Se presentaron como un gobierno de emergencia y la emergencia se declaró en el propio gobierno, donde parece imperar el sálvese quien pueda. No han transcurrido 150 días de la administración Kast y el panorama acerca de los integrantes que han abandonado el barco, es abrumador e inédito.
Dos ministras defenestradas, la locuaz Mara Sedini y Trinidad Steinert, dieron cuenta que la divulgada excelencia no era tal. La primera, con desaciertos y horrores comunicacionales, jamás se salió del personaje de Sin Filtros. Eso, a pesar que luego reclamaría que la obligaron a no ser ella.
La otra ministra que enarboló todo aquello que no debe tener un ministro de Estado. Fue mayor su interés personal sobre el interés superior del Estado, usando su cargo -según informe de Contraloría– para cobrarse cuitas personales con una alta funcionaria de la PDI a la que terminó sacando del cargo. Se adjudicó para sí y el gobierno operativos que nunca le pertenecieron y, de paso, ignoraba que debía existir un Plan de Seguridad.
La controversia se profundizó cuando el nuevo ministro de Seguridad, Martín Arrau, reconoció que el Ejecutivo utilizaría la política heredada de la administración Boric como base de su gestión, instalando una frase que retrata al gobierno: «Vamos a ocupar esa política», dijo, cuando se le requirió por el mentado plan y aseguró que era suficiente el de la ex administración Boric. Sí, esa misma que era criticada y vituperada como ineficaz.
Los subsecretarios
Las subsecretarías no fueron la excepción. Tras la caída de Steinert, Arrau pasó guillotina con los subsecretarios del Ministerio de Seguridad Pública y Prevención del Delito, Andrés Jouannet y Ana Victoria Quintana, respectivamente.
Sume usted a los casos de irreconciliable convivencia de ministros y subsecretarios que también les pasó la cuenta. En el Ministerio de Ciencias, la cuestionada ministra Ximena Lincolao jamás entró en sintonía con el subsecretario Rafael Araos.
Este último transparentó las razones de su salida al negarse a despedir decenas de funcionarios de esa repartición. “Te puedo confirmar por este medio que la orden de diseñar y ejecutar un plan de desvinculaciones masivos es real y hay testigos. Además, ¿por qué inventaría yo -o terceros- algo tan grotesco?“, señaló Araos en una declaración emitida en Chilevisión.
Los hechos le dieron la razón
Lincolao había desmentido el hecho, sin embargo, el paso del tiempo terminó dándole la razón a Araos. Las discusiones entre las dos autoridades fueron públicas incluso en La Moneda y ante funcionarios del Ministerio. Solo dos meses duró el experimentado subsecretario.
No fue el único que salió por incompatibilidades con una ministra. El turno esta vez fue de Daniela Castro como subsecretaria de la Mujer, debido a una irreconciliable relación con la titular de la cartera, Judith Marín. José Antonio Kast desafectó a la subsecretaria para terminar con el conflicto.
La presidenta de Asociación de Funcionarios del ministerio, Anfummeg, Paulina Cid, emitió poco antes una declaración pública. En ella expresaba su preocupación porque el ministerio «aparezca ante la opinión pública bajo fuego cruzado». Le inquietaba que el ministerio fuera «puesto en tela de juicio no por lo que hace ni por el rol fundamental que cumple para las mujeres de Chile y para la democracia, sino como si fuera un botín político más. Eso debe parar».
El delicado tema drogas
El tercer caso corrió por un conflicto no entre ministro y subsecretario, sino que con las normas de probidad pública. Eso argumentó el gobierno para sacar de la subsecretaría de Hacienda, a Juan Pablo Rodríguez, luego de conocerse una muestra correspondiente a un test de drogas realizado en junio que a su respecto arrojó un resultado positivo.
El subsecretario lo negó, el ministro de la cartera lo lamentó y el de Interior dijo que podría tratarse de un error y quedaba a la espera de una nueva muestra. El procedimiento contempla la conservación de parte de la muestra para una eventual contramuestra cuando el resultado es impugnado.
El fiasco de las seremías
Y qué decir del caso de los Seremis. 28 seremis dejaron el cargo o no alcanzaron a asumir. Cinco nombramientos fueron desistidos antes del ejercicio del cargo. Abril fue, por lejos, el mes más crítico, concentrando la mayoría de las salidas. Trabajo y Culturas fueron las carteras con mayor rotación. Arica y Parinacota, Antofagasta, Aysén, Tarapacá y Los Lagos aparecen reiteradamente, lo que permite analizar si hubo dificultades específicas en esas regiones.
Los que no fueron
Esos fueron los casos de de Alexander Nanjarí, Seremi de Educación del Biobío. Jorge Salazar Seremi de Obras Públicas de Los Ríos, Mauricio Montealegre Seremi de Obras Públicas de Tarapacá, Patricia Dinamarca Seremi de Educación de Los Lagos y Jorge Ravelo Seremi de Energía de Los Lagos.
La mayoría, trascendió, fue por no reunir los requisitos legales, lo que no fue detectado antes del nombramiento fallido.
Los que se fueron o los fueron
Entre el 5 de Abril y el 21 de ese mismo mes, 14 fueron los seremis que debieron abandonar el cargo. Ellos fueron Aldo Ibani, Seremi de Salud de Valparaíso. Carlos Montero Seremi del Trabajo y Previsión Social de Valparaíso. Nataly Cruz Plaza Seremi del Trabajo y Previsión Social de Arica y Parinacota.
También Anggel Colque Seremi de la Mujer y Equidad de Género de Antofagasta. Lizet Tapia Seremi de Desarrollo Social de Antofagasta. Francisco Farías Seremi del Trabajo y Previsión Social de la Araucanía. Karina Trujillo Seremi de Justicia y Derechos Humanos de Antofagasta. Gustavo Baehr Seremi de las Culturas, las Artes y el Patrimonio de la Región Metropolitana.
Le siguen el mismo mes, Antaris Varela Seremi de la Mujer y Equidad de Género del Biobío. Patrick Dungan Seremi de Energía de La Araucanía. Renato Munster Seremi de las Culturas, las Artes y el Patrimonio de la Región Metropolitana. Ángela Valdebenito Seremi de las Culturas, las Artes y el Patrimonio de Aysén. Mario Sepúlveda Seremi de Seguridad Pública de La Araucanía y Viviana Torres Seremi del Trabajo y Previsión Social de Coquimbo.
Entre mayo y julio
El mismo 1 de mayo, Diego Muñoz Seremi de Bienes Nacionales de Tarapacá salió del cargo. Cinco días después, fue el turno de Camila Alonso Seremi de Bienes Nacionales de Antofagasta. El último día de ese mes, correspondió la salida de Verónica Figueroa Seremi de Transportes y Telecomunicaciones de Aysén.
Entre junio y julio, cayeron Jorge Carrillo Seremi de Salud de Ñuble. Jorge Heiden Seremi de Agricultura de Arica y Parinacota. Marcelo Vergara Seremi de Hacienda de Arica y Parinacota. Eduardo Leiva Seremi de las Culturas, las Artes y el Patrimonio de Los Lagos. Cristián Cabezas Seremi del Trabajo y Previsión Social de Tarapacá y Patricio Ponce Seremi de Vivienda y Urbanismo del Maule.
«Destacan» los casos de Fabián Barrientos de Magallanes, quien tras tras iniciarse una investigación judicial por un presunto delito por violación de índole sexual, se encuentra formalizado. Otro caso que levantó las alarmas fue la remoción de Cristián Andrés Cabezas Mundaca, de Tarapacá seremi de Trabajo y Previsión Social, quien salió en medio de denuncias por «maltrato laboral».
Y no faltó quien salió por encontrar se remuneración «reguleque». Fue el caso de Patricio Ponce del Maule, quien por su disconformidad con la remuneración del cargo.
¿Inoperancia?
Las causas son distintas y no admiten una explicación única: investigaciones penales, conflictos internos, problemas de probidad, incompatibilidades políticas, cuestionamientos a nombramientos y renuncias personales.
Lo que sí resulta objetivo es el resultado. En menos de cinco meses, ningún nivel del Ejecutivo —ministerios, subsecretarías o secretarías regionales ministeriales— logró mantenerse ajeno a una rotación de autoridades que, por su magnitud, terminó convirtiéndose en una noticia por sí misma.







