la historia contemporánea de Chile.

Cinco décadas después, sus consecuencias siguen presentes en los tribunales, en los archivos, en los sitios de memoria y, sobre todo, en las familias.

Recordar no significa que todos deban tener la misma interpretación política sobre aquel período.

Significa reconocer que hubo personas que fueron asesinadas, desaparecidas, torturadas, encarceladas y perseguidas, y que sus historias forman parte de la historia de Chile.

Porque detrás de cada cifra hubo un nombre. Detrás de cada nombre, una vida. Y detrás de cada vida, una familia que tuvo que aprender a vivir con una ausencia.

Este 11 de septiembre, Chile vuelve a mirar hacia atrás. No solamente para recordar cómo cambió su historia, sino también para preguntarse qué hace hoy con esa memoria.

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