Internacional

Balotaje en Colombia enfrenta dos visiones sobre futuro ambiental

Editado de agencias y medios internacionales por Cristian Navarro H.

Periodista

Colombia
Imagen referencial editada con herramientas digitales
El balotaje entre Cepeda y de la Espriella definirá el rumbo ambiental de Colombia, marcado por fracking, glifosato, páramos y agua.

Colombia llegará al balotaje del 21 de junio con una disputa que va más allá de la economía, la seguridad y la polarización política. La segunda vuelta entre Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella también pondrá a prueba la continuidad de la agenda ambiental impulsada por el gobierno de Gustavo Petro, marcada por la transición energética, el rechazo al fracking, la protección de los páramos y el debate sobre el uso del glifosato.

Durante su mandato, Petro buscó reducir la dependencia de Colombia de los combustibles fósiles y avanzar hacia una economía con mayor presencia de energías renovables. Según el balance citado por su exministra de Ambiente, Susana Muhamad, la capacidad de generación eléctrica renovable no hidroeléctrica pasó de 2,8% a 17% en cuatro años, impulsada principalmente por la energía solar.

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El gobierno también intentó prohibir el fracking, frenar nuevos contratos de exploración petrolera y gasífera, y promover una transición energética con enfoque comunitario. Sin embargo, varias de esas políticas no lograron quedar blindadas institucionalmente. La falta de mayorías en el Congreso, la oposición de sectores económicos y fallos de la Corte Constitucional limitaron el alcance de las reformas.

FRACKING, EL PUNTO MÁS CRÍTICO

El fracking aparece como uno de los temas que más separa a los candidatos. Mientras Cepeda se ha mostrado partidario de mantener la línea ambiental de Petro y defender ecosistemas estratégicos como el páramo de Santurbán, de la Espriella ha defendido abiertamente el extractivismo y ha planteado que Colombia debe aprovechar al máximo sus recursos del subsuelo.

La discusión resulta especialmente sensible en un país considerado uno de los más biodiversos del planeta, con cerca de la mitad de los páramos del mundo. Estos ecosistemas, aunque ocupan una pequeña parte del territorio, son fundamentales para el abastecimiento de agua de millones de personas.

Los críticos del fracking advierten que esta técnica puede afectar fuentes hídricas, contaminar aguas subterráneas y generar impactos duraderos sobre ecosistemas frágiles. En Colombia, los bloques de exploración de yacimientos no convencionales han encendido alertas por su cercanía con complejos ambientales clave.

Para los sectores ambientalistas, la elección definirá si el país profundiza una transición energética o si retoma una ruta centrada en la explotación de hidrocarburos y minería. Para los partidarios del extractivismo, en cambio, la tecnología permitiría desarrollar estas actividades con controles adecuados.

GLIFOSATO Y AMAZONÍA TAMBIÉN ENTRAN AL DEBATE

El próximo gobierno también deberá resolver el futuro del uso del glifosato en la lucha contra los cultivos ilícitos. Petro promovió inicialmente la erradicación manual y la sustitución voluntaria, pero la presión internacional, especialmente desde Estados Unidos, y el aumento de los cultivos de coca reabrieron la puerta al uso del herbicida mediante aspersiones con drones.

Cepeda apunta a dar continuidad a la visión ambiental del actual gobierno, mientras de la Espriella ha planteado alternativas como bioherbicidas, aunque ha remarcado que respetará las decisiones judiciales que condicionan el uso del glifosato.

A esto se suma otro desafío mayor: el avance de grupos criminales vinculados al narcotráfico y la minería ilegal, factores que amenazan directamente la conservación de la Amazonía colombiana.

UNA AGENDA SIN GARANTÍAS DE CONTINUIDAD

Expertos citados en el análisis advierten que Petro logró instalar el debate climático y energético en la discusión pública, pero no consiguió convertir sus principales decisiones en políticas permanentes. Por eso, el resultado del balotaje será decisivo para determinar si Colombia mantiene su rol como referente ambiental del sur global o si gira hacia una estrategia más abierta al extractivismo.

En un país atravesado por la polarización, el medio ambiente se transformó en una frontera política: de un lado, quienes defienden la transición energética y la protección de ecosistemas estratégicos; del otro, quienes apuestan por reactivar la explotación de recursos naturales como motor de crecimiento.

 

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