La ayuda oficial al desarrollo registró en 2025 una caída histórica, en medio de un fuerte recorte impulsado principalmente por Estados Unidos. Según datos de la OCDE, el gasto global disminuyó un 23% en términos reales, alcanzando su nivel más bajo en una década.
El desplome se explica, en gran medida, por la drástica reducción del 56,9% en el aporte estadounidense, lo que modificó el mapa global de donantes y posicionó a Alemania como el principal contribuyente, pese a no cumplir sus propias metas.
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En conjunto, los países del Comité de Asistencia para el Desarrollo destinaron 174.300 millones de dólares, equivalentes apenas al 0,26% de su ingreso nacional bruto, muy por debajo del objetivo internacional del 0,7%. Solo cuatro naciones, Dinamarca, Luxemburgo, Noruega y Suecia, alcanzaron esa meta.
El retroceso no solo fue generalizado, sino también concentrado: los cinco principales donantes, Alemania, Estados Unidos, Reino Unido, Japón y Francia, explicaron el 95,7% de la caída total.
Desde la OCDE advirtieron que el escenario es preocupante y podría agravarse. El organismo proyecta una nueva disminución del 5,8% para 2026, alertando sobre el impacto sistémico de esta tendencia.
En paralelo, actores fuera del grupo tradicional, como Turquía, Emiratos Árabes Unidos y Qatar, comienzan a ganar protagonismo, en un contexto marcado por la reducción del financiamiento occidental.
Pese a la contracción global, la ayuda destinada a Ucrania mostró un comportamiento excepcional, alcanzando un récord impulsado por el apoyo de la Unión Europea, lo que contrasta con la caída en otras regiones, especialmente en África y países menos desarrollados.







