Deportes

Escándalo en el biatlón de EEUU: Denuncian décadas de abuso y acoso sexual

Por Allan Santander

Periodista

biatlón
Grace Boutot y su entrenador Gary Colliander (Foto: AP / Karen Gorman)
Ex atletas olímpicas denuncian una cultura de abuso sexual dentro del equipo nacional de biatlón de EE. UU., donde las denuncias fueron desestimadas durante décadas por dirigentes.

El biatlón en Estados Unidos, un deporte con pocas medallas en su historia olímpica, se encuentra ahora bajo el foco de una grave denuncia de abuso sexual.

A lo largo de varias décadas, mujeres atletas del equipo nacional aseguran haber sido víctimas de entrenadores y otros miembros de la organización, mientras las autoridades del deporte hicieron la vista gorda en nombre de la búsqueda de medallas.

LA DENUNCIA DE LAS EXATLETAS

En un testimonio exclusivo para The Associated Press, varias exatletas de biatlón han revelado una cultura de abuso y acoso sexual dentro del equipo nacional.

Según estas mujeres, los responsables fueron entrenadores y figuras de poder dentro de la estructura deportiva. Además que, a pesar de las quejas y las denuncias, no solo desestimaron las acusaciones, sino que también tomaron represalias contra quienes se atrevieron a hablar.

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Joan Wilder, medallista olímpica, relató que fue víctima de un intento de agresión sexual por parte de su entrenador en 1990, quien fue respaldado por la cúpula del biatlón estadounidense.

«Mi seguridad en el equipo era claramente secundaria a una estructura de poder centrada en la imagen, las medallas y el marketing», comentó Wilder. A pesar de haber denunciado el hecho, la respuesta del director del equipo, Max Cobb, fue indiferente, alegando que el entrenador desconocía las leyes estadounidenses.

CULTURA DE IMPUNIDAD

Las denunciantes coinciden en que lo que prevaleció durante años. Fue una cultura de misoginia y abuso, especialmente en un contexto donde los resultados eran más importantes que el bienestar de las atletas. De acuerdo con Grace Boutot, medallista de plata en el Campeonato Mundial Juvenil de 2009, las denuncias de acoso y abuso fueron ignoradas de manera sistemática.

«Los líderes de biatlón siempre optaron por apoyar a los depredadores en lugar de a la persona abusada». Afirmó Boutot, quien también sufrió represalias por denunciar la conducta inapropiada de sus entrenadores.

ENCUBRIMIENTO INSTITUCIONAL

Max Cobb, quien estuvo al frente del equipo nacional y posteriormente de la Asociación de Biatlón de EE. UU., niega cualquier responsabilidad en los casos de abuso.

«La seguridad de los atletas siempre fue fundamental para mí», señaló Cobb en un correo electrónico.

Sin embargo, la investigación interna realizada por la propia organización reveló una atmósfera de misóginia y un temor generalizado entre las atletas de expresar sus inquietudes por miedo a represalias.

La falta de medidas y la indiferencia ante las denuncias de abuso confirman que, durante años, la prioridad fue mantener intacta la imagen del equipo, por encima de la seguridad de las mujeres.

LA RESPUESTA DE SAFESPORT

La situación comenzó a cambiar tras la creación del Centro SafeSport en 2017. Es una organización dedicada a investigar los casos de abuso en los deportes olímpicos. Sin embargo, muchas de las denuncias más graves, como las de Wilder y Boutot, datan de décadas atrás.

A pesar de que las leyes de prescripción han expirado, SafeSport ha iniciado nuevas investigaciones y sigue en contacto con las víctimas, buscando una justicia que, para ellas, ha llegado demasiado tarde.

Para Wilder, el hecho de que su denuncia haya sido tomada en serio por primera vez es un paso importante. «Espero sinceramente que mi historia, junto con la de otras mujeres, sirva para que esto nunca vuelva a ocurrir», concluyó.

EL FUTURO DEL BIATLÓN

Aunque las autoridades de biatlón en EE. UU. han prometido cambios tras la investigación, el daño ya está hecho. Las denuncias han sacudido los cimientos de un deporte en el que la victoria siempre fue más importante que la dignidad de las atletas.

Mientras tanto, las exatletas que decidieron hablar buscan que sus voces finalmente sean escuchadas. Tienen esperanza de que su caso sea un ejemplo para las generaciones futuras y que no tengan que sufrir lo mismo.

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