La expresidenta Michelle Bachelet, enfrenta un examen clave ante el pleno de la ONU. Su candidatura que cuenta con amplio respaldo, ha debido sortear, hasta ahora, el desaire del gobierno de Kast y las amenazas de EE.UU. de vetarla.
Su candidatura a la Secretaría General de la ONU vivirá este martes uno de sus momentos más decisivos. La exmandataria deberá exponer ante los 193 países miembros de la Asamblea General de Naciones Unidas, en una audiencia pública donde presentará su visión para liderar el organismo y responderá preguntas de los representantes internacionales.
La presentación comenzará a las 10:00 horas de Nueva York y se extenderá por cerca de tres horas. Será la instancia formal donde los Estados miembros podrán evaluar directamente su propuesta antes de que el proceso avance hacia el Consejo de Seguridad, órgano que finalmente recomienda al próximo secretario general.
El actual secretario general, António Guterres, termina su mandato el 31 de diciembre de 2026, por lo que la disputa por su sucesión ya entró en fase decisiva.
SIN RESPALDO DE KAST
Bachelet llega a esta etapa en un escenario políticamente complejo. Aunque su candidatura fue presentada formalmente en febrero por Chile, Brasil y México durante la administración anterior, el presidente José Antonio Kast decidió retirar hace semanas el apoyo oficial del gobierno chileno.
La decisión abrió un fuerte debate interno, considerando que se trata de una exjefa de Estado chilena con amplia trayectoria en el sistema multilateral. Bachelet fue directora ejecutiva de ONU Mujeres y luego Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos entre 2018 y 2022, uno de los cargos más relevantes dentro del organismo.
Pese a ese retiro de respaldo desde La Moneda, la exmandataria mantiene apoyo activo de los gobiernos de Luiz Inácio Lula da Silva y Claudia Sheinbaum, cuyas delegaciones diplomáticas se desplegaron en Nueva York para respaldar su postulación. Incluso, parte de su preparación se ha realizado en dependencias de la misión mexicana ante la ONU.
PRESIÓN REPUBLICANA
A la falta de respaldo chileno se suma otro obstáculo importante: la resistencia del Partido Republicano estadounidense.
Senadores republicanos y el enviado de Estados Unidos ante Naciones Unidas, Mike Waltz, cuestionaron públicamente la idoneidad de Bachelet para el cargo, especialmente por su actuación como Alta Comisionada en materias relacionadas con China y derechos humanos. También criticaron sus posiciones sobre aborto y política internacional.
Ese factor no es menor, porque cualquier candidatura a la Secretaría General necesita evitar el veto de alguno de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad: Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Reino Unido.
En la práctica, una candidatura sólida no solo requiere apoyo diplomático amplio, sino también no generar bloqueos decisivos en esas potencias.
LA COMPETENCIA
Bachelet no compite sola. En la carrera también aparecen el argentino Rafael Grossi, actual director general del Organismo Internacional de Energía Atómica; la costarricense Rebeca Grynspan; y el expresidente de Senegal Macky Sall.
Grossi aparece como uno de los rivales más fuertes por su experiencia técnica y respaldo internacional, mientras Grynspan suma una larga trayectoria en organismos multilaterales y Macky Sall representa el peso del bloque africano, históricamente influyente en este tipo de definiciones.
La elección no se resolverá este martes, pero sí puede marcar el tono político de la competencia.
EXIGENTE PRUEBA
Para Bachelet, esta exposición no es solo una formalidad diplomática. Es la oportunidad de demostrar que puede sostener una candidatura global incluso sin el respaldo de su propio gobierno.
También será una prueba sobre cuánto pesa hoy su figura internacional frente a un escenario mundial más fragmentado, con tensiones entre potencias y crecientes cuestionamientos al multilateralismo clásico.
La expresidenta chilena llega con experiencia, trayectoria y redes. Pero en Naciones Unidas eso no siempre basta. Ahí, además de prestigio, se necesita algo más difícil: consenso entre quienes rara vez coinciden en algo.







