Estoy a favor de Narbona y en contra de Graig. La enigmática figura que usó el presidente y que tiene a todos tratando de descifrarla.
No pensé que llegara el día en que una frase del Presidente nos mantuviera mucho tiempo meditando en su significado o, más bien, en su ausencia de significado.
En todo caso, es un recurso bastante original.
La frase fue pronunciada ante un público empresarial, auditorio particularmente inapropiado para transmitir mensajes de sofisticación literaria. Los emplazó a abandonar la “soberbia paternalista que lleva a emitir juicios denigratorios a gobiernos que obedecen a la voluntad popular. Para que se entienda más claro: más Narbona, menos Craig”. Allí comenzó la meditación de muchos.
La referencia a los desconocidos Narbona y Craig intriga. Pueden terminar siendo dos poetas europeos del siglo XIX o una maniobra artera del corrector de un computador. Lo que más sorprende son las palabras previas: “para que se entienda más claro”. El problema es no controlar los mensajes que se emiten.
En los próximos días el gobierno se va a enfrentar a tres desafíos de primera magnitud: puede perder la conducción de la Cámara, le pueden rechazar sus reformas en el Parlamento y tiene que enfrentar la crisis de seguridad con dos mandos policiales damnificados. Algo que haría palidecer a Narbona y Graig.
Salir bien librado de los emplazamientos principales requiere de una concentración completa y de un dominio absoluto de las acciones y de las operaciones que se hacen. Se depende mucho de lo adecuado de las señales que se entregan. Demostrar confianza y trasmitir seguridad importa mucho.
La memoria me puede fallar, pero creo que el último éxito electoral que ha tenido el gobierno fue la elección presidencial. De allí en adelante ha perdido todas las veces que la ciudadanía a acudido a las urnas, a menos que mantener la Constitución del 80 se considere un triunfo.
No sería tan malo si la tendencia fuera a cambiar en lo que queda del período, pero no es así. El poder que se tiene se ha ido erosionando en estos dos años, como lo muestra la pérdida del Senado y la amenaza cierta de que pueda pasar un equivalente en la Cámara. No favorece que las encuestas presidenciales las encabece la derecha. Tampoco ayuda que el rumbo no lo pueda fijar la retórica.
Las malas noticias hay que darlas juntas. La derecha ha tenido reveses electorales muy fuertes en los últimos años, pero todos ellos se ubican antes de que asumiera Boric y estuvieron asociadas a un final desastroso del gobierno de Piñera. Ahora, la oposición se encuentra en su mejor momento en mucho tiempo.
Las elecciones municipales anteriores se dieron cuando la derecha estaba por el suelo, poco antes de decidirse el cambio de gobierno, dejando a la actual oposición en su piso. Le fue tan mal que ahora solo puede subir.
La actual oposición remontará, y mucho, en las elecciones de fin de año. El resultado puede ser mejor que cuando Piñera se aprestaba a ganar su segunda elección presidencial. Si la centroizquierda no va junta, le pasarán por encima.
No hay manera de cambiar la realidad si no se la mira de frente. El gobierno solo puede confiar en hacer una buena gestión. Una negociación municipal exitosa ayudaría mucho. La retórica no aporta mucho, pero empezar a hablar raro resulta bastante peor. Se lo voy a decir a Narbona, apenas lo vea.





