Doñihue no es solo conocido por su tradición chamantera o el chacolí. La fama pueblerina, en las décadas del 50, 60 y 70 estaba marcada por el aguardiente clandestino hecho en destilerías de las que todos tenían conocimiento pero que la solidaridad de su gente impedía a Carabineros o Impuestos Internos encontrar.
De esta forma, la actividad de productores y vendedores del brebaje se intensificaba en época de Navidad para preparar cola de mono, para lo cual recurrían a las más intrépidas maneras para trasladarlo a Rancagua o Santiago. Entre ellas, la “cutra”.
La cutra era una simple cámara de camión previamente “curada” con el mismo aguardiente para eliminar el sabor a goma, vulcanizada en ambas puntas con un pequeño gollete donde se colocaba una coronta de choclo amarrada fuertemente con cáñamos para evitar que se saliera el preciado líquido.
SACOS HARINEROS
De esta forma y guardada en sacos harineros, no era difícil para la policía descubrirlas en las micros pues bastaba solo el hundir de un dedo para su decomiso. ¿Los dueños de los sacos con aguardiente llamados guachucheros? Desaparecían o miraban por la ventanilla maldiciendo su mala suerte.
Pero eran otros tiempos. Hoy el aguardiente de Doñihue bellamente embotellado y con etiquetas puede encontrarse en cualquier supermercado del país. ¿Nostalgia de aquellos tiempos? Obvio. Basta recordar que uno de los mayores productores tenía su alambique (fábrica) en un subterráneo al que se accedía moviendo hacia atrás una estatua de la Virgen de Lourdes con lo que, además de secreto, se suponía tenía la bendición divina.







