Política

¿Qué hay tras la disputa interna del PS?

Mario López M.

Imagen referencial creada con herramientas digitales
La discusión pública entre dirigentes socialistas va más allá de la megarreforma o de la forma de relacionarse con el Gobierno. Lo que está en disputa es el modelo de oposición y la conducción política del Partido Socialista.

La frase del senador Juan Luis Castro -«ojalá se pudiera lavar la ropa sucia en casa»- fue interpretada como un llamado a bajar el tono de las recriminaciones internas. Sin embargo, observada junto a los episodios registrados durante los últimos días, la controversia parece responder a una disputa más profunda que un desacuerdo legislativo.

La discusión ya no gira únicamente en torno a la megarreforma tributaria ni a las conversaciones sostenidas con el Gobierno. Lo que emerge es una diferencia respecto de cómo debe ejercer la oposición el Partido Socialista y quién está llamado a conducir esa estrategia en los próximos años.

Dos maneras de entender la oposición

La presidenta del PS, Paulina Vodanovic, atribuyó el conflicto a una deficiente comunicación interna y defendió la participación de parlamentarios socialistas en las conversaciones con el Ejecutivo. «Yo espero que realmente terminen las acusaciones y recriminaciones porque, evidentemente, cuando se es parlamentario, estamos obligados a sentarnos a una mesa, a dialogar, sobre todo cuando van todos los senadores».

Su planteamiento no se limita a un problema de convivencia interna. Reivindica el diálogo político como parte del trabajo parlamentario y cuestiona que las diferencias terminen trasladándose al espacio público.

La otra mirada

Una posición distinta expresó el diputado Daniel Manouchehri. «Es evidente que el PS vivió un momento complejo y la disputa interna en los medios es algo que a nadie le gusta. Pero las fotos de la pelea interna se olvidan en un par de días. No así la foto con Jorge Quiroz apoyando su ley. Era una foto que nos destruía y que se recordaría por años».

Y concluyó: «Yo prefiero una disputa pública que un acuerdo secreto en contra de la institucionalidad del partido».

Las frases revelan dos miradas distintas. Mientras un sector considera que el diálogo parlamentario forma parte del ejercicio político, otro estima que ese diálogo tiene límites cuando compromete la identidad opositora del partido.

Más que una discusión de formas

El jefe de la bancada socialista, Nelson Venegas, intentó relativizar la controversia. «Hay mucha democracia interna, se discute al interior y eso quiere decir que es un partido vivo». Sin embargo, la imagen que dejó el intercambio entre las senadoras Daniella Cicardini y Paulina Vodanovic en pleno hemiciclo del Senado comunica más que muchas declaraciones posteriores.

No fue una discusión parlamentaria intensa ni un intercambio de argumentos propios del debate legislativo. La gestualidad, el tono y la cercanía física transmitieron una confrontación que excedía el desacuerdo político y reflejaban un nivel de tensión inusual incluso para la Cámara Alta.

Aún así, en su propio estilo, Castro puso el foco en otro aspecto. «De tanto en tanto se ventilan cosas que ojalá se pudiera lavar la ropa sucia en casa». Y profundizó el diagnóstico. «Me preocupa que haya más adjetivos que sustantivos, que haya más epítetos que conceptos que demuestren cuáles son los contenidos que cada cual quiere decir».

Con ello desplazó el debate desde las personas hacia la forma en que el partido está resolviendo sus diferencias políticas. Una búsqueda que no convence, cerrar la disputa. 

El fondo de la controversia

Tomadas en conjunto, las declaraciones permiten advertir que la discusión excede la megarreforma tributaria.

No es novedad que al interior de los partidos políticos convivan distintas corrientes o grupos de influencia. El Partido Socialista, como la mayoría de las colectividades con larga historia, conoce bien esos procesos. Sin embargo, lo que hoy aflora parece ir más allá de una diferencia circunstancial.

La discusión enfrenta dos formas de entender el ejercicio de la política: una que privilegia el debate interno y el diálogo, incluso con el adversario, y otra que entiende la confrontación pública, la denuncia permanente y la disputa comunicacional como herramientas legítimas de acción política.

En esa lógica, el conflicto también refleja la irrupción de un estilo que ha encontrado espacios en formatos televisivos de alta confrontación, como Sin Filtros, donde el impacto del mensaje muchas veces pesa tanto como su contenido.

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