Política

Víctor Maldonado R.: Cuando se dejan de construir acuerdos, se anidan crisis

Víctor Maldonado R. Sociólogo

Licenciado en Sociología y Magíster en Ciencias Políticas, ambas de la Universidad de Chile.

El gobierno está intentando hacer una declaración lo más corta posible a fin de que sea aceptada por la derecha. La oposición está tratando de escribir un texto propio extendiendo los puntos en que el oficialismo reconozca las culpas de su pasado próximo. De esta forma no se logrará coincidir.

No se puede seguir acortando el borrador del texto porque amenaza con convertirse en una tarjeta navideña. La oposición no puede condicionar al gobierno a firmar algo en que reconozca una conducta inconsistente. Si se busca sacar ventajas de la redacción, no se encontrarán las palabras adecuadas.

Cuando hay voluntad de confluir, el texto termina adaptándose al mínimo común compartido. Cuando se tiene los cinco sentidos focalizados en la competencia por el poder, la idea de dar un respiro al adversario se ve como fuera de lugar. Eso sin considerar la competencia dentro de la misma oposición.

El documento transversal que debiera tener una motivación ética o valórica está siendo analizado desde el punto de vista de los intereses y eso no puede tener un buen pronóstico, pero concursa para tener un buen epitafio.

Para el gobierno la firma de una declaración es en sí misma un éxito, pero la oposición siente que no tiene nada que ganar. El que se flexibiliza sabe que puede perder terreno en su propio sector, cuando en realidad están compitiendo entre ellos por el predominio en un mismo espacio. Nadie quiere hacerlo, excepto que sea tan pequeño que no tenga nada que perder con intentarlo.

La ausencia de perspectiva es enorme. Cada uno se escuda en los errores e inconsecuencias de la contraparte para no subir el nivel del debate político. Es eso lo que nos mantiene en un peligro constante porque a la democracia no la defiende solo la prudencia de los demócratas, sino también su coraje.

Mientras más se habla, menos se está diciendo. Cada vez se está haciendo menos referencia al texto y más a los arrepentimientos ajenos exigidos. La derecha ya se atrincheró en sus reductos y de allí no quiere salir.

Quienes perdieron la democracia fueron capaces de recuperarla, pero quienes la recibieron la están tratando como si no requiriera de cuidados especiales. La triste realidad es que hemos perdido la sensación de peligro que fue el mismo convencimiento que predominó en el nacimiento de la crisis anterior.

En siete días más pasará algo de verdad insólito: vamos a empezar a estar más cerca de 2073 que de 1973, en lo que se refiere al golpe de Estado. El paso del tiempo se impone para todos, pero si no levantamos la vista, no lo vamos a percibir. Para entonces será evidente el vacío del actual debate.

En este instante la competencia por la consolidación y profundización de la democracia parecen puestos vacíos, barridos por el predominio de la banalidad. Esta puede ser la generación que protagonizó un gran retroceso, una que recibió más de lo que está entregando.

En el porvenir será un misterio cómo las mismas personas que se pusieron a hablar de “avances civilizatorios” se pudieron comportar de un modo tan poco civilizado. Pero, incluso entonces, el título de las memorias de Percival Cowley seguirá teniendo sentido: “No hay mañana sin presente del ayer”.

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