Política

«Cuando 12 años son muchos»

Víctor Maldonado R. Sociólogo

Licenciado en Sociología y Magíster en Ciencias Políticas, ambas de la Universidad de Chile.

Los cumpleaños en el Frente Amplio son extraños porque la gente llega para desearte que ojalá no cumplas el próximo. Claro que se refieren a la continuidad de los partidos. En este caso el protagonista fue Revolución Democrática y el saludo-pésame fue nuevamente entregado por Gabriel Boric.

Entre las opciones que se tienen, el paso del Frente Amplio de conglomerado a partido es la mejor disponible. Permanecer como hasta ahora es lo mismo que la extinción segura. Valientes y temerosos están disponibles para dar el paso. Si la escalera se está incendiando desde abajo, no queda otra cosa que subir.

La presencia de Boric fue, sin embargo, una buena señal porque la política es una actividad mucho menos fría de lo que suponen sus detractores. Los afectos y las demostraciones de afecto importan mucho. No se puede iniciar una travesía plagada de riesgos sin buen ánimo y la compañía se agradece.

Ha llegado el momento de devolver la mano. Los partidos han sido plataformas para los líderes, pero ahora se trata de ayudar a sostenerlos, reconociendo lo necesario de participar en una empresa colectiva y que sus comunidades de afectos y propósitos son irreemplazables más allá de las denominaciones.

El Frente Amplio vive este proceso con mucho dramatismo y alta exposición pública porque se está en el poder, en un ejercicio que se dio, definitivamente, con demasiada anticipación. Nadie se hace ilusiones y se parte de la base que debut y despedida son momentos que van a quedar muy próximos, en esta primera experiencia, se entiende.

No se pueden mirar estos sucesos como si fueran noticias provenientes de un lugar remoto. Si bien se mira, no hay ningún partido que no se encuentre hoy en la necesidad de ratificar su razón de ser y adaptarse a las nuevas circunstancias o perecer. No por casualidad han llegado todos a la misma encrucijada.

La situación es sencilla: el fraccionamiento del sistema de partidos ha llegado a tal extremo que no resulta compatible con la existencia de una democracia estable basada en la constitución de mayorías sólidas y disciplinadas.

Tanto es así, que no hay manera de desentenderse del asunto, hacerlo sólo redundará en un aumento de los daños involucrados. Puede que no hayamos podido cambiar la Constitución con el concurso de todos, pero tendremos que introducir modificaciones al sistema de partidos por la vía parlamentaria.

No se trata de una reforma optativa ni que se pueda diferir en el tiempo porque estamos en un año electoral, las reglas del juego tienen que estar definidas con anterioridad y eso acota mucho el espacio disponible.

En el punto de partida encontramos algunas certezas. Primero, cuando en la última elección parlamentaria se presentaron 27 partidos y unos entusiastas quieren crear otros, hay que poner condiciones razonables para su existencia.

Segundo, cuando los partidos “grandes” han disminuido también su adhesión o permanecen poco en la cima, importan mucho las coaliciones.

Tercero, en un año electoral, no se puede imponer una reforma por parte de los partidos mayores en su beneficio porque no se puede negociar con los mismos a los que estas tratando de eliminar. ¿Hay algo de esto que no se entienda?

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