Esa es la pregunta que muchos se están haciendo después de las masivas movilizaciones estudiantiles que se registraron esta semana en Santiago y otras ciudades del país.
Y junto con esa pregunta apareció otra frase que se ha repetido muchísimo en redes sociales: “Estuvieron cuatro años callados con Boric y ahora recién salen a marchar”.
Pero la realidad es bastante más compleja que eso.
LOS RECORTES QUE ENCENDIERON LAS ALARMAS
Las movilizaciones estudiantiles de estos días tienen relación directa con los anuncios de ajuste fiscal impulsados por el Gobierno de José Antonio Kast. Apenas asumió la presidencia en marzo de este año, el Ejecutivo instruyó un recorte transversal del 3% en el presupuesto de todos los ministerios, como parte de un plan más amplio para reducir el gasto público en cerca de 6 mil millones de dólares durante los próximos 18 meses.
Aunque el gobierno ha insistido en que no pretende eliminar derechos educacionales, las organizaciones estudiantiles han manifestado preocupación por los efectos que estos ajustes podrían tener en programas de apoyo, becas, financiamiento de instituciones públicas y beneficios asociados a la educación.
La tensión aumentó aún más cuando se conocieron documentos de trabajo del Ministerio de Hacienda que sugerían evaluar reducciones o modificaciones en distintos programas estatales. Entre ellos apareció incluso el Programa de Alimentación Escolar, una situación que provocó críticas desde distintos sectores políticos y que posteriormente fue relativizada por el propio gobierno.
Además, desde el movimiento estudiantil existe preocupación por eventuales cambios que podrían afectar beneficios conquistados durante años de movilizaciones, como la gratuidad en la educación superior. Voceros estudiantiles han señalado que existe incertidumbre respecto de cómo impactarán los ajustes presupuestarios en el sistema educacional durante el segundo semestre.
Por eso miles de estudiantes secundarios y universitarios salieron a las calles bajo una consigna bastante clara: defender la educación pública frente a los recortes anunciados por el Ejecutivo.
LA CRÍTICA QUE SE REPITE EN REDES SOCIALES
Ahora bien, ¿es verdad que durante el gobierno de Gabriel Boric los estudiantes estuvieron cuatro años sin movilizarse?
No exactamente.
Hubo protestas estudiantiles durante ese período, especialmente vinculadas a problemas de infraestructura en establecimientos, demandas por financiamiento, salud mental, convivencia escolar y otras materias. Sin embargo, no existió un conflicto nacional de gran escala relacionado con recortes presupuestarios a la educación como el que denuncian hoy las organizaciones estudiantiles. Durante el gobierno de Boric, la línea general fue mantener y fortalecer políticas como la gratuidad y el financiamiento de la educación pública, más que impulsar reducciones de gasto en esa área.
¿SE TRATA DE EDUCACIÓN O DE POLÍTICA?
Por eso quienes participan en las movilizaciones actuales sostienen que el motivo de las protestas no es simplemente quién ocupa La Moneda, sino las medidas concretas que consideran una amenaza para la educación pública.
Por supuesto, los críticos responden que existe un componente ideológico en las movilizaciones y que el movimiento estudiantil fue menos duro con Boric que con otros gobiernos. Esa discusión probablemente seguirá abierta.
Lo que sí es un hecho es que la convocatoria de esta semana fue la primera gran movilización social que enfrenta José Antonio Kast desde que asumió la Presidencia hace apenas tres meses, y tuvo como eje central el rechazo a los recortes presupuestarios y a las políticas de austeridad impulsadas por su administración.
UNA DISCUSIÓN QUE RECIÉN COMIENZA
Más allá de las distintas interpretaciones políticas, las movilizaciones estudiantiles volvieron a instalar en el debate público una pregunta de fondo: cuál será el impacto real de los ajustes presupuestarios en la educación chilena.
Y mientras esa respuesta siga siendo motivo de incertidumbre, todo indica que la discusión —y probablemente también las movilizaciones— está lejos de terminar.







