Arqueólogos han desenterrado en la localidad de Cambridgeshire, Inglaterra, lo que es considerado el primer caso confirmado de crucifixión romana en Europa.
Este hallazgo único fue descubierto durante una excavación liderada por Albion Archaeology.
Este hito aporta luz sobre las prácticas de entierro romanas y ofrece información inédita a las costumbres de ejecución durante este período.
Asentamiento romano
Fenstanton, situado estratégicamente en la Via Devana (calzada romana construida en la provincia imperial de Britania), una ruta que conectaba las ciudades romanas de Cambridge y Godmanchester, emergió como un asentamiento clave durante la época.
Aquí, los investigadores desenterraron una serie de cementerios romanos, incluido uno que contenía los restos excepcionales de un hombre crucificado, identificado como el esqueleto 4926.
Era común encontrar entierros romanos en tales sitios, pero este es particularmente notable por su rareza y excelente estado de conservación.
El esqueleto, perteneciente a un hombre de entre 25 y 35 años, que evidencia un clavo en su talón.
Este detalle es importante, ya que es un indicativo claro de crucifixión.
Este fue un método de ejecución empleado en el Imperio Romano, pero raramente evidenciado en restos arqueológicos debido a la práctica de desclavar los cuerpos.
Los restos del hombre mostraban signos de mala salud y posiblemente de encadenamiento antes de su muerte, y fue enterrado con respeto, una práctica inusual para las víctimas de crucifixión.

Asentamiento romano
El asentamiento de Fenstanton proporciona una ventana al pasado, mostrando evidencias de actividad industrial, como el procesamiento de huesos de ganado, y signos de ocupación continua incluso después del período romano.
Los restos humanos y los artefactos desenterrados, como broches esmaltados y cerámica, hablan de una comunidad próspera y estructurada.
La crucifixión, aunque común en la literatura, era un castigo raramente administrado en comparación con otros métodos de ejecución.
Este hallazgo, por tanto, arroja luz sobre las prácticas de ejecución y entierro, sino que también obliga a reconsiderar las ideas de la comunidad científica sobre la vida y la muerte en el Imperio Romano.
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