Debiera producir extrañeza que en una coyuntura tan favorable para la derecha dura su principal líder, José Antonio Kast, brille por su ausencia.
Le ofrecemos algunas alternativas para explicar este inusual comportamiento: (a) como buen chileno, está dejando todo para el final; (b) no tiene ninguna intención de ser candidato; (c) ha estado distraído y no se había dado cuenta; (d) está dedicado a suplir las carencias que le impidieron ganar la vez anterior.
Escoger la alternativa más probable nos hace preguntarnos quién está ocupando mejor el tiempo disponible. Hay que pensarlo porque las inusuales circunstancias en las que se dio la anterior campaña no se van a repetir.
Lo característico de la vez pasada fue que la larga erosión de las dos coaliciones principales se hizo evidente. Los que llegaron a la meta fueron las opciones de reemplazo, luego que las alternativas tradicionales se mostraran incapaces de sostenerse, ni siquiera de confiar lo suficiente en ellas mismas.
La centroizquierda se dedicó a derribar sus candidatos presidenciales. El PS dejó caer a su abanderada, Paula Narváez, prestándole un desangelado apoyo. En la DC, Ximena Rincón lo enredó todo en el día de su proclamación. El PPD ya había inmolado a Heraldo Muñoz. En el PR, Carlos Maldonado unía su mayor entusiasmo con sus bajas posibilidades. La opción de Yasna Provoste quedó en pie representando una coalición que ya no quería serlo.
En la izquierda, el favorito por muchos meses fue Daniel Jadue, quien logró erosionar sus posibilidades trabajando duro para enajenarse el apoyo de los que no creían estar a las puertas de un cambio epocal y revolucionario. Otras opciones no se presentaron al fallar en la recolección de firmas.
La generación de reemplazo tuvo que salir a dar la cara, mostrando sus mejores dotes para adaptarse a condiciones en extremo cambiantes y un mejor manejo comunicacional en campaña. Para bien y para mal, mostraron habilidad para improvisar. Por descarte llegaron a Boric, que era su líder mejor dotado.
La derecha rezumaba anquilosamiento. Su estrategia parecía un Museo de la Memoria de signo contrario. No pudiendo volver más al pasado, presentó a Lavín. El entusiasmo en sus filas estaba próximo al grado de congelamiento.
El Daniel Jadue de este sector fue Sichel, a quién, en breve, lo consumieron sus errores para ser superado por Kast.
La cantidad de tropiezos, caídas, errores y reemplazos superó lo conocido. ¿Lo que viene es igual de volátil? Para nada. Lo que viene no es una sorpresa, es una revancha, protagonizada por actores conocidos y que han tenido las oportunidades para revisar sus movimientos, evitando los errores repetidos.
Tres fueron las fallas opositoras: presentar un programa identitario sin remozar; un liderazgo que producía temor; un mal nexo con la centroderecha.
Si alguien estuviera empleando bien el tiempo, estaría formando equipos, elaborando un programa apegado a las demandas ciudadanas y preparando la misma estrategia de campaña que ha llevado a la derecha dura al liderazgo en no pocos países. El ejemplo argentino impactará con fuerza. Si alguien cree que podrá parar esto con improvisación y partiendo el próximo año es un… iluso.





