Exabrupto de Poduje: Kast sigue sin controlar a sus ministros. El presidente José Antonio Kast volvió a enfrentar una controversia originada dentro de su propio gabinete. Esta vez, el ministro de Vivienda descalificó públicamente al mandatario argentino, Javier Milei, y obligó al Ejecutivo a intervenir para contener las repercusiones de sus declaraciones.
Desde Bolivia, Kast lamentó las expresiones del secretario de Estado y aseguró que no volverían a repetirse. «Lamentamos las expresiones. El ministro Poduje pidió las disculpas como corresponde, disculpas públicas, y esto no se va a volver a repetir», afirmó el Presidente.
La declaración adquiere especial relevancia porque no constituye el primer llamado al orden dentro del Gobierno. Hace apenas un mes, el vicepresidente Claudio Alvarado había asegurado que las diferencias y descoordinaciones entre ministros ya habían sido abordadas y que no deberían repetirse. Sin embargo, una nueva controversia terminó exigiendo la intervención del propio Mandatario.
Poduje abrió un conflicto innecesario con Argentina
El episodio comenzó durante el foro «Conoce a tu ministro», organizado por Icare. Allí, Poduje defendió la importancia de la inversión pública en infraestructura y cuestionó las políticas del presidente argentino respecto de las obras financiadas por el Estado.
«Es la tontera que hace Milei cuando critica la obra pública», sostuvo el ministro, antes de añadir que el mandatario trasandino «está cada vez más loco». Sus palabras desplazaron la discusión económica hacia una descalificación personal contra el jefe de Estado de un país vecino.
La intervención pudo limitarse a defender el papel de la infraestructura pública en el desarrollo económico. En cambio, terminó generando una controversia ajena a las competencias de Vivienda y obligó al Gobierno a ofrecer explicaciones por declaraciones que no formaban parte de su política exterior.
El vicepresidente Alvarado sostuvo que las expresiones no correspondían y dio por cerrado el episodio después de que Poduje ofreciera disculpas públicas. Kast, sin embargo, debió pronunciarse personalmente y comprometer que una situación semejante no volvería a ocurrir.
Una advertencia que duró apenas un mes
El 15 de septiembre, Kast recibió a los presidentes de los partidos oficialistas en medio de cuestionamientos por los desencuentros públicos entre integrantes de su gabinete. Los dirigentes plantearon la necesidad de mejorar la coordinación interna del Ejecutivo.
Tras esa reunión, Alvarado informó que había conversado con los ministros involucrados y aseguró que las diferencias y descoordinaciones públicas «no deberían repetirse de nuevo».
La advertencia tenía antecedentes concretos. Uno de ellos involucraba al propio Poduje, quien había tomado distancia del discurso gubernamental que responsabilizaba a la administración anterior por las dificultades económicas. El titular de Vivienda sostuvo que, incluso si esa responsabilidad existiera, daba lo mismo para efectos de enfrentar los problemas actuales.
Otro desencuentro se produjo entre el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, y su par del Trabajo, Tomás Rau. Mientras Hacienda planteaba como objetivo reducir el desempleo al 6,5%, Rau aclaró que esa meta había sido establecida por Quiroz y que él había sido bastante más cauto en sus proyecciones.
También hubo un impasse entre Quiroz y Alvarado por la decisión de recurrir al Tribunal Constitucional respecto de una disposición vinculada a servicios básicos en zonas de catástrofe. Consultado sobre la falta de comunicación previa, el titular de Hacienda respondió que no era su responsabilidad informar a cada persona.
Las diferencias alcanzaron igualmente al Ministerio de Defensa. Fernando Barros protagonizó un intercambio público con la presidenta del Senado, Paulina Núñez, después de cuestionar que la parlamentaria pretendiera conocer las decisiones o reflexiones internas del Ejecutivo en esa materia.
Estos episodios no son idénticos ni tienen la misma gravedad. Algunos reflejan discrepancias sobre políticas públicas; otros, problemas de comunicación institucional. En conjunto, sin embargo, explican por qué el propio oficialismo pidió ordenar el funcionamiento del gabinete.
Kast ya había llamado al orden a Poduje
En agosto, el propio Presidente había abordado públicamente las diferencias dentro de su gabinete. Consultado por los desencuentros entre sus ministros y las declaraciones de Iván Poduje sobre el presupuesto de Vivienda, Kast anunció que conversaría con el secretario de Estado y reivindicó su autoridad para adoptar las decisiones finales.
«El que toma la decisión final, soy yo», afirmó entonces, mientras reconocía la necesidad de corregir aspectos de la coordinación gubernamental. La intervención presidencial se produjo en medio de diferencias entre el titular de Hacienda, Jorge Quiroz, y el vicepresidente Claudio Alvarado, además de las demandas presupuestarias expresadas públicamente por Poduje.
Dos meses después, el mismo ministro volvió a colocar al Presidente en la necesidad de intervenir, esta vez por sus descalificaciones contra Javier Milei. Aunque los episodios son distintos, ambos comparten un elemento: Kast debió pronunciarse públicamente para encauzar actuaciones de integrantes de su gabinete.
La polémica también repercutió en Argentina
Las expresiones contra Milei no quedaron circunscritas a la discusión política chilena. El diario argentino Clarín informó sobre el exabrupto de Poduje y destacó las disculpas posteriores del ministro.
La cobertura trasladó a Argentina una controversia que comenzó en una actividad pública chilena y que terminó involucrando al Presidente. Aunque la repercusión periodística no equivale a una protesta diplomática formal, incorporó un elemento innecesario a una relación bilateral que ya enfrenta asuntos sensibles.
El incidente resulta particularmente llamativo porque no surgió de una diferencia entre cancillerías ni de una decisión del Gobierno argentino. Fue provocado por declaraciones personales de un ministro chileno durante una exposición sobre infraestructura.
Así, una discusión sobre inversión pública terminó convertida en un problema de conducción política y comunicación internacional.
Kast vuelve a prometer orden
La reiteración de estos episodios plantea una dificultad que excede las expresiones de Poduje. Un gabinete puede albergar diferencias de criterio, pero corresponde al Presidente establecer los mecanismos para resolverlas sin que cada desacuerdo termine convertido en una controversia pública.
La responsabilidad ministerial comprende tanto la conducción de una cartera como el respeto por las competencias de otras autoridades. Esa exigencia adquiere especial importancia cuando las declaraciones involucran a mandatarios extranjeros o contradicen posiciones expresadas por el propio Ejecutivo.
El llamado de atención de Kast permitió marcar distancia respecto de las palabras de Poduje. Sin embargo, también puso nuevamente bajo examen la eficacia de las instrucciones impartidas a sus ministros.
La cuestión ya no es cuántas veces puede el Presidente llamar al orden a sus ministros, sino por qué esos llamados siguen siendo necesarios al no ser tomados en cuenta.






