Internacional

EE.UU. permitiría a Arabia Saudita enriquecer uranio

Editado de agencias y medios internacionales por Cristian Navarro H.

Periodista

Arabia Saudita
Imagen referencial creada con herramientas digitales
El acuerdo permitiría a Riad enriquecer uranio en su territorio, pero deberá superar la revisión del Congreso y las objeciones de Israel.

Estados Unidos y Arabia Saudita habrían alcanzado un acuerdo de cooperación nuclear civil que permitiría a Riad producir combustible atómico en su territorio. El pacto todavía debe superar la revisión del Congreso estadounidense y enfrenta cuestionamientos por sus eventuales límites y mecanismos de fiscalización.

La Administración de Donald Trump se prepara para presentar un acuerdo que impulsaría el programa nuclear civil de Arabia Saudita y abriría la posibilidad de enriquecer uranio dentro del reino, según informaron The New York Times, The Wall Street Journal y la agencia AP.

Funcionarios estadounidenses citados bajo reserva indicaron que la Casa Blanca podría anunciar el entendimiento durante este miércoles. El secretario de Estado, Marco Rubio, anticipó que pronto se conocerían novedades, aunque aseguró que Washington no aceptará acuerdos que impliquen riesgos de proliferación nuclear.

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El documento tendría una vigencia de 30 años y correspondería a un denominado “Acuerdo 123”, instrumento establecido por la Ley de Energía Atómica estadounidense para regular la cooperación nuclear con otros países.

CONGRESO DEBERÁ REVISAR EL PACTO

El acuerdo deberá ser enviado al Congreso de Estados Unidos, donde comenzará un período de revisión cercano a 90 días de sesiones continuas. Legisladores demócratas y republicanos ya expresaron reparos ante la posibilidad de que la infraestructura nuclear saudita pueda utilizarse en el futuro con fines militares.

El pacto también podría entregar contratos millonarios a compañías estadounidenses, entre ellas Westinghouse, interesada en participar en la construcción de reactores y otras instalaciones en territorio saudita.

Las mayores dudas se concentran en las concesiones que Trump habría otorgado al príncipe heredero Mohammed bin Salman. Estas incluirían la posibilidad de enriquecer uranio o reprocesar plutonio dentro del país y eventuales restricciones al acceso de inspectores internacionales a determinadas instalaciones.

Washington rechazó anteriormente esas condiciones en acuerdos similares. En 2009, Emiratos Árabes Unidos aceptó renunciar al enriquecimiento y reprocesamiento de combustible nuclear, además de someterse a controles reforzados del Organismo Internacional de Energía Atómica. Ese modelo fue denominado el “estándar de oro” de la cooperación nuclear.

Arabia Saudita forma parte del Tratado de No Proliferación Nuclear y se comprometió a no desarrollar armas atómicas. Sin embargo, Mohammed bin Salman ha declarado que su país buscaría obtener una bomba nuclear si Irán llegara a fabricarla.

CONTRASTE CON LA POLÍTICA HACIA IRÁN

El entendimiento abre interrogantes sobre la estrategia estadounidense en Medio Oriente. Mientras Washington podría permitir que Arabia Saudita enriquezca uranio, mantiene su ofensiva contra el programa nuclear iraní bajo el argumento de impedir que Teherán desarrolle armamento atómico.

Irán sostiene que sus actividades nucleares tienen fines exclusivamente pacíficos. Estados Unidos, en cambio, abandonó en 2018 el acuerdo internacional que limitaba el programa iraní y posteriormente atacó instalaciones nucleares junto con Israel.

La eventual falta de salvaguardias adicionales también inquieta al Gobierno israelí, que teme una expansión de las capacidades nucleares en la región.

Riad y Washington negocian este pacto desde hace varios años. Durante la Administración de Joe Biden, Estados Unidos condicionó el acuerdo a que Arabia Saudita reconociera a Israel. Sin embargo, la guerra en Gaza y el retorno de Trump a la Casa Blanca modificaron ese escenario.

Empresas de China, Rusia, Corea del Sur y Francia también han mostrado interés en participar en el programa saudita. La aprobación del acuerdo fortalecería la relación entre Washington y Riad, pero podría aumentar las tensiones regionales y profundizar las críticas por el trato diferente que Estados Unidos aplica a Arabia Saudita e Irán.

 

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