Política

Perder es una cosa jugar mal es otra

Víctor Maldonado R. Sociólogo

Licenciado en Sociología y Magíster en Ciencias Políticas, ambas de la Universidad de Chile.

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Se puede seguir adelante con un proyecto que cuente con un apoyo parcial, pero después de haber acotado la búsqueda de un acuerdo y haberlo comunicado.

Perder es una cosa jugar mal es otra Por Víctor Maldonado R.

Como las reformas políticas no partieron procurando un acuerdo de todas las tiendas oficialistas, sino que se anunciaron con los partidos de derecha, el debate se dio con posterioridad a su presentación.

Se le llama la “propuesta de Alfonso De Urresti”, aunque es muy probable que su autoría se origine en parte del comité político de La Moneda.

Como no podía asumirse un compromiso declarado, se usa este subterfugio.

Puede que un debate que parte con verdades a medias consiga que se apruebe en el Senado, pero detonará un debate el doble de intenso en la Cámara.

Los excluidos de la presentación son, por supuesto, los partidos que pudieran quedar más afectados. De allí que no extrañe que sea el partido de Jaime Mulet, FRVS, uno de los que incluya medidas no consideradas en la propuesta transversal de los senadores, como la de federación de partidos.

Por su parte, el Frente Amplio incorpora medidas destinadas asegurar igualdad de género y liderazgos sociales.

Son medidas muy atendibles por ser representativas de las propuestas de los partidos oficialistas.

Este ha sido el problema. Con escaso tiempo para llegar a un acuerdo, igual se puede conseguir si las modificaciones son pocas y cuentan con amplio apoyo.

La principal barrera no es el número de votos a conseguir, sino la voluntad de imponer una reforma acotada contando con un respaldo parcial del oficialismo.

El conflicto está siendo mayor del que originalmente se buscó porque el debate ha sido largo, intenso y aún continúa.

La presentación del hecho consumado no funcionó, precisamente porque no estaba consumado.

La oposición mayor, sin embargo, no ha provenido del Frente Amplio, sino del PC porque el primero no se opone a la iniciativa y quiere complementarla, y el segundo, estima que la propuesta saca al gobierno del foco prioritario, que son las reformas sociales y pone en su lugar a las reformas políticas.

Poner orden

También el Partido Comunista rechaza el umbral del 5% para acceder al Congreso y, preventivamente, la reducción del número de parlamentarios que representaría un retroceso democrático y un reforzamiento de la centralización.

Conseguir que se apruebe un proyecto acotado es una exigente conclusión de un acuerdo político transversal, no es producto de una presentación sorpresiva.

Se pierde un consenso general respecto a la necesidad de conseguir un sistema que facilite la gobernabilidad, el aumento de la disciplina en los partidos y la pérdida del escaño de quien abandone una tienda política.

El problema nunca ha estado en los titulares, sino en el detalle de las formulaciones.

El camino corto puede ser, al final, el más largo si el último tramo está plagado de escollos.

Los consensos no se improvisan, no se puede partir de la desconfianza generada por los autores públicos y encubiertos de esta iniciativa.

Proliferan mociones porque no hubo ninguna oportunidad de acotarlas en conjunto.

Es el producto natural del confuso procedimiento empleado.

Se puede seguir adelante con un proyecto que cuente con un apoyo parcial, pero después de haber acotado la búsqueda de un acuerdo y haberlo comunicado.

No se hizo.

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