Respaldado por la aprobación de la denominada megarreforma y el Imacec de junio (2,4%), el Presidente José Antonio Kast utilizó la cadena nacional para instalar un cambio de etapa en su administración. El Mandatario presentó el crecimiento económico y la seguridad como los dos pilares que marcarán la segunda parte de su gobierno, mientras emplazó al Congreso a aprobar antes de Navidad un nuevo paquete de más de 30 iniciativas contra el crimen organizado.
Lejos de concentrarse únicamente en la reciente aprobación de la Ley de Reconstrucción Nacional y Desarrollo Económico y Social, Kast intentó presentar ese hito como el inicio de un nuevo ciclo político y económico para el país.
«La reforma abre una nueva etapa para el progreso de Chile», sostuvo el Mandatario al destacar que la iniciativa fue aprobada tras cuatro meses de tramitación parlamentaria y constituye, a su juicio, uno de los cuerpos legales más relevantes de las últimas tres décadas.
Economía como carta de presentación
El Presidente estructuró la primera parte de su mensaje en torno a los beneficios que atribuye a la reforma tributaria recientemente despachada.
Enumeró la reducción de impuestos a la inversión, el término de la doble tributación, la liberación temporal del IVA para viviendas nuevas destinadas a unas 100 mil familias, la exención de contribuciones para adultos mayores de 65 años y la agilización de permisos administrativos para proyectos de inversión.
En esa línea, lanzó uno de los mensajes políticos más directos de la noche al sostener que «llegó la hora de dejar de administrar la mediocridad» y convocó a la oposición a sumarse al desafío de recuperar el crecimiento económico y la generación de empleo.
El reciente Imacec de junio, que registró un crecimiento de 2,4%, fue utilizado por el Mandatario como un primer indicador favorable, aunque evitó presentarlo como un cambio consolidado.
«Un mes no hace una tendencia», reconoció, agregando que espera que ese resultado constituya el comienzo de un proceso sostenido de recuperación económica.
Seguridad desplaza el debate político
Sin embargo, el núcleo político del mensaje estuvo en la seguridad pública.
Kast presentó formalmente la Agenda contra el Crimen Organizado y el Terrorismo (ACOT), una batería de más de treinta proyectos legales y constitucionales con la que busca endurecer la persecución penal y reforzar las atribuciones del Estado frente al crimen organizado.
Para explicar la estrategia, ordenó su propuesta en cuatro conceptos: perseguir, capturar, juzgar y condenar. Bajo ese esquema anunció el mantenimiento del despliegue policial permanente en los barrios de mayor complejidad, la ampliación del plazo de flagrancia desde 12 a 24 horas, mayores herramientas para la expulsión de inmigrantes irregulares con órdenes pendientes y un reforzamiento del control fronterizo mediante infraestructura y vigilancia tecnológica.
Entre las iniciativas de mayor impacto político figura el compromiso de impulsar una reforma constitucional para establecer expresamente que proteger la seguridad de las personas constituye un deber esencial del Estado. Asimismo, anunció que los funcionarios policiales o integrantes de las Fuerzas Armadas que actúen en legítima defensa no serán tratados por la ley como delincuentes y planteó endurecer las sanciones para quienes recluten menores de edad en actividades delictivas.
Presión sobre el Congreso
La cadena nacional también fijó un objetivo político concreto para el Parlamento. Kast instruyó al ministro de Seguridad, Martín Arrau, a impulsar la aprobación de la Agenda ACOT antes de Navidad. Estableció así un plazo para que el Congreso despache el conjunto de iniciativas destinadas a combatir el crimen organizado.
Con ello, el Ejecutivo trasladó parte de la presión política al Poder Legislativo, vinculando la rapidez de la respuesta institucional con la demanda ciudadana por mayores niveles de seguridad.
Un intento por cambiar la conversación
Más allá de los anuncios específicos, la cadena nacional buscó instalar un nuevo relato político para el Gobierno.
Kast procuró dejar atrás la discusión marcada por la contingencia diaria y concentrar la agenda pública en tres conceptos que repitió durante el cierre de su intervención: seguridad, economía y empleo. Incluso advirtió que su administración no se dejará distraer por «el ruido» de las polémicas y aseguró que esos tres ejes concentrarán el esfuerzo del Ejecutivo durante lo que resta del mandato.
En los hechos, la intervención presidencial no estuvo marcada por un gran anuncio aislado, sino por un intento de capitalizar dos señales favorables —la aprobación de la megarreforma y el reciente repunte del Imacec— para proyectar una nueva etapa de gobierno, con el crecimiento económico y el combate al crimen organizado como los principales ejes de su estrategia política.







